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Te regalaré las estrellas

 28/06/2026

The givers of stars, traducido en su versión española como Te regalaré las estrellas, se publicó originalmente en inglés en octubre de 2019. En España, Suma de Letras lo lanzó al mercado apenas un mes después, tanto en papel, en una edición de 512 páginas, como en formato digital. Desde 2021 cuenta también con una edición en Debolsillo con ese mismo número de páginas. 

Mientras que la edición de Suma está a la venta por 20,90 €, la de bolsillo puede conseguirse por 11,95.

Se trata de la décimoquinta novela larga de Jojo Moyes, una autora que cuenta ya con una larga trayectoria y que se halla bastante consolidada en el mercado literario español.


¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Inspirada por la sed de aventuras y el deseo de abandonar la monotonía de Inglaterra, Alice Wright se enamora de un atractivo americano y toma la impulsiva decisión de aceptar su propuesta de matrimonio.

Pero su nueva vida en la pequeña y conservadora ciudad minera de Kentucky en la que Alice se instala con su marido y su autoritario suegro en medio de la Gran Depresión resulta aún más claustrofóbica. Hasta que conoce a Margery O'Hare. Independiente y deslenguada, Margery no ha pedido el permiso de un hombre para nada en toda su vida y ahora se ha propuesto llevar el milagro de los libros hasta el último rincón de la región.

A caballo, atravesando montañas y bosques salvajes, y a menudo luchando contra el prejuicio y la ignorancia, Alice, Margery y sus compañeras se convertirán en bibliotecarias itinerantes al tiempo que descubren la libertad, la amistad, el amor y una vida que por fin les pertenece.

 

 ¿Qué opino yo?(Sin destripes):

Escogí este libro de Jojo Moyes al azar porque no sabía muy bien qué leer. Parecía que no me apetecía ninguna novela y, como hasta ahora esta autora ha sido un acierto para mí, me decidí por ella, a pesar de no tener prácticamente ninguna referencia de este título.

Como ya comenté en la reseña de La casa de las olas, cuantas más obras de Moyes leo, con más claridad percibo lo mal catalogada que está. Aunque ha ganado algún premio como escritora de novela romántica, a mi juicio no se adapta a este subgénero, al menos con los libros que he leído hasta el momento. El amor no es el eje de sus tramas. De hecho, a veces ese amor ni siquiera acaba bien. Las 
vivencias de los protagonistas no se encaminan a desarrollarse mediante una relación sentimental, sino que en sus vidas afrontan un cúmulo de vicisitudes, algunas realmente traumáticas, que les empujan a crecer como individuos y, de fondo, en medio de esa vorágine de acontecimientos, pueden conectar con alguien a quien lleguen a amar, pero que no es imprescindible para su evolución. Dicho de otro modo, los personajes pueden encontrar apoyo en esa relación amorosa, pero se encuentran a sí mismos fuera de ella. De hecho, somo sucede también en El viaje de las novias, la relación más importante e interesante de este libro es la que protagonizan las cinco mujeres sobre las que gira la historia.

Aunque son personajes de ficción, estas muchachas se sienten muy reales, auténticas, en el sentido de que no siempre pueden con todo; pueden ser inseguras o indecisas; tienen fuerza de voluntad, aunque en ocasiones no sea suficiente; unas veces luchan y otras desean rendirse, pero siempre se apoyan las unas a las otras.


«Alice pensó en las palabras de Margery, unas palabras a las que llevaba días dándoles vueltas: "Siempre hay una solución para cualquier problema. Puede que sea desagradable. Puede que te haga sentir como si la tierra hubiera desaparecido bajo tus pies... Siempre hay una forma de salir"».

La trama se inicia con una prolepsis en la que una de estas protagonistas se ve involucrada sin esperarlo en un acontecimiento que, sin que ellas ni nosotros nos demos cuenta, se va enmarañando y tomando forma de una auténtica amenaza.

Después de este inicio tan agitado, la autora cambia de personaje y ritmo, y hasta de lugar brevemente, y vuelve a un punto anterior para contar los hechos en orden cronológico. 

Así, de golpe y porrazo, se nos presentan las dos mujeres más relevantes de la obra: Margery y Alice, dos mujeres que, en principio, no tienen nada que ver la una con la otra.

Como ya me sucedió en El viaje de las novias, he aprendido sobre hechos históricos que, aunque sin preponderancia en la historia universal, sí resultaron trascendentales para quienes los protagonizaron. En Te regalaré las estrellas, el hecho en cuestión fue igualmente importante para las comunidades que acogieron a esas personas. En el caso de este libro, me refiero concretamente a las bibliotecarias que en los EE. UU. de la primera mitad del siglo XX, concretamente durante la Gran Depresión, no dudaron en montar a caballo y asumir el riesgo de cabalgar por los bosques para acercar los libros a aquellas gentes más alejadas de las grandes poblaciones. Aunque la trama sea ficticia y los personajes inventados, la autora se inspira en ese hecho que sí fue real.

La novela, que se narra en veintiocho capítulos precedidos de un prólogo, transcurre casi en su totalidad (exceptuando alguna analepsis en Inglaterra) en Baileyville, un pueblo ficticio de Kentucky. El desencadenante inicial es la búsqueda de voluntarias para la biblioteca itinerante. Margery es quien ya tiene experiencia, pero no tarda en unírsele Alice, una inglesa que no logra encajar en la comunidad y cuyo reciente matrimonio hace aguas. 

Por diversas circunstancias, el grupo se completa con las incorporaciones de Izzy, Beth y Sophia. Entre todas logran un relato rico y representativo, pues no sólo afrontan las dificultades que conllevan la tarea que se han impuesto, sino que cada una vive su propia pugna personal que las convierte en seres complejos a los que queremos acompañar en su lucha y su evolución. Por ejemplo, Izzy comienza siendo una joven reacia y temerosa a causa de una discapacidad física; Beth es una muchacha con costumbres tradicionalmente masculinas que se siente atrapada en una casa habitada sólo por varones que exigen de ella un rol en el que no encaja; por último, Sophia es una mujer negra que se ve obligada a ocultarse para trabajar en la biblioteca y evitar de este modo conflictos raciales, a pesar de ser la más culta y capacitada para el desempeño de esta tarea.

Como dije más arriba, son Margery y Alice quienes tienen mayor peso y las que protagonizan los momentos más duros. La primera carga con el estigma de pertenecer a una familia conflictiva, pero a esa herencia se le suma su carácter terco y áspero, una reafirmación continua de su independencia, una rebeldía contra las normas morales y una libertad no siempre bien entendida.


«—A veces pienso que amas estas montañas tanto como yo. 

Alice dio una patada a una piedrecita con el tacón. 

—Creo que me gustan más que ningún otro sitio del mundo. Me siento… más yo aquí arriba. 

Margery la miró con una sonrisa cómplice. 

—Es lo que la gente no ve, encerrada en sus ciudades, con el ruido y el humo y las diminutas cajas que tienen por casas. Allí arriba se puede respirar. No se oyen las continuas conversaciones de las ciudades. No hay ojos mirándote, salvo los de Dios. Solo estás tú, los árboles, los pájaros, el río, el cielo y la libertad… Lo que hay allí arriba es bueno para el alma».


Alice, por su parte, se metió ella sola en su jaula al casarse con un estadounidense para escapar de un ambiente que le resultaba opresivo. Su drama se inicia cuando se percata de que ha cambiado una prisión por otra mucho peor, una en la que es agraviada y vejada. Eso hace que su batalla por encontrarse a sí misma y su recorrido hacia la autodeterminación sean tan difíciles para ella como atrayentes para el lector.

El ritmo narrativo es lento, especialmente en los primeros capítulos, cuya ausencia de acción me hizo temer que toda la novela girara únicamente en torno a las bibliotecarias llevándole libros a la gente, pero, por fortuna, no es así. La trama avanza despacio, o esa es la sensación que puede dar, porque lo cierto es que desde el principio se van generando situaciones cuyas consecuencias van dando la cara poco a poco hasta que se produce el gran estallido que los arrastra a todos por completo. Esto se entremezcla también con los problemas derivados del abuso al que son sometidos los trabajadores de la mina existente en
 la zona, cuyas vidas carecen de valor para el dueño, el poderoso Van Cleve, suegro de Alice.


El estilo de Jojo Moyes en esta novela parece haberse relajado un poco con respecto a algunas otras anteriores, aunque no puedo precisar hasta qué punto esto es así en el original o se debe a la traducción. Me refiero, en concreto, a alguna ocasión puntual en la que se usa la segunda persona en una apelación directa al receptor. Este es un rasgo de coloquialidad en el que no creo que deba caer un escritor cuya pretensión no sea que el narrador intervenga directamente para comunicar sus opiniones y pensamientos propios al lector, convirtiéndose así, no en personaje, pero sí en una entidad participativa dentro del relato. Como este no es el caso, esa segunda persona me sobra. Por fortuna, sucede poco y, con excepción del prólogo, todo el libro se narra en tercera persona con los tiempos verbales más propios de la narración: el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto simple, así que en este aspecto, nada que objetar.

Como vemos, aunque no es un libro completamente perfecto, sí resulta una buena lectura: amena, absorbente e instructiva. En ella están presentes el abuso de poder, el maltrato, el amor, la amistad femenina, los prejuicios, el racismo, la búsqueda de la libertad individual, la reafirmación de la propia identidad y el valor de la cultura.

El haiku de las palabras perdidas

 05/04/2026


El haiku de las palabras perdidas es la tercera novela de Andrés Pascual, quien acabó cerrando su despacho como abogado para dedicarse a su auténtica pasión, la escritura.

Esta obra se publicó por primera vez en 2011 en una edición de tapa dura de la mano de PLAZA & JANÉS. A partir de 2013 ha conocido varias versiones en bolsillo, en un formato de 544 páginas que puede conseguirse hoy por 14,95€.

 

¿De qué trata?:

Nagasaki, agosto de 1945. Kazuo, un muchacho occidental afincado en Japón, y Junko, la bella hija de una diseñadora de arreglos florales, han acordado encontrarse en una colina para sellar su amor adolescente con un haiku que encierra una verdad sobre su relación. Minutos antes de su cita, la bomba atómica convierte la ciudad en el peor de los infiernos.

Tokio, febrero de 2011. Emilian Zäch, un arquitecto suizo, asesor de Naciones Unidas y defensor de la energía nuclear, cuya vida está desmoronándose, conoce a una galerista de arte japonesa obsesionada con un secreto familiar que acaba arrastrándolo.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

La sensibilidad y el dolor que emanan de este libro son abrumadores y me han causado tal impresión que estoy convencida de que esta historia se quedará conmigo para siempre.

Mi atracción por Japón me ha acompañado prácticamente toda la vida y lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 me parece uno de los episodios más oscuros, dramáticos y salvajes de la historia de la humanidad. Ni mi mente racional ni mi espíritu han sido nunca capaces de asimilar que una nación se atreviera a lanzar una bomba atómica sobre la población civil de, no una, sino dos ciudades. Este hecho en sí mismo ya favorece que el libro resulte demoledor a la par que absorbente. Además, está escrito desde el amor y el respeto a Japón, pero también desde una imparcialidad que refleja que los actos, decisiones e ideas de los ciudadanos pueden ser independientes de las actuaciones de un gobierno e, incluso, de las tradiciones de un país. Por ello encontramos personajes absolutamente deplorables, otros que se mueven en una escala de grises y muchos otros inocentes que son víctimas de un sufrimiento indecible.


«Los haikus son algo más que poemas. Cada uno es una emoción que aparece y al instante se desvanece, como todo lo bello de la vida. Un parpadeo fugaz que nos muestra la esencia de las cosas».

Un gran acierto de la novela es no centrarla en el ámbito militar ni en el político,  que sus protagonistas no sean altos mandos y no gire en torno a los despachos e al campo de batalla mientras se toman decisiones en ellos. Estas, evidentemente, se ven en la obra con todas sus consecuencias, pero la trama se manifiesta más humana y sobrecogedora por estar reflejada a través de los ojos de un adolescente de apenas trece años que, además, está dividido entre los dos mundos. Sus padres biológicos son occidentales, europeos, pero al morir estos siendo él muy pequeño, fue criado por un matrimonio japonés.

Al principio de la trama, Kazuo, como cualquier adolescente, está buscándose a sí mismo, pero su sensación de desarraigo y desubicación es mayor que la de cualquiera, porque en él se aúnan características de dos bandos opuestos que están enfrentados. No sabe cuál es su lugar, y son estas emociones junto con su visión de la guerra lo que se nos narra, pero, sobre todo, lo más importante en su mundo, aquello que resulta ser su ancla, es Junko, una japonesa de doce años que, con su poesía, su belleza y su paz interior, se convierte en su primer amor.


«Si quieres saber lo que serás en el futuro, mira lo que estás haciendo ahora».

El desastre provocado por el impacto de la bomba y el sufrimiento posterior a causa de la radiación están presentes en toda la novela, pero el gran drama, el que se siente más personal y doloroso, viene de la ruptura del mundo interior de Kazuo y Junko, de cómo se ven separados sin saber siquiera si han sobrevivido y de la incertidumbre que pervive en ellos sobre qué podrían haber sido el uno con el otro y el uno para el otro si hubieran sido libres de seguir el camino que habían planeado, puesto que la bomba estalla cuando se habían citado para regalarse su primer beso, un beso que ya no pudo ser, pero que debería haber sido.

No he podido evitar conmoverme con el periplo de Kazuo para encontrarla y con todo lo que le sucede durante su búsqueda. El horror de lo que ocurre a su alrededor contrasta con la belleza de la prosa de Andrés Pascual, que, en comparación con mucho de lo que se publica hoy, es rica en matices e inspiradora en algunos momentos, aunque, eso sí, manteniendo la sencillez con un léxico cotidiano y una sintaxis fácil con frases no muy largas.

Estamos ante una novela bastante equilibrada en cuanto a las partes narrativas y las dialogadas, lo que contribuye a que la lectura sea fluida.


«La tragedia de la vida no radica en su brevedad, sino en que solemos desperdiciarla sin llegar a disfrutar ni una sola de las maravillas que nos ofrece».

El narrador externo es omnisciente, pero se enfoca principalmente en Kazuo y Emilian, el protagonista de los capítulos que transcurren en el siglo XXI, concretamente en 2011. 

Como en todos los libros que alternan dos épocas, es inevitable comparar ambas y, en mi caso, la favorita suele ser la más antigua. Aunque en esta ocasión ha vuelto a ser así, los capítulos de 2011 me han atrapado con la misma intensidad, ya que en ellos se inicia una investigación encaminada a cerrar el círculo que empezó en el pasado y, al igual que los personajes que la llevan a cabo, yo también necesitaba saber en qué desembocaría todo. Así pues, cada parte me ha parecido emocionante por motivos diferentes.

Independientemente del debate que la obra genera sobre la energía nuclear y sus alternativas, toda ella está vertebrada por una vertiente lírica representada el haiku y por una historia de amor truncada, ese tipo de amor capaz de condicionar por entero la vida de alguien, y pese a ello, la novela no es romántica, aunque sí poética y reflexiva.


«No podemos arreglar los problemas pensando de la misma forma que cuando se produjeron».

En la trama protagonizada por Emilian, este aparece acompañado de otro personaje principal, Mei, y tanto la manera de ambos de concebir la vida como el vínculo que se crea entre ellos representan las tendencias más actuales, de modo que cada uno refleja una postura distinta en cuanto a las nucleares, mientras que su relación amorosa es emocionalmente menos profunda, pero, por la edad más adulta de sus protagonistas, más rápida y física.

Estamos, pues, ante un libro que combina la belleza con el horror; imbuido tanto de poesía como de muerte. Contiene dos historias, de las cuales una sirve para cerrar la anterior. Se contrastan épocas, ideas y maneras de amar, y expone el corazón humano, tanto en su vertiente más terrible como en la más hermosa. Es un libro que alberga y transmite dolor, pero también la fuerza que puede proporcionarnos aquello que amamos.


Puntuación: 5 (sobre 5)

El collar del hombre errante

 04/12/2025



The Wanderer's Necklace vio la luz en los primeros años del siglo XX. Aunque en inglés ha conocido varias ediciones, en España ha continuado siendo una obra inédita hasta que, en 2024, la editorial Albo & Zarco la ha publicado en nuestro idioma. El título por el que se ha optado en la traducción es El collar del hombre errante.

Esta edición consta de 344 páginas y su precio es de 19,95 euros. 


¿De qué trata?: 

El vikingo Olaf descubre, al saquear la tumba del que llaman “el hombre errante”, un misterioso collar que perteneció a una mujer cuya vida transcurrió siglos atrás. A partir de entonces, el curso de su vida se ve alterado y de Dinamarca a Bizancio, de Grecia a Egipto, Olaf deberá viajar y luchar para forjar su destino y averiguar por qué esa mujer se le aparece en sueños.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Tenía pendiente escribir la reseña de otro libro, pero justo al acabar de leer este, he necesitado sentarme a reflexionar sobre él y escribir mis impresiones. Mi primer impulso ha sido quejarme sobre el final, que, nada más volver la última página, me pareció desconcertante y anticlimático. Tras pasarme toda la novela absolutamente atrapada por la trama sin que mi interés decayera en ningún momento, la primera impresión causada por el desenlace fue sentirme estafada por el autor. Esto es lo que empecé a escribir en el primer borrador de esta crítica. Sin embargo, he terminado rehaciéndola, porque he seguido pensando mucho sobre este final, lo he releído, y también el inicio, y me he dado cuenta de que, bien interpretado y conectándolo con la primera frase del libro, es lo que consigue darle a todo el texto aire de leyenda. Creo que esta puede haber sido la intención del autor desde el principio, trascender los límites de la historia.

A la editorial Albo & Zarco, la responsable de la publicación de este título en España, la conocí gracias a habernos traído otro que deseaba tener en mis estantería: La maldición de Capistrano. Desde entonces le he seguido la pista y de su catálogo me llamó mucho la atención el argumento de El collar del hombre errante. De su autor, Henry Rider Haggard, me gustó bastante Las minas del rey Salomón (su obra más famosa), lo que ya me predispuso favorablemente para darle una oportunidad a este otro. Además, los argumentos que giran en torno a dos almas enamoradas que siguen buscándose en otras vidas, me parecen el sumun de lo romántico. Aunque mis creencias vayan por otro lado, suelo disfrutarlos mucho.

Así pues, estas han sido mis dos únicas referencias a la hora de embarcarme en su lectura: el autor y el argumento de la contraportada. Seguramente por ello me ha sorprendido bastante y, con cada página que leía, me daba cuenta de que lo que esperaba y lo que me encontraba no tenían nada que ver.

Para empezar, la trama amorosa está bastante diluida en el resto de vivencias de Olaf. De hecho, no se materializa hasta, más o menos, la mitad de la novela, cuando se desvela quién es la mujer a la que Olaf estaba destinado, y ni siquiera se puede decir que ella sea lo único que cambia el rumbo de la vida del protagonista.



«Después de todo, ¿qué es la vida como la conocemos? ¡Una exhalación pasajera!».


De este modo, la trama se conforma mediante una serie de recuerdos relevantes. Se trata de los momentos que modulan el carácter de este hombre, de su relación con personajes históricos de renombre, el encuentro con nuevas creencias y las decisiones hazañosas que forman su leyenda.

El libro se estructura en tres grandes partes que transcurren en Aar, tierra natal de Olaf, Bizancio y Egipto durante la Alta Edad Media.

En Aar conocemos a los hombres del norte, sometidos a los dioses nórdicos, en especial a Odín. Allí vive Olaf junto con sus padres, su hermano sanguíneo (Ragnar) y su hermano adoptivo (Steinar)  y es donde se desarrolla su primer amor con una belleza conocida como Iduna la Justa. Los acontecimientos de esta parte ya ponen de manifiesto la integridad, el valor y la mesura de Olaf y lo desvían del camino que tenía previamente trazado.

Es en Bizancio donde conocemos los personajes más interesantes, personajes históricos de los que, sinceramente, yo apenas sabía nada y que me han resultado tan apasionantes como para querer conocer más de su historia real.

Destaca sobre todos ellos la emperatriz Irene, una auténtica serpiente que es, sin duda, quien más interfiere en el destino de Olaf afectándolo enormemente. Es una mujer ávida de poder, inteligente y embaucadora. No se queda de brazos cruzados, aunque ninguna mujer de las que aparecen en la historia tiene una actitud pasiva. Todas actúan en consonancia con su carácter y ninguna espera a ser rescatada por nadie, por muy adversas que sean las circunstancias.

En esta parte es donde se introduce también a Heliodora, una joven de origen egipcio, y a Martina, la dama de compañía de Irene y quien se ha ganado toda mi simpatía y admiración por su lealtad y abnegación, pero también mi lástima por su sufrimiento silencioso.

Martina no es de alta alcurnia ni tampoco hermosa, como lo son las otras, pero es la que posee el corazón más noble y por ello he pasado todo el libro deseando que su suerte cambiara.

Bajo el dominio de Irene tienen lugar acontecimientos muy duros que no me esperaba en absoluto y que me han mantenido pegada a las páginas.

De lo que sucede en Egipto después no puedo contar nada sin desvelar partes cruciales del argumento, así que dejaré que lo descubra por sí mismo aquel que quiera darle una oportunidad al libro.

En lo que respecta al estilo, está narrado en primera persona en un tono que hace pensar en una antigua epopeya, sólo que en prosa. Los diálogos, no tan abundantes pero sí intensos, son declamatorios. Aunque es un libro fácil de leer y los acontecimientos no paran, puede resultar arcaizante para lectores acostumbrados a superventas actuales.

Además de la riqueza estilística, el texto es rico también en representación de distintas culturas, creencias y doctrinas. Así, hay espacio para cuestiones tan dispares y, en ocasiones, excluyentes como los dioses paganos, el cristianismo (con el conflicto entre su tendencia iconoclasta y la iconodulia), la reencarnación y el islam.

Aunque cogí esta novela creyendo que sería un libro de aventuras y romance, me he encontrado con algo más complejo, aunque igual de atractivo. Contiene emoción constante, pero también reflexión, sacrificio y un carácter historicista (con libertades, por supuesto). El final que comentaba al comenzar esta reseña puede dar lugar a debate y, una vez analizado y asumido, puedo decir que estoy más que satisfecha con esta lectura que me ha provocado tantas sensaciones. 

 

Puntuación: 4 (sobre 5)

La vida que nos separa

 06/07/2025

La vida que nos separa es la novena novela nacida de la pluma del autor catalán Chufo Lloréns. Fue publicada por primera vez en tapa dura por la editorial Grijalbo en 2023 y hoy por hoy cuenta también con una edición en formato bolsillo.

 

¿De qué trata?:  

Barcelona, 1977. En un país que se asoma a un nuevo horizonte de libertad, la vida de Mariana Casanova se tambalea. Los tejemanejes económicos de su marido Sergio, un joven ejecutivo sin escrúpulos, la abocan a la ruina económica junto a sus cuatro hijos pequeños. Debatiéndose entre el matrimonio y su decepción ante un hombre que carece de palabra y de honor, Mariana emprende la tarea de salvar su familia, aunque para ello tenga que tomar medidas drásticas.

Dieciséis años atrás, el futuro se abría ante ella mostrándole lo que prometía ser un camino de rosas. Una adolescente Mariana daba sus primeros pasos en la vida adulta y en la alta sociedad de la época, muy marcada por las costumbres y tradiciones que seguían señalando los deberes y las obligaciones de las mujeres. En esos años de aprendizaje, la joven se enfrentó a la pasión de Rafael, un rejoneador mucho mayor que ella que cayó rendido a sus encantos, y a la de Enrique, su primer amor, un aspirante a músico que partió a París para cumplir sus sueños de convertirse en un virtuoso del violín.

Pero ese sendero antaño sembrado de ilusiones se ve ahora ensombrecido por un matrimonio fallido y un futuro incierto. ¿Debe Mariana seguir mostrando lealtad a un hombre como su marido y seguirlo en su huida de la justicia? ¿Tiene algún sentido cumplir con lo que le inculcaron sus padres y todo su entorno? ¿Es ya demasiado tarde para aspirar a la felicidad?


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Este  libro ha resultado ser una de mis dos grandes decepciones literarias en lo que va de año. Ya iba avisada por la opinión de otros lectores, pero, como siempre, me gusta juzgar por mí misma. No sería la primera vez que me llevo una sorpresa positiva, aunque, con pesar, tengo que afirmar este que no es el caso.

Evidentemente, habrá lectores a quienes les guste, ya que no existen dos lecturas iguales. Sin embargo, para mí ha sido un libro lleno de nada.

Conocí a Chufo Lloréns hace unos años gracias a La ley de los justos, una novela que me regalaron unas amigas y que me enganchó rápidamente, aunque el papel de las mujeres en ella me pareció penoso. Más adelante, durante un verano con bastante tiempo libre, afronté con calma las más de ochocientas de El destino de los héroes, un magnífico folletín que me mantuvo completamente absorbida. Mientras que la primera fue un entretenimiento agradable, la segunda me dejó poso y aún hoy recuerdo bien algunos de sus personajes. Me quedé con ganas de más, aunque han pasado unos años antes de volver al autor.

Mientras que en las dos obras mencionadas hay diversas tramas protagonizadas de forma coral por muy distintos personajes, en La vida que nos separa encontramos una única protagonista, Mariana, y todo lo que acontece, que es muy poco en realidad, gira en torno a ella.

La primera parte va alternando dos tiempos, el presente de Mariana en los años 70 y su pasado como adolescente para que sepamos cómo la vida y sus decisiones la llevaron hasta el punto en el que se encuentra. Estos capítulos son los que transcurren en Barcelona, aunque no se llega a profundizar en las características históricas, urbanísticas o sociales que definían la ciudad entonces. La plasmación de esta en sí misma es muy vaga y no llegamos a ver mucho más que un par de costumbres de la alta sociedad y la mención de alguna revista de entonces. 

Un problema fundamental que encuentro es que Mariana no me gusta. Se narra el paso de varios hombres por su vida, pero con ninguno me transmite nada, ya que su apego a ellos no viene de un cariño real fomentado por el trato, sino por aspectos superficiales y vacuos. Así, uno de sus pretendientes le atrae por la fama y lo que supone ser admirada por un hombre tan popular. El otro le gusta por ser muy apuesto físicamente. Para mí, se caracteriza por no saber lo que quiere y ser un tanto veleidosa. Su única constante en la adolescencia es oponerse a sus padres para elegir libremente lo que ella decida. Ni siquiera su primer amor de juventud me parece significativo, porque, aunque tengamos que creer que le deja huella de alguna manera, lo cierto es que ella, simplemente, se limita a dejarse llevar y es una historia con escaso relieve en la mayor parte del libro. 

La trama se desarrolla muy poco. Los mismos sucesos o algunos muy similares se repiten. Así, vemos continuamente a Mariana resistiendo los embates de la vida, pensando en si perdonar o no al prenda de su marido, planteándose en cómo llevarse bien con él por sus hijos, trabajando y saliendo con sus amigas. Es que no hay más.
 
«He llegado a una conclusión: la ausencia afirma los amores, las amistades y los recuerdos... Estos días he de almacenar todo lo que me digas, me enseñes y nos ocurra para tener material que alimente mi memoria cuando me vaya».

De los personajes masculinos no me ha gustado ninguno. Por un lado tenemos a Sergio, de quien sabemos desde el principio que es el elegido de Mariana para contraer matrimonio. Es un personaje muy simple, lleno de clichés, diseñado para caer mal y que nos compadezcamos de ella. En él no hay matices. 

Por las páginas pasa también Rafael, un rejoneador casi veinte años mayor que Mariana, pero que se enamora de ella porque sí y mantiene vivo ese amor durante otros veinte años aproximadamente porque… No sé, la verdad. No hay ni química ni nada entre ellos. Es un personaje muy cargante creado sólo en un intento de aportar conflicto en la trama y volverla más dinámica.

Enrique, el primer amor de Mariana, pasa sin pena ni gloria. Más que como una persona real se ve como un esbozo. Parece un personaje sin desarrollar. Al principio es presentado como un muchacho determinado a cumplir sus sueños, aunque eso le lleve a renunciar a algunas cosas. Más adelante, aparece de manera esporádica para que le veamos en una relación enfermiza iniciada únicamente por un impulso sexual, lo que, en mi opinión, no lo deja en muy buen lugar.

Tras presentar a todos estos personajes y plantear el conflicto sobre el que gira la trama, esto es el desastre económico y familiar originado por la desfachatez y la sinvergonzonería de Sergio, pasamos a una segunda parte en México, donde Mariana y sus hijos tienen que trasladarse siguiéndolo a él. Aquí ya no hay saltos en el tiempo, pero continúa la misma percepción difusa de los ambientes y costumbres. Hay pinceladas con respecto a estas cuando Mariana trabaja o sale de fiesta, pero las descripciones me resultan escasas e insuficientes.  Unos pocos modismos mexicanos sueltos de vez en cuando no pueden solucionarlo.

 

Los personajes secundarios en esta ocasión aparecen para darle a Mariana algo que hacer, pero no poseen interés por sí mismos, al menos para mí. Además, el estancamiento vital de la protagonista se remarca aún más cuando las tramas empiezan a repetirse. 

El final es del todo incomprensible. A lo largo del texto, la protagonista toma sus decisiones en función de sus enseñanzas católicas y, sobre todo, de lo que considera mejor para sus hijos, quienes son el centro de su vida. Sin embargo, en un desenlace precipitado, sin desarrollar y mal encajado, esto queda al margen y no se nos plantea en ningún momento qué tipo de malabarismos va a tener que realizar para casar su decisión final con su papel como madre.

Con todo, valoro el esfuerzo del autor por haber seguido escribiendo y publicando con noventa y un años de edad y, pese a este tropiezo, seguiré leyendo sus obras pasadas que me quedan por conocer, ya que, lamentablemente, se nos ha ido este año.

Mi conclusión final es que La vida que nos separa resulta ser una novela repetitiva, engordada sin necesidad, con un mal final, personajes apenas desarrollados y un recorrido insulso por una vida totalmente anodina.


Puntuación: 1 (sobre 5)