Águilas de la estepa

 04/02/2026

 

En la fecha de esta entrada, esta novela no está publicada en España por ninguna editorial. La edición que presento tiene varios años y, hoy por hoy, es difícil de encontrar. Quizá este texto de Emilio Salgari pueda hallarse en algunas bibliotecas y a la venta de segunda mano. No obstante, en España, las obras de Salgari son de dominio público desde principios de los años 80, por lo que puede conseguirse gratis de forma legal por internet, por ejemplo en la página de Elejandría.

Estamos ante una obra autoconclusiva que, pese a lo que figura en la portada, es eminentemente de aventuras más que bélica. De hecho, esta portada es la misma para todos los títulos de la colección. Consta de 256 páginas.

Se trata de una historia publicada originalmente por entregas, concretamente treinta y tres, entre los años 1905 y 1906, y recogida en un único volumen en 1907. 

¿De qué trata?:

En la extensa estepa del Asia central vive Hossein, un joven turquestano que espera con ansia su boda con una muchacha del pueblo sarto, Talmá. Sin embargo, cuando llega el ansiado día, Talmá es raptada por un grupo de kirguizos conocidos como Águilas de la estepa. 

Sin tener claro hacia dónde se dirigen los bandidos ni con qué fin, Hossein y su fiel compañero Tabriz inician una persecución que los pondrá en peligro continuamente, sobre todo porque la persona que intriga contra ellos está más cerca de lo que pueden sospechar.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Qué sorpresa tan agradable puede suponer apartarse del camino trazado y las modas impuestas. Más allá de las largas listas de pendientes, de los libros más vendidos y de los títulos recurrentes en Bookstagram o Booktube (ya sean clásicos o actuales), se esconden novelas añejas que las editoriales no han sabido (o querido) poner en valor, porque, hoy por hoy, difícilmente les reportarían beneficios económicos.

Emilio Salgari no ha tenido la fortuna de pervivir en la mentalidad colectiva como un autor que tener en cuenta, como sí ha sucedido con otros escritores que han trabajado la aventura en escenarios exóticos, como Julio Verne, Jack London o Ruyald Kipling. Quizás estos tres últimos puedan ser referentes culturales por distintas causas: ser un precursor del desarrollo científico en el caso de Verne, un exponente del naturalismo en el de London o del colonialismo en primera persona en el de Kipling. Las historias de Salgari pueden no derivar en una reflexión profunda, pero, para mí, el descubrimiento de este libro me ha retrotraído a las tardes soleadas de mi primera juventud, cuando podía disfrutar de las películas clásicas en Technicolor que emitían en televisión.

Estas páginas han sido como una de esas cintas protagonizadas por las antiguas estrellas de Hollywood que, en realidad, no tenían nada que ver con los pueblos o razas a los que simulaban pertenecer, pero que, de todos modos, quedaban impresionantes en sus papeles. De este libro pordría haber en pantalla una Yvonne de Carlo o una Maureen O'hara como la valerosa Talmá, pese a sus evidentes diferencias, y, tal vez, un Rock Hudson o un Tyrone Power como Hossein, porque aunque no se parezcan al personaje, puedo visualizarlos y creérmelos con el traje de turcomano, el khanjar y la pistola, ¿o, por fortuna, no han sido ellos espadachines, soldados, pistoleros o piratas?

¿Y acaso no son cinematográficas las inmensas y variopintas estepas donde transcurre la acción? En ellas nuestros personajes se enfrentan a diversos enemigos; son asediados, perseguidos y traicionados; participan en batallas; hacen frente  a la despiadada burana (que he conocido gracias a este libro) y a temibles fieras salvajes.

Mi encuentro con este título puede catalogarse como una serendipia, es decir, cintando el DRAE , «un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual». Me topé con él en uno de mis paseos por una Re-Read, donde no voy buscando nada en concreto, pero donde algunas veces un libro me encuentra a mí. En esa ocasión, en la estantería de clásicos universales había un ejemplar totalmente nuevo. Creo recordar que incluso estaba en su envoltorio original. En la contraportada no figura argumento alguno, así que me lo llevé totalmente a ciegas. Tenía ganas de ampliar mis horizontes y conocer al creador de Sandokan, aunque fuera con una novela mucho menos popular que las que protagoniza este personaje.

De este modo, he leído esta obra sin tener ninguna referencia sobre ella, así que cada página ha resultado fascinante, sobre todo porque el ritmo es vertiginoso y la acción no decae jamás. Ya el primer capítulo se descubre bastante intenso. Todo el episodio es una prolepsis que narra la persecución y el linchamiento público de un hombre de una forma nada piadosa. Después se retrocede para relatar la historia desde su inicio en un orden cronológico que alcanza lo narrado al principio y continúa con los sucesos que se desatan a raíz de ahí.

En cada punto de la trama los personajes se topan con un peligro diferente, descubren una revelación o cambian de escenario; así, cada vez que necesitaba dejar de leer para atender otros asuntos, me encontraba con que los acontecimientos estaban en un momento álgido que me conducía a querer retomar rápido la lectura.

Un estilo limpio, claro, directo y pulido contribuye a crear una imagen mental nítida de los espacios, los personajes y los acontecimientos. Algunas explicaciones breves y precisas ayudan a que conozcamos los distintos pueblos que habitan en las extensas estepas del Asia central, algunos enfrentados entre ellos, y que naveguemos por su modo de vida salvaje, aunque con cierto código disciplinario, y totalmente libre de no ser por las restricciones que ellos mismos se impongan.

En una amalgama heterogénea se van exponiendo en el relato todos estos pueblos, algunos nómadas, como los turquestanos, y otros asentados en poblaciones fijas, como los sartos. Viven bajo el amparo de la religión islámica y con costumbres, ritos y celebraciones extravagantes a ojos de alguien ajeno a estos clanes, como puede ser el caso de un lector occidental actual. No obstante, Salgari describe y narra con desparpajo estas tradiciones trasladándonos con facilidad desde nuestro mundo a ese otro insólito, peligroso y vibrante.


«La noche pasó tranquila, turbada sólo por los aullidos de una pareja de lobos, y cuando aparecieron las primeras luces de la aurora, emprendieron nuevamente su marcha en busca del oasis de Kara Kum. No soplaba la más leve brisa, pero a pesar de ello, algunas cortinas de arena ondeaban hacia el occidente, que era la dirección que llevaba la pequeña comitiva».

Todo el libro parece un tapiz, siempre en movimiento, de intensos
 colores, desde el interior de la tienda de un beg , con su alfombra persa, los cofres de cedro, el humo del narguilé, los cojines de seda roja y las empuñaduras de zafiros y turquesas de los khanjares, hasta los oasis habitados por fieras en los que reponer fuerzas con la límpida agua de sus arroyos y el descanso bajo un árbol. 

Tan implacables pueden ser los escenarios como atroces las acciones de los personajes, algunas de las cuales alterarán la sensibilidad de los lectores más impresionables. Y, sin embargo, no deja de ser una novela para todas las edades, puesto que no se recrea en lo desagradable, aunque haga constar que esto existe. 

Los personajes principales están estereotipados de un modo que romantiza sus andanzas, pero esto no es necesariamente un aspecto negativo, sino algo que nos conduce a desear que todo les salga bien a aquellos que hacen gala de sus virtudes. ¿Cómo no desearlo para un joven valeroso, hábil, honesto y profundamente enamorado? ¿Cómo no querer que sea feliz con su prometida, una muchacha hermosa, valiente y también muy enamorada? Es inevitable querer que se le trunquen los planes al traidor intrigante que se interpone entre ellos, que lo descubran y no pueda tramar nada más.

Como veis, tenemos a la pareja principal, dotada de cualidades destacables, que ve truncada su unión por un malvado sibilino y envidioso.

A nuestro protagonista, Hossein, lo acompaña siempre uno de sus hombres, Tabriz, leal hasta el final y sin el cual estaría perdido ante todas sus vicisitudes. Ellos dos llevan el peso de la acción. Me habría gustado ver más a Talmá en la historia, porque por lo poco que aparece se sabe que es una mujer que no se arredra ante nada. 

Como conclusión, me gustaría destacar que aunque Salgari es más conocido por sus sagas, este libro autoconclusivo es una opción excelente para iniciarse con él y quedar atrapado en la aventura.


Puntuación: 3,75 (sobre 5)

El puente a Belle Island

 18/01/2026

 

Aunque este libro se publicó por primera vez en inglés en 2019, a España nos llegó un poco después, en 2021. Está publicado por Libros de Seda, que tiene en su catálogo la mayoría de las obras de Julie Klassen. Esta edición española consta de 384 páginas y está a la venta por 19,95 €.


¿De qué trata?:

Tras cometer un error humillante en un caso judicial por confiar en una hermosa mujer, el abogado Benjamin Booker se promete a sí mismo que no volverá a suceder. Es entonces cuando el socio sénior del bufete donde trabaja le propone investigar el asesinato de su mejor amigo como excusa para alejarse temporalmente de Londres y limpiar su reputación como letrado.

Esto le conduce hasta Belle Island, donde reside Isabelle Wilder, su principal sospechosa. Aunque Isabelle se sabe incapaz de cometer un asesinato y tiene una poderosa coartada, no deja de soñar con el crimen incluso desde antes de saber de él, por lo que no puede dejar de preguntarse cómo es posible que su sueño coincida con la realidad con todo detalle.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

No he podido empezar el año con más tino en cuanto a lo que a lectura se refiere. Julie Klassen se ha convertido en una de mis autoras vivas favoritas desde que la conocí. Hoy por hoy he leído siete libros suyos y todos me han gustado.

Descubrí su existencia no hace muchos años cuando, dando un paseo por una librería, vi una de sus novelas expuesta en la mesa central. Me llamó la atención y una persona importante en mi vida acabó regalándomela. Desde entonces, mis estanterías se han ido llenando con aquellos libros suyos que más me atraían.

Actualmente existen muchísimas escritoras que ambientan sus obras en la Inglaterra del siglo XVIII o del XIX. Julie Klassen es una de ellas y, como es de esperar, se declara admiradora de Jane Austen, pero también de Jane Eyre, mi libro preferido. Evidentemente, hay que valorarlo todo en su contexto y la literatura del siglo XXI sigue unos cauces diferentes a las de las centurias mencionadas. Mientras que antes la retórica tendía a la minuciosidad y el fondo y la forma se unificaban como un todo, ahora, a juego con los tiempos que corren, priman la velocidad, la acción sobre la forma, la evasión sobre la reflexión y, por ello, ninguna de estas autoras modernas se va a aproximar nunca a las clásicas.

Sin embargo, si lo que buscamos es precisamente evasión conjugada con emoción, Julie Klassen está por encima de la media de estas escritoras actuales que llevan sus tramas a épocas remotas. Muchas no se complican y colocan protagonistas claramente contemporáneas en tiempos que les son del todo anacrónicos. Klassen, por su parte, intenta que sus personajes resulten coherentes en el período en el que viven y planifica desarrollos creíbles para ellos.

Sin que resulte de estilo elevado, su prosa suele incluir un vocabulario diverso, diálogos con distintos matices y una proporción justa entre la narración, la descripción y el diálogo. Además, mientras que algunas autoras de romance histórico se centran exclusivamente en esta temática, Julie Klassen, a pesar de estar catalogada dentro de este subgénero, mezcla tramas diferentes que, muchas veces, están por encima del romance, por lo que este no resulta empalagoso. De hecho, en El puente a Belle Island, la historia de amor es totalmente secundaria y, pese a ello, verosímil y placentera.

Esta novela trata fundamentalmente de la resolución de un asesinato, pero no se puede decir que encaje por completo como novela policiaca, porque no se rige por el patrón propio de ese tipo de obras en las que seguimos a uno o varios investigadores oficiales que analizan pruebas, rastrean o interrogan centrándose en ello de forma casi exclusiva. En El puente a Belle Island todo esto se da con menor intensidad y en alternancia con otras cuestiones. Para empezar, el protagonista es abogado y su investigación no es profesional ni oficial, sino impulsada por dos motivos: necesita alejarse de Londres por su fiasco en un caso judicial y porque su gabinete tenía una estrecha relación con el muerto.


«Todos cometemos errores. Precisamente lo que forja nuestro carácter es la forma en la que respondemos ante ellos».

Además de esto, toda su investigación se centra en un único lugar, Belle Island, y pone el foco principalmente en una persona, la señora de la isla, Isabelle. No obstante, a la par que pretende tantear su posible implicación en el crimen, ambos se van conociendo y acercando íntimamente. Durante este tiempo vamos descubriendo que varios personajes del entorno de Isabelle, aparte de ella misma, tendrían motivos para llevar a cabo el asesinato.

Aunque Benjamin e Isabelle son conscientes del atractivo físico del otro, se agradece que la autora no sea recalcitrante con ello ni base en este punto su relación, matiz que también diferencia a Klassen de otras autoras publicadas en la misma editorial española. Así pues, en el caso que nos ocupa, los dos personajes son ya maduros y cargan con experiencia a sus espaldas, por lo que, aunque la atracción física esté presente, la relación que se va forjando entre ambos es de confianza personal. Van confesándose sus miedos, inquietudes e incertidumbres y, pese a que la sombra de la sospecha siempre está en medio, el deseo de ayudarse y comprenderse es más fuerte.

Tanto Benjamin como Isabelle son personajes bien construidos, con cargas psicológicas, especialmente en el caso de ella, pues sufre episodios de estrés postraumático que alteran por completo el curso de su vida. Esto no le impide ser una mujer dulce y generosa, pero también tenaz y resiliente.

Benjamin es un hombre común, con dudas y errores en su haber, pero un buen hombre. Trata de aprender de sus equivocaciones. No se aferra al orgullo y la soberbia cuando se da cuenta de que quien yerra es él.


«Se fijó en los grandes sauces llorones a lo largo del sendero, con las ramas dobladas hacia abajo, como si estuvieran cargando el peso del dolor».

Además de todo lo que he expuesto ya, otro punto a favor del libro es que se arriesgue con personajes en la treintena para tejer su historia de amor en una novela de época, donde las protagonistas suelen ser más jóvenes. 

Como ya he mencionado, casi toda la historia transcurre en Belle Island, cuya belleza vamos conociendo de la mano de Isabelle y Benjamin, pero la manifiesta calma de algunos pasajes contrasta con la turbulencia de otros relativos a la aparición de pistas o a la aparente destrucción u ocultación de las mismas. Este equilibrio hace que la trama no decaiga en ningún momento y mantenga siempre vivo nuestro interés.

Cabe aclarar también que aunque Julie Klassen escribe ficción cristiana, este libro es el que menos contenido religioso tiene de todos los que he leído de ella. Apenas se le dedican unas pocas palabras a ello en escasas páginas.

En conclusión, predominan la intriga y el suspense por encima del romance, pero este va naciendo y creciendo lentamente en segundo plano. Es una lectura ágil y cómoda que, como suele ser habitual en la autora, deja una sensación muy positiva.

 

Puntuación: 4 (sobre 5)

Mis lecturas de 2025

 31/12/2025

En esta era digital en la que todo lo que se emprende parece hacerse con el propósito de mostrarlo a un público, existen herramientas para todo tipo de perfiles. Los lectores meticulosos están en Goodreads para organizar sus reseñas, sus lecturas pasadas y futuras y su lista de deseos literarios. En mi caso, como ya dije en otra ocasión, el ruido digital me satura y, por ello, conservo costumbres bastante analógicas. Siempre preferiré un bolígrafo y un papel a un teclado y una pantalla, por lo que desde 2019 tengo la costumbre de anotar en un cuaderno los libros que leo cada año. No lo hago porque quiera saber cuántos suman, sino porque la memoria suele ir degradándose con el tiempo y no deseo olvidar ni un solo título que haya formado parte de mi vida.

Este blog, que mantuve abandonado durante seis años en las profundidades de ese mundo tan inmenso que supone internet, ha cambiado para mí, porque yo he cambiado, y he vuelto a escribir en él este 2025 de una forma distinta de como lo hacía antes. Ya no formo parte de ninguna comunidad lectora y, aunque a veces consuma algún contenido de Bookstagram, Booktube o blogs, lo hago de forma esporádica y porque vaya buscando algo en concreto, no para ganar seguidores ni algún «me gusta» ni nada de lo que implican las redes. Básicamente escribo para mí y, quizá, para algún lector que vague por la red buscando alguna opinión sobre algún libro que le interese sin tener que perderse en la vorágine de Goodreads. Aunque creo que ya quedan pocas personas así, me gusta pensar que hay espíritus afines que tampoco se dejan llevar por los tentáculos de las redes.

En esta última entrada del año quiero subir (por orden de lectura) las portadas de las obras que me han ido acompañando en 2025, unas con mejor fortuna que otras. La cantidad de lecturas no es importante para mí. Leo desde que puedo recordar y es una afición que no me supone ningún reto. Tampoco creo que deba serlo. No me marco metas con mis aficiones, no me obligo a practicarlas si no me apetece (por eso son aficiones) y, desde luego, no me obligo a practicarlas más cada año. También me gusta la repostería, pero no me marco como meta hacer ochenta y cinco bizcochos al año. Por supuesto, eso sólo habla de mí, de cómo me gusta que la vida vaya fluyendo, y cada uno tendrá su manera de hacer las cosas en su propia vida.

 LIBROS:

  

  
 
  
  
 
  
   

  
 
 
 
  
  
  


MANGA:

 
  


 

  









A MEDIAS:

Consta de 1117 páginas. En 2025 he leído 539. El resto, para el nuevo año.


ABANDONADOS:

Como no le veo la utilidad a anotarme los libros que abandono, los estoy poniendo de memoria. Seguramente me esté dejando alguno, y no están por orden.

La mayoría de ellos los he dejado porque me estaban pareciendo terriblemente malos. Otros (Verne, fundamentalmente) no los he cogido en un momento adecuado y, quizás, acabe volviendo a ellos.