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Te regalaré las estrellas

 28/06/2026

The givers of stars, traducido en su versión española como Te regalaré las estrellas, se publicó originalmente en inglés en octubre de 2019. En España, Suma de Letras lo lanzó al mercado apenas un mes después, tanto en papel, en una edición de 512 páginas, como en formato digital. Desde 2021 cuenta también con una edición en Debolsillo con ese mismo número de páginas. 

Mientras que la edición de Suma está a la venta por 20,90 €, la de bolsillo puede conseguirse por 11,95.

Se trata de la décimoquinta novela larga de Jojo Moyes, una autora que cuenta ya con una larga trayectoria y que se halla bastante consolidada en el mercado literario español.


¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Inspirada por la sed de aventuras y el deseo de abandonar la monotonía de Inglaterra, Alice Wright se enamora de un atractivo americano y toma la impulsiva decisión de aceptar su propuesta de matrimonio.

Pero su nueva vida en la pequeña y conservadora ciudad minera de Kentucky en la que Alice se instala con su marido y su autoritario suegro en medio de la Gran Depresión resulta aún más claustrofóbica. Hasta que conoce a Margery O'Hare. Independiente y deslenguada, Margery no ha pedido el permiso de un hombre para nada en toda su vida y ahora se ha propuesto llevar el milagro de los libros hasta el último rincón de la región.

A caballo, atravesando montañas y bosques salvajes, y a menudo luchando contra el prejuicio y la ignorancia, Alice, Margery y sus compañeras se convertirán en bibliotecarias itinerantes al tiempo que descubren la libertad, la amistad, el amor y una vida que por fin les pertenece.

 

 ¿Qué opino yo?(Sin destripes):

Escogí este libro de Jojo Moyes al azar porque no sabía muy bien qué leer. Parecía que no me apetecía ninguna novela y, como hasta ahora esta autora ha sido un acierto para mí, me decidí por ella, a pesar de no tener prácticamente ninguna referencia de este título.

Como ya comenté en la reseña de La casa de las olas, cuantas más obras de Moyes leo, con más claridad percibo lo mal catalogada que está. Aunque ha ganado algún premio como escritora de novela romántica, a mi juicio no se adapta a este subgénero, al menos con los libros que he leído hasta el momento. El amor no es el eje de sus tramas. De hecho, a veces ese amor ni siquiera acaba bien. Las 
vivencias de los protagonistas no se encaminan a desarrollarse mediante una relación sentimental, sino que en sus vidas afrontan un cúmulo de vicisitudes, algunas realmente traumáticas, que les empujan a crecer como individuos y, de fondo, en medio de esa vorágine de acontecimientos, pueden conectar con alguien a quien lleguen a amar, pero que no es imprescindible para su evolución. Dicho de otro modo, los personajes pueden encontrar apoyo en esa relación amorosa, pero se encuentran a sí mismos fuera de ella. De hecho, somo sucede también en El viaje de las novias, la relación más importante e interesante de este libro es la que protagonizan las cinco mujeres sobre las que gira la historia.

Aunque son personajes de ficción, estas muchachas se sienten muy reales, auténticas, en el sentido de que no siempre pueden con todo; pueden ser inseguras o indecisas; tienen fuerza de voluntad, aunque en ocasiones no sea suficiente; unas veces luchan y otras desean rendirse, pero siempre se apoyan las unas a las otras.


«Alice pensó en las palabras de Margery, unas palabras a las que llevaba días dándoles vueltas: "Siempre hay una solución para cualquier problema. Puede que sea desagradable. Puede que te haga sentir como si la tierra hubiera desaparecido bajo tus pies... Siempre hay una forma de salir"».

La trama se inicia con una prolepsis en la que una de estas protagonistas se ve involucrada sin esperarlo en un acontecimiento que, sin que ellas ni nosotros nos demos cuenta, se va enmarañando y tomando forma de una auténtica amenaza.

Después de este inicio tan agitado, la autora cambia de personaje y ritmo, y hasta de lugar brevemente, y vuelve a un punto anterior para contar los hechos en orden cronológico. 

Así, de golpe y porrazo, se nos presentan las dos mujeres más relevantes de la obra: Margery y Alice, dos mujeres que, en principio, no tienen nada que ver la una con la otra.

Como ya me sucedió en El viaje de las novias, he aprendido sobre hechos históricos que, aunque sin preponderancia en la historia universal, sí resultaron trascendentales para quienes los protagonizaron. En Te regalaré las estrellas, el hecho en cuestión fue igualmente importante para las comunidades que acogieron a esas personas. En el caso de este libro, me refiero concretamente a las bibliotecarias que en los EE. UU. de la primera mitad del siglo XX, concretamente durante la Gran Depresión, no dudaron en montar a caballo y asumir el riesgo de cabalgar por los bosques para acercar los libros a aquellas gentes más alejadas de las grandes poblaciones. Aunque la trama sea ficticia y los personajes inventados, la autora se inspira en ese hecho que sí fue real.

La novela, que se narra en veintiocho capítulos precedidos de un prólogo, transcurre casi en su totalidad (exceptuando alguna analepsis en Inglaterra) en Baileyville, un pueblo ficticio de Kentucky. El desencadenante inicial es la búsqueda de voluntarias para la biblioteca itinerante. Margery es quien ya tiene experiencia, pero no tarda en unírsele Alice, una inglesa que no logra encajar en la comunidad y cuyo reciente matrimonio hace aguas. 

Por diversas circunstancias, el grupo se completa con las incorporaciones de Izzy, Beth y Sophia. Entre todas logran un relato rico y representativo, pues no sólo afrontan las dificultades que conllevan la tarea que se han impuesto, sino que cada una vive su propia pugna personal que las convierte en seres complejos a los que queremos acompañar en su lucha y su evolución. Por ejemplo, Izzy comienza siendo una joven reacia y temerosa a causa de una discapacidad física; Beth es una muchacha con costumbres tradicionalmente masculinas que se siente atrapada en una casa habitada sólo por varones que exigen de ella un rol en el que no encaja; por último, Sophia es una mujer negra que se ve obligada a ocultarse para trabajar en la biblioteca y evitar de este modo conflictos raciales, a pesar de ser la más culta y capacitada para el desempeño de esta tarea.

Como dije más arriba, son Margery y Alice quienes tienen mayor peso y las que protagonizan los momentos más duros. La primera carga con el estigma de pertenecer a una familia conflictiva, pero a esa herencia se le suma su carácter terco y áspero, una reafirmación continua de su independencia, una rebeldía contra las normas morales y una libertad no siempre bien entendida.


«—A veces pienso que amas estas montañas tanto como yo. 

Alice dio una patada a una piedrecita con el tacón. 

—Creo que me gustan más que ningún otro sitio del mundo. Me siento… más yo aquí arriba. 

Margery la miró con una sonrisa cómplice. 

—Es lo que la gente no ve, encerrada en sus ciudades, con el ruido y el humo y las diminutas cajas que tienen por casas. Allí arriba se puede respirar. No se oyen las continuas conversaciones de las ciudades. No hay ojos mirándote, salvo los de Dios. Solo estás tú, los árboles, los pájaros, el río, el cielo y la libertad… Lo que hay allí arriba es bueno para el alma».


Alice, por su parte, se metió ella sola en su jaula al casarse con un estadounidense para escapar de un ambiente que le resultaba opresivo. Su drama se inicia cuando se percata de que ha cambiado una prisión por otra mucho peor, una en la que es agraviada y vejada. Eso hace que su batalla por encontrarse a sí misma y su recorrido hacia la autodeterminación sean tan difíciles para ella como atrayentes para el lector.

El ritmo narrativo es lento, especialmente en los primeros capítulos, cuya ausencia de acción me hizo temer que toda la novela girara únicamente en torno a las bibliotecarias llevándole libros a la gente, pero, por fortuna, no es así. La trama avanza despacio, o esa es la sensación que puede dar, porque lo cierto es que desde el principio se van generando situaciones cuyas consecuencias van dando la cara poco a poco hasta que se produce el gran estallido que los arrastra a todos por completo. Esto se entremezcla también con los problemas derivados del abuso al que son sometidos los trabajadores de la mina existente en
 la zona, cuyas vidas carecen de valor para el dueño, el poderoso Van Cleve, suegro de Alice.


El estilo de Jojo Moyes en esta novela parece haberse relajado un poco con respecto a algunas otras anteriores, aunque no puedo precisar hasta qué punto esto es así en el original o se debe a la traducción. Me refiero, en concreto, a alguna ocasión puntual en la que se usa la segunda persona en una apelación directa al receptor. Este es un rasgo de coloquialidad en el que no creo que deba caer un escritor cuya pretensión no sea que el narrador intervenga directamente para comunicar sus opiniones y pensamientos propios al lector, convirtiéndose así, no en personaje, pero sí en una entidad participativa dentro del relato. Como este no es el caso, esa segunda persona me sobra. Por fortuna, sucede poco y, con excepción del prólogo, todo el libro se narra en tercera persona con los tiempos verbales más propios de la narración: el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto simple, así que en este aspecto, nada que objetar.

Como vemos, aunque no es un libro completamente perfecto, sí resulta una buena lectura: amena, absorbente e instructiva. En ella están presentes el abuso de poder, el maltrato, el amor, la amistad femenina, los prejuicios, el racismo, la búsqueda de la libertad individual, la reafirmación de la propia identidad y el valor de la cultura.

El collar del hombre errante

 04/12/2025



The Wanderer's Necklace vio la luz en los primeros años del siglo XX. Aunque en inglés ha conocido varias ediciones, en España ha continuado siendo una obra inédita hasta que, en 2024, la editorial Albo & Zarco la ha publicado en nuestro idioma. El título por el que se ha optado en la traducción es El collar del hombre errante.

Esta edición consta de 344 páginas y su precio es de 19,95 euros. 


¿De qué trata?: 

El vikingo Olaf descubre, al saquear la tumba del que llaman “el hombre errante”, un misterioso collar que perteneció a una mujer cuya vida transcurrió siglos atrás. A partir de entonces, el curso de su vida se ve alterado y de Dinamarca a Bizancio, de Grecia a Egipto, Olaf deberá viajar y luchar para forjar su destino y averiguar por qué esa mujer se le aparece en sueños.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Tenía pendiente escribir la reseña de otro libro, pero justo al acabar de leer este, he necesitado sentarme a reflexionar sobre él y escribir mis impresiones. Mi primer impulso ha sido quejarme sobre el final, que, nada más volver la última página, me pareció desconcertante y anticlimático. Tras pasarme toda la novela absolutamente atrapada por la trama sin que mi interés decayera en ningún momento, la primera impresión causada por el desenlace fue sentirme estafada por el autor. Esto es lo que empecé a escribir en el primer borrador de esta crítica. Sin embargo, he terminado rehaciéndola, porque he seguido pensando mucho sobre este final, lo he releído, y también el inicio, y me he dado cuenta de que, bien interpretado y conectándolo con la primera frase del libro, es lo que consigue darle a todo el texto aire de leyenda. Creo que esta puede haber sido la intención del autor desde el principio, trascender los límites de la historia.

A la editorial Albo & Zarco, la responsable de la publicación de este título en España, la conocí gracias a habernos traído otro que deseaba tener en mis estantería: La maldición de Capistrano. Desde entonces le he seguido la pista y de su catálogo me llamó mucho la atención el argumento de El collar del hombre errante. De su autor, Henry Rider Haggard, me gustó bastante Las minas del rey Salomón (su obra más famosa), lo que ya me predispuso favorablemente para darle una oportunidad a este otro. Además, los argumentos que giran en torno a dos almas enamoradas que siguen buscándose en otras vidas, me parecen el sumun de lo romántico. Aunque mis creencias vayan por otro lado, suelo disfrutarlos mucho.

Así pues, estas han sido mis dos únicas referencias a la hora de embarcarme en su lectura: el autor y el argumento de la contraportada. Seguramente por ello me ha sorprendido bastante y, con cada página que leía, me daba cuenta de que lo que esperaba y lo que me encontraba no tenían nada que ver.

Para empezar, la trama amorosa está bastante diluida en el resto de vivencias de Olaf. De hecho, no se materializa hasta, más o menos, la mitad de la novela, cuando se desvela quién es la mujer a la que Olaf estaba destinado, y ni siquiera se puede decir que ella sea lo único que cambia el rumbo de la vida del protagonista.



«Después de todo, ¿qué es la vida como la conocemos? ¡Una exhalación pasajera!».


De este modo, la trama se conforma mediante una serie de recuerdos relevantes. Se trata de los momentos que modulan el carácter de este hombre, de su relación con personajes históricos de renombre, el encuentro con nuevas creencias y las decisiones hazañosas que forman su leyenda.

El libro se estructura en tres grandes partes que transcurren en Aar, tierra natal de Olaf, Bizancio y Egipto durante la Alta Edad Media.

En Aar conocemos a los hombres del norte, sometidos a los dioses nórdicos, en especial a Odín. Allí vive Olaf junto con sus padres, su hermano sanguíneo (Ragnar) y su hermano adoptivo (Steinar)  y es donde se desarrolla su primer amor con una belleza conocida como Iduna la Justa. Los acontecimientos de esta parte ya ponen de manifiesto la integridad, el valor y la mesura de Olaf y lo desvían del camino que tenía previamente trazado.

Es en Bizancio donde conocemos los personajes más interesantes, personajes históricos de los que, sinceramente, yo apenas sabía nada y que me han resultado tan apasionantes como para querer conocer más de su historia real.

Destaca sobre todos ellos la emperatriz Irene, una auténtica serpiente que es, sin duda, quien más interfiere en el destino de Olaf afectándolo enormemente. Es una mujer ávida de poder, inteligente y embaucadora. No se queda de brazos cruzados, aunque ninguna mujer de las que aparecen en la historia tiene una actitud pasiva. Todas actúan en consonancia con su carácter y ninguna espera a ser rescatada por nadie, por muy adversas que sean las circunstancias.

En esta parte es donde se introduce también a Heliodora, una joven de origen egipcio, y a Martina, la dama de compañía de Irene y quien se ha ganado toda mi simpatía y admiración por su lealtad y abnegación, pero también mi lástima por su sufrimiento silencioso.

Martina no es de alta alcurnia ni tampoco hermosa, como lo son las otras, pero es la que posee el corazón más noble y por ello he pasado todo el libro deseando que su suerte cambiara.

Bajo el dominio de Irene tienen lugar acontecimientos muy duros que no me esperaba en absoluto y que me han mantenido pegada a las páginas.

De lo que sucede en Egipto después no puedo contar nada sin desvelar partes cruciales del argumento, así que dejaré que lo descubra por sí mismo aquel que quiera darle una oportunidad al libro.

En lo que respecta al estilo, está narrado en primera persona en un tono que hace pensar en una antigua epopeya, sólo que en prosa. Los diálogos, no tan abundantes pero sí intensos, son declamatorios. Aunque es un libro fácil de leer y los acontecimientos no paran, puede resultar arcaizante para lectores acostumbrados a superventas actuales.

Además de la riqueza estilística, el texto es rico también en representación de distintas culturas, creencias y doctrinas. Así, hay espacio para cuestiones tan dispares y, en ocasiones, excluyentes como los dioses paganos, el cristianismo (con el conflicto entre su tendencia iconoclasta y la iconodulia), la reencarnación y el islam.

Aunque cogí esta novela creyendo que sería un libro de aventuras y romance, me he encontrado con algo más complejo, aunque igual de atractivo. Contiene emoción constante, pero también reflexión, sacrificio y un carácter historicista (con libertades, por supuesto). El final que comentaba al comenzar esta reseña puede dar lugar a debate y, una vez analizado y asumido, puedo decir que estoy más que satisfecha con esta lectura que me ha provocado tantas sensaciones. 

 

Puntuación: 4 (sobre 5)

Soldado Azul

 10/10/2025

Theodore Victor Olsen es un gran desconocido en nuestro país. Desde pequeño fue un gran aficionado a la novela de aventuras y pronto se lanzó a escribir sus propias historias. Esta que nos ocupa tiene como título original Arrow in the sun, publicada en 1969, y aunque llegó a hacerse una película de ella, las tramas difieren bastante.

En España está publicada por la editorial Valdemar desde el año 2016 en una edición que cuesta 25 euros y que contiene dos novelas del autor, que suman un total de 464 páginas.

¿De qué trata?:

Cresta Lee es una mujer que consiguió escapar de manos de los indios tras permanecer cautiva durante dos años. Acompañada por un escuadrón de soldados con una misión, se dirige al reencuentro con su prometido con el fin de encauzar su vida. Sin embargo, durante el viaje, en el cual también toma parte el soldado Honus Gant, son atacados por un grupo de indios que provocan una masacre.
Cresta y Honus consiguen escapar con vida, pero cada uno de ellos tiene un propósito muy diferente, aunque se vean obligados a colaborar para sobrevivir.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

Últimamente prolifera un tipo de novela romántica que repite los mismos patrones, esto es, un estilo somero y directo, tramas simples y trilladas con alguna que otra escena picante narrada de la forma más vulgar posible y con personajes adultos que no han alcanzado la madurez. Para tratar de variar un poco, se han empezado a ambientar algunas de estas novelas en el Salvaje Oeste, pero no dejan de ser lo mismo, sólo que con algún rancho que otro y algunas vacas. En ellas seguimos encontrando personajes alejados de la época y el contexto correctos para continuar comportándose como lo haría la gente del siglo XXI en distintos aspectos.

En Soldado Azul hay una historia de amor que recorre toda la novela, cimentándose a lo largo de ella para que debamos esperar al final y ver entonces si fructifica o no. Sin embargo, esta no es una novela romántica, sino una auténtica novela del Oeste, con su historia de amor, sí, pero también con la verdad cruel de lo que puede esperarse en esa época y en ese lugar.

De Theodore Victor Olsen leí hace algún tiempo La luna del cazador, que en España se ha publicado en el mismo volumen que Soldado Azul, y me pareció una novela con tanta tensión que he hecho un largo descanso antes de abordar esta última.

El estilo de este autor es absolutamente descarnado, sin cortapisas a la hora de narrar situaciones de vida o muerte. Con esto no quiero decir que se recree en descripciones viscerales que acaben causándonos náuseas; ni siquiera usa floritura innecesarias, pero conforme va narrando los hechos, expone directamente y de forma concisa y contundente las consecuencias físicas y psicológicas que conllevan para los personajes.

 


«El amor propio no tiene nada que ver con lo que otros piensen de ti. Si lo tienes, lo tienes, y da igual que nadie más lo sepa».

 
No es un modo de escribir escueto ni simple, no es un guion cinematográfico, pero sí que resulta muy visual al centrarse meramente en la acción, y no en la descripción, y a que no deja de suceder un acontecimiento grave tras otro, por lo que todo parece proyectarse con rapidez ante nuestros ojos, sin dejarnos un descanso para rebajar la tensión que genera todo lo que ocurre. Pese a la brevedad de la novela, no se detiene este ritmo en ningún momento. Es por ello que creo que este título puede ser una buena opción para iniciarse en las novelas del Oeste o, simplemente, para cuando no tengamos ganas de sesudas reflexiones. 


Aparte de esta velocidad narrativa, que le sienta bien al tipo de historia que se cuenta, otro punto fuerte son los dos personajes principales, totalmente opuestos, pero complementarios.

Cresta Lee es una protagonista atípica, alejada por completo de los clichés de chica desorientada en apuros, heroína invencible o mujer empoderada que arrasa allá donde va. Cresta no es un estereotipo. Es, ante todo, una mujer pragmática que, a pesar de su juventud, sólo ha conocido el sufrimiento en su vida y ha aprendido a adaptarse. No se conforma y adopta su propia manera de luchar, que a veces consiste para ella en amoldarse hasta que encuentre la mejor manera de cambiar su suerte.



«Si uno podía, debía mejorar sus circunstancias. Si no, debía sacar el mayor partido de estas».

 

Tampoco invierte tiempo en compadecerse, a pesar de su dura existencia. Es inteligente, una superviviente, y la coraza con que se protege puede hacerla parecer fría. Sabe lo que tiene y lo que le conviene, y lo que le conviene es el apuesto teniente John Mcnair, pero cuando el destino cruza su vida con el aparentemente insignificante soldado Honus Gant, a Cresta le cuesta aprender que lo que creía que le convenía y lo que realmente quiere no tienen por qué coincidir. 

Ese aprendizaje, ese desarrollo de la cercanía entre Cresta y Honus, el conocimiento y el cuidado mutuo, es lo que leemos a lo largo de toda la obra, pero siempre en medio de alguna batalla o una amenaza que los ponga en serio peligro, y no sólo a ellos.

Honus Gant, por su parte, es otro personaje que merece la pena conocer. Pese a ser un soldado, la heroicidad no entra en sus planes ni el código militar es su código vital. En su mente no hay espacio para galardones, reconocimientos ni ascensos. Frente al teniente John McNair, un hombre férreamente sometido a la disciplina militar, Honus es un espíritu libre, un humilde idealista con alma de granjero. Se trata de un sencillo maestro que tomó la mala decisión de hacerse soldado.

Cresta y él están unidos por las circunstancias a las que se ven arrojados, pero también por la resiliencia, lo único en lo que realmente son iguales, aunque no lo sean sus motivaciones. Mientras ella busca su propia supervivencia y subsistencia (al menos al principio), Honus lucha poniéndose en riesgo para que no se produzcan más muertes de blancos a manos de los indios tras la primera matanza a la que tiene que asistir.

Esas cualidades que al inicio no comprenden el uno del otro son las que, gradualmente, van aprendiendo a admirar, aunque ninguno de los dos es consciente de ello hasta que va avanzando la lectura.

Aunque yo relaciono las historias del Antiguo Oeste con el verano y el calor, este libro siempre puede encontrar un hueco entre nuestras lecturas. Su acción continua, su estilo ágil y el peligro constante en el que están los personajes hacen que se devore con ganas.

  

Puntuación: 3,5 (sobre 5)

La dolce villa

 21/09/2025


 

  
   
   Título original: La dolce villa                                                 País: EE. UU.        
       Género: Romance, vida contemplativa                             Año de estreno: 2025               
     Productoras:
 
DAE Light Media, Front Row Films               Duración: 99' aprox.
                     



¿De qué trata?

Eric es un empresario de éxito al que no le queda más remedio que cogerse unas vacaciones para impedir que su hija Olivia, una soñadora empedernida, compre y restaure una villa en ruinas en la Toscana. Pero Italia, fiel a su legendaria belleza, magia y romance, tiene otros planes para él.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

No soy asidua al cine de Netflix, pero de vez en cuando lanza alguna película que llama la atención porque intuyo que me ayudará a evadirme de la realidad durante un rato con una historia y un mensaje
 agradables.
 

Así ha sido con La dolce villa, que no deja de ser un sueño que muchos podríamos tener: conseguir una casa por un euro en la campiña italiana, reformarla por poco más de cinco mil, dedicarnos a la vida contemplativa y, de vez en cuando, trabajar en lo que realmente nos apasiona. Un auténtico cuento de hadas, y yo adoro los cuentos de hadas.

Si escarbamos un poco en la realidad de las casas italianas de un euro, nos damos cuenta de que el monto final va a ser mucho más alto y hay algunas condiciones que no todo el mundo puede cumplir, pero esta aspiración idílica llega a convertirse en una realidad para algunas personas y esta es la premisa de la cinta.

A priori, no esperaba mucho de ella, pero conforme iban pasando los minutos, la fui sintiendo como un bálsamo relajante. Es una oda al dolce far niente o el arte de no hacer nada, que no se trata de perder el tiempo, sino de ganarlo realmente para uno mismo.  En un mundo en el que estamos hiperconectados e hiperactivos, hemos perdido la costumbre de estar solos en calma. Nos da miedo aburrirnos, nos da miedo estar solos con nuestro torbellino de pensamientos y nos da miedo no ser productivos. 

El dolce far niente nos invita a parar la agitación cotidiana para reconectar con la esencia de las cosas. No es necesario contar siempre con  una agenda llena de planes, proyectos, propósitos o tareas pendientes, ya que eso no trae más que ruido mental. A veces necesitamos, sencillamente, no tener una finalidad concreta, sino centrarnos y disfrutar de la caricia del sol en la cara, el soplo del viento, el arrullo de los árboles, un café en una terraza tranquila, un paseo en bicicleta, etcétera.

Todo ello se va mostrando en la película casi desde el principio, claro que los hermosos paisajes italianos también ayudan. En este sentido, me parece muy reveladora una escena que quizás pueda pasar desapercibida sin que captemos todo lo que encierra: nuestro protagonista estadounidense, de vida ajetreada, se sienta en el exterior de la casa para trabajar con su ordenador portátil y, de repente, levanta la vista y se da cuenta de lo inconmensurable que hay ante él, esa explosión de colores, aromas sonidos y sensaciones que lo rodean, mostrando de este modo el contraste entre ello y las nuevas tecnologías, que nos han absorbido a todos y nos han desconectado de aquello que ha acompañado al ser humano durante siglos.

 


La escena dura apenas unos segundos, pero son suficientes para que veamos lo que hemos dejado de lado y lo que hemos obtenido a cambio.
 

Aparte de este mensaje, me han gustado mucho las tres señoras italianas que se pasan el día sentadas en una fuente y ponen el punto de buen humor. En boca de ellas colocan los guionistas un mensaje del que me resulta curioso que sean conscientes, y es la impresión que dejan algunos turistas de procedencia anglosajona en los países que visitan, ya que a veces adolecen de una actitud arrogante pretendiendo que en cualquier rincón del planeta se les hable en su idioma, en lugar de hacer un pequeño esfuerzo para adaptarse a las personas del país en el que están.
 
Eric así lo comprende y comienza una trayectoria que lo conduce a ser parte de la comunidad. Lo vemos con sus lecciones de italiano, montando en bicicleta, desarrollando una complicidad con la alcaldesa , valorando la comida local y tratando de derribar las murallas de las tres señoras de la fuente, que no se lo ponen fácil.

En cuanto al tema sentimental, se desarrollan dos vías. Por un lado está la relación entre padre e hija, que no es la ideal desde que la esposa murió. Aunque se preocupan el uno por el otro, no siempre llegan a comprenderse bien y la trama incluye un aprendizaje para ambos y el germen de la empatía.

Por otro lado está la atracción que va creciendo entre Eric y Francesca, la alcaldesa. Hay varios clichés en esta historia de amor, pero ya me resulta hasta entrañable seguir encontrándolos en el cine, como el de mancharse la boca comiendo y que sea el otro quien lo perciba. ¿Y por qué no? ¿Quién no se ha manchado un poquito de ketchup después de comerse una hamburguesa, por ejemplo?


No es una historia de amor compleja ni la película lo requiera, no trata sobre eso, aunque sea agradable ver cómo se desarrolla. Es otra pieza más en el puzle vital de Eric, una pieza que necesita para que todas encajen, para ser feliz. Él contaba con un vacío desde la muerte de su mujer y ese vacío se va llenando con todo lo que Italia tiene que ofrecerle, con todo lo que él aprende a amar de Italia.

 

El filme es previsible, pero en los últimos tiempos usamos demasiado esa palabra como algo negativo. No creo que sean buenos el sobresalto continuo, la sobreexcitación ni tener sorpresa tras sorpresa sin descanso. Es importante valorar también la comodidad de lo previsible, el sosiego de lo que nos es familiar, la calma para la mente. Entre tanto estímulo constante, una película como esta es un regalo, un agradable paréntesis para descansar. 

 

Puntuación: 4 (sobre 5)