El haiku de las palabras perdidas

 05/04/2026


El haiku de las palabras perdidas es la tercera novela de Andrés Pascual, quien acabó cerrando su despacho como abogado para dedicarse a su auténtica pasión, la escritura.

Esta obra se publicó por primera vez en 2011 en una edición de tapa dura de la mano de PLAZA & JANÉS. A partir de 2013 ha conocido varias versiones en bolsillo, en un formato de 544 páginas que puede conseguirse hoy por 14,95€.

 

¿De qué trata?:

Nagasaki, agosto de 1945. Kazuo, un muchacho occidental afincado en Japón, y Junko, la bella hija de una diseñadora de arreglos florales, han acordado encontrarse en una colina para sellar su amor adolescente con un haiku que encierra una verdad sobre su relación. Minutos antes de su cita, la bomba atómica convierte la ciudad en el peor de los infiernos.

Tokio, febrero de 2011. Emilian Zäch, un arquitecto suizo, asesor de Naciones Unidas y defensor de la energía nuclear, cuya vida está desmoronándose, conoce a una galerista de arte japonesa obsesionada con un secreto familiar que acaba arrastrándolo.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

La sensibilidad y el dolor que emanan de este libro son abrumadores y me han causado tal impresión que estoy convencida de que esta historia se quedará conmigo para siempre.

Mi atracción por Japón me ha acompañado prácticamente toda la vida y lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 me parece uno de los episodios más oscuros, dramáticos y salvajes de la historia de la humanidad. Ni mi mente racional ni mi espíritu han sido nunca capaces de asimilar que una nación se atreviera a lanzar una bomba atómica sobre la población civil de, no una, sino dos ciudades. Este hecho en sí mismo ya favorece que el libro resulte demoledor a la par que absorbente. Además, está escrito desde el amor y el respeto a Japón, pero también desde una imparcialidad que refleja que los actos, decisiones e ideas de los ciudadanos pueden ser independientes de las actuaciones de un gobierno e, incluso, de las tradiciones de un país. Por ello encontramos personajes absolutamente deplorables, otros que se mueven en una escala de grises y muchos otros inocentes que son víctimas de un sufrimiento indecible.


«Los haikus son algo más que poemas. Cada uno es una emoción que aparece y al instante se desvanece, como todo lo bello de la vida. Un parpadeo fugaz que nos muestra la esencia de las cosas».

Un gran acierto de la novela es no centrarla en el ámbito militar ni en el político,  que sus protagonistas no sean altos mandos y no gire en torno a los despachos e al campo de batalla mientras se toman decisiones en ellos. Estas, evidentemente, se ven en la obra con todas sus consecuencias, pero la trama se manifiesta más humana y sobrecogedora por estar reflejada a través de los ojos de un adolescente de apenas trece años que, además, está dividido entre los dos mundos. Sus padres biológicos son occidentales, europeos, pero al morir estos siendo él muy pequeño, fue criado por un matrimonio japonés.

Al principio de la trama, Kazuo, como cualquier adolescente, está buscándose a sí mismo, pero su sensación de desarraigo y desubicación es mayor que la de cualquiera, porque en él se aúnan características de dos bandos opuestos que están enfrentados. No sabe cuál es su lugar, y son estas emociones junto con su visión de la guerra lo que se nos narra, pero, sobre todo, lo más importante en su mundo, aquello que resulta ser su ancla, es Junko, una japonesa de doce años que, con su poesía, su belleza y su paz interior, se convierte en su primer amor.


«Si quieres saber lo que serás en el futuro, mira lo que estás haciendo ahora».

El desastre provocado por el impacto de la bomba y el sufrimiento posterior a causa de la radiación están presentes en toda la novela, pero el gran drama, el que se siente más personal y doloroso, viene de la ruptura del mundo interior de Kazuo y Junko, de cómo se ven separados sin saber siquiera si han sobrevivido y de la incertidumbre que pervive en ellos sobre qué podrían haber sido el uno con el otro y el uno para el otro si hubieran sido libres de seguir el camino que habían planeado, puesto que la bomba estalla cuando se habían citado para regalarse su primer beso, un beso que ya no pudo ser, pero que debería haber sido.

No he podido evitar conmoverme con el periplo de Kazuo para encontrarla y con todo lo que le sucede durante su búsqueda. El horror de lo que ocurre a su alrededor contrasta con la belleza de la prosa de Andrés Pascual, que, en comparación con mucho de lo que se publica hoy, es rica en matices e inspiradora en algunos momentos, aunque, eso sí, manteniendo la sencillez con un léxico cotidiano y una sintaxis fácil con frases no muy largas.

Estamos ante una novela bastante equilibrada en cuanto a las partes narrativas y las dialogadas, lo que contribuye a que la lectura sea fluida.


«La tragedia de la vida no radica en su brevedad, sino en que solemos desperdiciarla sin llegar a disfrutar ni una sola de las maravillas que nos ofrece».

El narrador externo es omnisciente, pero se enfoca principalmente en Kazuo y Emilian, el protagonista de los capítulos que transcurren en el siglo XXI, concretamente en 2011. 

Como en todos los libros que alternan dos épocas, es inevitable comparar ambas y, en mi caso, la favorita suele ser la más antigua. Aunque en esta ocasión ha vuelto a ser así, los capítulos de 2011 me han atrapado con la misma intensidad, ya que en ellos se inicia una investigación encaminada a cerrar el círculo que empezó en el pasado y, al igual que los personajes que la llevan a cabo, yo también necesitaba saber en qué desembocaría todo. Así pues, cada parte me ha parecido emocionante por motivos diferentes.

Independientemente del debate que la obra genera sobre la energía nuclear y sus alternativas, toda ella está vertebrada por una vertiente lírica representada el haiku y por una historia de amor truncada, ese tipo de amor capaz de condicionar por entero la vida de alguien, y pese a ello, la novela no es romántica, aunque sí poética y reflexiva.


«No podemos arreglar los problemas pensando de la misma forma que cuando se produjeron».

En la trama protagonizada por Emilian, este aparece acompañado de otro personaje principal, Mei, y tanto la manera de ambos de concebir la vida como el vínculo que se crea entre ellos representan las tendencias más actuales, de modo que cada uno refleja una postura distinta en cuanto a las nucleares, mientras que su relación amorosa es emocionalmente menos profunda, pero, por la edad más adulta de sus protagonistas, más rápida y física.

Estamos, pues, ante un libro que combina la belleza con el horror; imbuido tanto de poesía como de muerte. Contiene dos historias, de las cuales una sirve para cerrar la anterior. Se contrastan épocas, ideas y maneras de amar, y expone el corazón humano, tanto en su vertiente más terrible como en la más hermosa. Es un libro que alberga y transmite dolor, pero también la fuerza que puede proporcionarnos aquello que amamos.


Puntuación: 5 (sobre 5)

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