08/03/2026
El
idioma origina de esta novela es el alemán, ya que su primera
publicación está fechada en 2017 en Alemania. El título con que el que
salió a la venta en el mercado literario germano fue Das Café der kleinen Wunder.
La
edición española se lanzó en septiembre de ese mismo año por parte de
Suma de Letras a un precio de 19,90 €. A fecha de esta entrada continúa a
la venta, como también lo hace la versión de bolsillo publicada en
2018, esta por un precio de 12,95 €. Consta de 345 páginas.
Nelly tiene 25 años, vive en París, le gusta la vida tranquila, adora los libros antiguos, desconfía de los hombres atractivos, está enamorada en secreto de su profesor de filosofía, cree en los presagios y nunca jamás se subiría a un avión. Desde luego, no es el tipo de persona que cogería todos sus ahorros una fría mañana de enero, se compraría un bolso rojo y se montaría en un tren a Venecia.
Pero a veces las cosas ocurren. Cosas como un catarro, una inscripción misteriosa en un viejo libro o un amor inesperado... Y a veces hay que perder el suelo bajo los pies para llegar al séptimo cielo.
¿Qué opino yo? (Sin destripes):
Como curiosidad, antes de continuar escribiendo sobre el libro, aclarar que ya se sabe que Nicolas Barreau, autor francés, no es en realidad Nicolas Barreau, sino Daniela Thiele, autora alemana que publica con pseudónimo, aunque esto ha estado oculto muchos años.
Volviendo a la reseña, creo que para disfrutar de este libro hay que adentrarse en él sin expectativas, dejarse llevar por el flujo de acontecimientos sin prejuicios. Digo esto porque esta obra tiene aires de comedia romántica de los años 90 del siglo pasado, inocentes, tiernas y
bonitas, pero previsibles. Como he dicho en otras entradas, pienso que hay que despojar esta palabra de las connotaciones negativas que se le han dado. Todo el mundo sabe que la mayoría de las flores florecen en primavera y que por estos lares los días se alargan, pero no por saberlo de antemano dejamos de disfrutar de ello. Muchas veces no importa sólo el qué, sino también el cómo.
Esa conexión del libro con mis películas románticas favoritas es lo que me ha enamorado. Se trata de un romance tradicional, de los que ya no se narran, de aquellos en los que un accidente fortuito conecta a los dos protagonistas y estos se van acercando por una serie de reveses en un marco espacial ideal. Recuerdo, por ejemplo, Sólo tú en Italia y French kiss en Francia.
En El café de los pequeños milagros también vamos paseando de la mano de los personajes, en este caso por Venecia. No hay largas descripciones, sólo datos someros que nos trasladan de un lugar a otro de la Serenísima.
Al igual que en Sólo tú (se nota que me encanta esa película), él se enamora primero y trata de conquistarla durante todo el libro, aunque es ella quien principalmente cree en las señales.
| «Claro que creo en las señales. Estamos rodeados de señales, sólo tenemos que reconocerlas». |
A pesar de que es un romance contemporáneo, excluye por completo las escenas tórridas y no fuerza el acercamiento. Este va fluyendo despacio entre canales venecianos, palacios, galerías de arte y una cafetería con encanto que tiene más relación con nuestra protagonista de lo que puede parecer en un principio.
Es un libro donde un beso es importante, hace saltar chispas y supone un antes y un después. Como podréis deducir, es una historia para románticos empedernidos, pero no por ello empalagosa. De hecho, este libro me ha resultado menos empalagoso que esos otros que he leído en los que abunda el picante.
En El café de los pequeños milagros, aunque pueda haber una atracción inicial, se les da tiempo a los personajes para que maduren sus emociones, tanto juntos como por separado, y resulta más mágico el permitirnos ser espectadores de cómo se va produciendo gradualmente, sin prisas, la conexión. Por eso un simple beso es más esperado que cualquier cosa. Además, que nuestro protagonista, Valentino, sea un hombre fogoso al que no le importaría pasar sus noches entre los
brazos de Nelly, le da más valor a que un sencillo beso le ponga el mundo patas arriba.
En un libro de estas características, donde la trama es como un amigo bien conocido del que sabes lo que puedes esperar, personalmente necesito que me caigan bien los personajes. Si esto no sucediera, el libro, muy probablemente, careciera de interés para mí. Sin embargo, esto no ha sido así en esta ocasión y tanto Nelly como Valentino me han resultado simpáticos.
En lo que al carácter se refiere, ella es una chica bastante común. Es una becaria con sus miedos e inseguridades, echa mucho de menos a su abuela y vive algún que otro percance que podría pasarle a cualquiera. Además, me encanta cómo vive sus mañanas. Es un personaje diseñado aposta para que sintamos cierta conexión con ella.
| «"Hay que cuidar las mañanas", le decía siempre su abuela. "Quien no empieza el día con tranquilidad no puede sorprenderse luego de que le salga todo mal"». |
Por su parte, Valentino es un prototipo. Es el típico italiano guapo y desenvuelto que no tiene problemas para conquistar a las mujeres, aunque en esta historia se le resiste la que más le ha interesado nunca, lo que lo desconcierta por completo y eso conduce a que se convierta en un personaje agradable.
Los secundarios sólo existen aquí para dar mayor énfasis a las acciones y decisiones de los protagonistas, no tienen valor por sí mismos, aunque eso no tiene mayor relevancia en esta novela, porque son Nelly y
Valentino quienes captan el interés del lector.
El narrador es omnisciente y aunque el tono de la narración resulte cotidiano por la claridad del estilo, el léxico y la sintaxis están cuidados y no caen en la vulgaridad y simplicidad de muchas novelas románticas actuales.
El café de los pequeños milagros es, pues, un romance convencional para nostálgicos de épocas más dulces, para aquellos que disfrutan del encanto de las casualidades dichosas, los encuentros predestinados, los equívocos y enredos con soluciones satisfactorias y los paseos por hermosísimos rincones que forman parte del tapiz en el que se teje la historia de amor. Es un libro con un regusto de antaño, de cuando el foco se ponía en la conexión emocional y no en la urgencia fisiológica.
Estamos ante una novela con luz propia. No cambiará la vida de nadie, pero podría lograr que su día fuese un poquito más feliz.
| Puntuación: 3,5 (sobre 5) |



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