Mariquita Monleón

27/10/2026 

Aunque hoy ha sido olvidado, Rafael Pérez y Pérez cosechó un gran éxito como novelista en los años 30 y 40 del siglo XX y siguió publicando hasta la década de los 70.

Este alicantino nacido en 1891 compaginó su labor de maestro con la de escritor y llegó a ofrecer a los lectores más de ciento cincuenta títulos salidos de su pluma. Cultivó principalmente la novela costumbrista y rosa, que nada tiene que ver con la de los tiempos presentes ni en forma ni en contenido, y la romántica histórica. Algunas de ellas conocieron adaptaciones al cine y representaciones en teatros.

Mariquita Monleón se publicó por primera vez en agosto de 1934 gracias a la Editorial Juventud, encargada de llevar al mercado español la mayoría de títulos del autor. A partir de ese año fue lanzada también de manera internacional, llegando a Hispanoamérica por la alta demanda que existía de la obra. 

En los años 40 y 50 se publicaron tiradas en tapa dura con lomo de tela pensadas para coleccionistas. La última gran reedición en tapa blanda tuvo lugar en 1984, tras lo cual quedó descatalogada definitivamente al empezar a cambiar los gustos y exigencias del público.

La edición que yo tengo consta de 240 páginas y la letra, aunque legible, resulta bastante pequeña. Hoy por hoy puede encontrarse en librerías de viejo y en plataformas de venta de segunda mano, donde abundan diferentes obras de este novelista. 

¿De qué trata?:

Tras pasar una temporada educándose en un convento debido a su temprana orfandad, Mariquita Monleón, perteneciente a una familia de larga tradición aristocrática, debe quedarse bajo el cuidado de sus cuatro tías aragonesas, las señoritas de La Cerda, quienes imponen sobre ella una constante vigilancia y un estricto control. 

En ese ambiente cerrado y asfixiante en el que no se le permite llevar la vida propia de su edad, Mariquita siente que se ahoga y eso la empuja hacia un muchacho que no puede evitar poner sus ojos en ella. Sin embargo, cuando las circunstancias le ponen en su camino a su verdadero amor, Mariquita se ve comprometida por una serie de malas decisiones y debe elegir entre su deseo y el deber.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Considero que he tenido bastante suerte al toparme con este libro, ya que ha resultado una lectura deliciosa. 

Tengo muy claro que, en ocasiones, son los libros los que nos encuentran a nosotros. De alguna manera se interponen en nuestro camino para pervivir, para no ser olvidados.

Desde que descubrí de ese modo a Carmen de Icaza y que se convirtiese en una de mis escritoras favoritas gracias a La fuente enterrada, no dejo pasar a otros autores españoles de principios o mediados del siglo XX cuyo nombre haya sido borrado de la historia. Así llegué a José María Pemán y así ha llegado hasta mí Rafael Pérez y Pérez, de quien ignoraba su existencia por completo. A pesar de que el estilo de Carmen de Icaza es más natural y fluido, Pérez y Pérez, más clasicista y académico, ha sido un descubrimiento igual de grato con su Mariquita Monleón.

El libro estaba de cualquier manera en una estantería de la librería Re-Read, rodeado de otros libros que no combinaban con él y, quizás, pasando desapercibido.

La sinopsis que figura en el ejemplar no aclara nada. Es tan tremendamente vaga que no permite saber de qué trata la trama. También es tarea harto difícil encontrar  reseñas o información diversa por internet, así que no tenía ni idea de lo que me encontraría al sumergirme en sus páginas.

La pericia del autor con las palabras me ha llevado a una España diferente, más tranquila y tradicionalista, en la que oscilamos principalmente entre el rancio abolengo de una casa aristocrática de Aragón y el aire puro del campo logroñés. Las primeras páginas nos suponen un viaje hacia atrás en el tiempo para transportarnos a una ciudad de soportales, balcones de forja, casas solariegas y calles estrechas con poco trasiego, salvo en los días festivos. Son calles en las que reverbera el repique de las campanas y perviven huertos llenos de frutales. Por ellas pasean jovencitas con sus galanes en un coqueteo inocente, pero no es así para nuestra protagonista.

La dueña del peculiar nombre de Mariquita Monleón es una muchacha de diecisiete años obligada por sus adustas tías a ver pasar la vida a través de ventanas y balcones. En el recogimiento de su habitación escribe un diario que conforma la primera parte de este libro. Ella misma narra sus tribulaciones, anhelos y el transcurrir de sus días, y lo hace de una forma elegante e ingeniosa, pero también con la impetuosidad de la juventud. Tiene una voz propia muy bien lograda por parte del autor, quien ha creado a una muchacha vivaz, con genio y desparpajo, pero honesta e inocente.


«—¿Por qué besas las flores, Mariquita? 

—Porque me gustan, y las quiero... y yo no pudo querer algo o a alguien sin expresarle de una manera u otra mi querencia».


Mariquita y sus cuatro tías no se entienden, y no pueden hacerlo porque las aristocráticas señoras son unas antiguallas que creen que la juventud se ha pervertido y han de proteger a su sobrina con celo carcelario. Sólo le permiten salir para asistir a misa y a las visitas de cumplir, y siempre en compañía de alguna de ellas, si no de todas.

Mariquita es un espíritu sencillo y, con su justa protesta y palabrería desenvuelta, me ha caído bien desde el principio. Ni siquiera dentro de la casa la dejan hacer su voluntad en lo que a ella misma atañe, como cambiar un mueble de sitio para que no le moleste su propia sombra a la hora de escribir.

Es una espectadora que disfruta de ver la lluvia a través de los cristales y observando a la gente que pasea por la calle, pero su espíritu se niega a conformarse con ello, como es lógico, y sus problemas más importantes comienzan cuando uno de esos jóvenes que pasean bajo su ventana se queda encandilado con ella. Así da inicio un cortejo sin malicia en el que se cruzan miradas, intercambian notas en secreto y palabras pronunciadas a escondidas. Sin embargo, por su inexperiencia y la falta de trato con el otro sexo, Mariquita no sabe lo que es el amor.


«El amor es lo único que ha resistido al pulimento de la civilización... Continúa tan primitivo como el día en que Adán besó a Eva por primera vez».

Toda esa parte me ha resultado emocionante, y la ilusión e incertidumbre con que Mariquita la vive se transmiten, aunque, en el fondo, el lector sabe que algo más, algo inesperado, debe ocurrir y que las consecuencias de ese algo van a perseguir durante largo tiempo a esta protagonistas de gran sensibilidad.

El diario de Mariquita se interrumpe en un punto crucial. A partir de ahí, la voz narrativa es omnisciente durante tres partes más a las que el autor llama jornada segunda, jornada tercera y conclusión. 

Curiosamente, a veces el relato se estructura en pasado y otras, en presente. Como dudo mucho de que pueda tratarse de un error inconsciente de un escritor al que se le nota avezado, puedo suponer que quizás se trate de un recurso buscado para centrar el foco en la intensidad del instante y de las emociones.

En la segunda parte, se cambia el escenario aragonés por las tierras riojanas para dar a Mariquita la oportunidad de encontrar su libertad. En parte lo consigue, porque allí su espíritu puede crecer sin ataduras y ella conoce unos nuevos sentimientos como mujer, pero hay una prisión peor que aquella a la que se vio sometida por sus tías, y es ser prisionero de uno mismo, de su consciencia y de los secretos.

Pese a ello, la marcha a La Rioja de nuestra condesita de Monleón da inicio a la que me ha parecido la parte más luminosa de la novela. El escritor nos conduce a la belleza exorbitante del campo que se extiende junto a la Sierra de Camero.

¡Qué prosa tan exquisita para adentrarnos en ese mundo! ¡Qué buen gusto en la elección de las palabras y qué delicadeza en la descripción de los afectos y los estados emocionales! Por poner algún pero, el uso de algún que otro laísmo que se le escapa al autor.

Se introduce en este momento a otro personaje que supone un nuevo punto de inflexión, Quiqui Sorrosal, barón y capitán de artillería. En él y en su idea de cómo debe ser una mujer es donde se notan los años que tiene el libro y el período en el que fue escrito. Es muy maniqueísta, pero, gracias a todo lo que vive con Mariquita, se puede apreciar una cierta evolución en él.

En la jornada tercera, Pérez y Pérez nos regala una especie de Downton Abbey a la española. Una vez más, cambiamos de espacio y llegamos hasta Barcelona para introducirnos en la casa de los Castejón y ver de primera mano la vida de los señores y sus criados.

Allí somos testigos de enamoramientos imposibles, celos, amistad entre clases... Además, volvemos a tener retazos del diario de Mariquita.

Como admiradora de las historias de época bien escritas que desarrollan un romance capaz de arrancar suspiros sin caer en la cursilería, me declaro desde ahora seguidora de este escritor y ya estoy a la búsqueda de otros libros suyos. Como en mis historias favoritas, el drama no es banal y los personajes deben atravesar dificultades antes del clímax esperado. Seguir su historia con ellos ha sido una de mis mejores experiencias lectoras de este año.  

La librería de las ilusiones

27/09/2026 

 

Curiosamente, el libro que hoy traigo comenzó su andadura en Corea como audiolibro dentro de Millie's Library. El éxito cosechado en dicha plataforma fue tal que se decidió llevarlo al formato e-book para, finalmente, saltar a la edición en papel.

A pesar de ser la primera novela de la surcoreana So Seo-rim, la popularidad alcanzada la ha llevado a distribuirse en más de diez países, entre ellos, España, a donde llegó en noviembre de 2024 en formato de tapa dura con sobrecubierta. El precio de esta edición es de 12,90 €. Casi un año después, en septiembre de 2025, la misma editorial lanzó una edición en bolsillo por 6,90 €. Ambas tienen 256 páginas. Además, cuenta con una versión en e-book.

A pesar de no haber vivido la misma acogida en nuestro país que en el suyo natal, la editorial ha apostado por traer también su segunda parte, La librería de las historias perdidas, que está a la venta desde agosto de 2026.

 

¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Tras recibir el enésimo rechazo editorial que parece romper su sueño de convertirse en autora de libros infantiles, Yeonseo decide salir a pasear por la montaña. Necesita tomar el aire, aclarar las ideas y relajarse.

Abstraída en sus pensamientos, se equivoca de camino y, perdida, se topa con Seoju, un hombre vestido de una manera muy extraña que la conduce a La Librería de las Ilusiones, un lugar especial al que sólo pueden acceder aquellos que se han perdido y necesitan reencontrarse.

Aquí no es obligatorio comprar nada, pero puedes ponerte cómodo y escuchar a Seoju narrar historia que lee de un singular libro. Estas, misteriosas e inquitantes, recuerdan a las fábulas y los cuentos de hadas antiguos y revelan con delicadeza ciertos detalles que sugieren que existe un vínculo entre ellas y la vida real del librero.

Página tras página, a medida que avanza el libro, los personajes se entrelazan y los misterios se desvelan. Yeonseo comienza a preguntarse si acaso ellos dos ya se habían conocido en el pasado, o en otra vida...

 

 ¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

Todos sabemos que el mercado editorial en España está saturadísimo y que cada semana lanzan innumerables novedades inasumibles por las librerías, por lo que se ven obligadas a ir devolviendo publicaciones recientes para hacer sitio en sus estanterías. En medio de este caos es normal que algunos títulos pasen desapercibidos, especialmente si no pertenecen a grandes editoriales  ni a autores con un nombre ya hecho. Creo que este es el caso de La librería de las ilusiones, puesto que no he visto a mucha gente hablando sobre él.

Nos llega de la mano de Newton Compton Editores, una editorial no tan conocida y con una actividad relativamente reciente en este país. Suele publicar  a escritores anónimos por estos lares, en ediciones con bonitas portadas, precios competitivos y con algunos errores ortotipográficos. Aunque, para ser justos, últimamente ha incorporado clásicos a su catálogo y me da la sensación de que poco a poco se va haciendo un hueco en las casas de los lectores.

Me gusta tener presentes las novedades de esta editorial desde que la conocía al toparme con un libro navideño de estilo Hallmark en una tiendecita de una estación de tren.

Cuando vi  La librería de las ilusiones en su catálogo por primera vez, supe inmediatamente que iba a comprarlo en cuanto se publicase. Existen una serie de temas que, en la ficción, me atraen desde siempre: los viajes en el tiempo, los universos paralelos y la reencarnación, y este libro gira en torno al último.

Los que hemos tenido la fortuna de escuchar cuentos en nuestra infancia sabemos que fórmulas como «érase una vez» o «hace mucho mucho tiempo» son poderosas. Encierran un hechizo que nos va a trasladar a otro mundo, uno en el que cualquier cosa es posible.

En cuanto abrimos este libro por la primera página, esa magia se libera y somos transportados a unas montañas y un bosque testigos de lo imposible en una época ya olvidada, pero cuando seguimos avanzando en la lectura, comprendemos que el tiempo no es igual para todos porque el pasado puede volverse presente y el presente, futuro, en una rueda sin fin. Todo puede suceder, porque las vidas humanas no son independientes; están entretejidas con la existencia de los dioses, los espíritus y otros seres del imaginario coreano, como los dokebi. 


«Los deseos no suelen cumplirse sólo por pedirlos, pero los humanos son devotos a sus dioses. Si rezan con todas sus fuerzas,puede que una deidad errante los escuche y les conceda su deseo. Claro que los deseos también podrían tomar un camino equivocado, porque los dioses no siempre entienden de criterios humanos».

Toda la acción destila misticismo, no sólo por la trama principal, sino por las leyendas narradas por el dueño de la librería. En ellas, los dioses castigan, sufren o intervienen de alguna manera en el destino de los seres humanos. Estas historias no están atrapadas en las palabras; hay algo más allá que las trasciende, algo que Yeonseo empieza a descubrir más pronto que tarde.

La atmósfera que construye So Seo-rim me recuerda sutilmente a la del manga Kamisama Hajimemashita, también conocido como Kamisama Kiss, aunque su trama transcurra por un camino diferente.

La ambientación no pretende señalar lugares reales concretos. Parece desarrollarse en Corea del Sur, pero no una Corea principalmente urbana y fácilmente identificable, sino una de leyenda donde un bosque puede contener mil y un misterios.

Como parte de ese encantamiento tenemos la librería del título, pero esta no es una librería común ni el eje que mueve los acontecimientos. No es un lugar de encuentro entre lectores, ni siquiera entre lectores y libros. Más que una librería como tal, es un refugio donde contar historias y alimentar anhelos, y no está destinada a cualquiera. También es un lugar de espera, porque sus escasos moradores viven para esperar. Esperan algo que forma parte de su propia fábula y sin lo cual conviven con un espacio interno vacío. Este se siente aún más acentuado por el aislamiento y la soledad que rodea la librería.


«Yeonseo escudriñó las estanterías comenzando por los libros más vendidos. Clásicos que había leído durante su infancia y otros títulos de autores noveles. Caminar entre libros era como recorrer otro mundo. Le gustaba esa sensación de haber llegado a un lugar estable y permanente, igual que todos esos libros clásicos que seguían a la venta tras tantos años. Le transmitía calma».

Aunque una nota de melancolía atraviese algunos pasajes, es un texto que se lee con gusto, siempre con el gusanillo de querer saber más, siempre con el deseo de que los personajes puedan darle la vuelta a su fortuna.

En lo referente al estilo literario, So Seo-rim es hija de su tiempo, aunque no sé hasta qué punto el problema es la traducción: prima la sencillez extrema, caracterizada por enunciados cortos, alteración y simplificación de las normas de puntuación para crear frases sin verbos y enumeraciones separadas por puntos en lugar de por comas, léxico de fácil comprensión, descripciones breves, etcétera. Reconozco que yo soy bastante purista de la gramática y el lenguaje literario, y fragmentar erróneamente con puntos lo que deberían ser oraciones copulativas, yuxtapuestas o subordinadas me parece uno de los grandes males de la literatura actual. Os dejo un ejemplo para que veáis esa falta de cohesión:

«Hay cosas que cambian con el tiempo. Emociones como el amor o el odio. O la inmensidad del universo, que sigue una trayectoria distinta a la humanidad. El acantilado ante sus ojos».

Por fortuna, no todo el libro es así y, finalmente, la autora consigue crear una ensoñación cuasi mágica que me ha robado el corazón. Sus palabras pueden ser sencillas, pero sabe donde ponerlas y cómo combinarlas para envolvernos en su narración usando la sensibilidad y la sensorialidad atmosférica.


No es una novela de desarrollo psicológico y se aleja del ingente número de libros de la llamada healing fiction en la que unos protagonistas asolados por sus problemas vitales deben hallar herramientas para alcanzar el bienestar mental. La librería de las ilusiones no expone a unos personajes cuyos conflictos sean de origen únicamente humano, por lo que la solución tampoco puedo serlo. Ese remedio no puede basarse sólo en valorar las pequeñas cosas, rodearse de personas que aporten paz ni encontrar nuevas motivaciones, es decir, todo aquello tan típico de ese tipo de libros. En este, en cambio, los personajes no tienen una 
evolución psicológica flagrante, porque el foco de atención se pone más bien en un pasado remoto que les ha conducido a la situación en la que se encuentran, en la que han influido, en parte, fuerzas ajenas y superiores a ellos mismos. También se prioriza el misterio sobre si es posible burlar a esas fuerzas o si, por el contrario, nuestros protagonistas deben permanecer condenados. Para mí, que buena parte de los libros de healing fiction que he leído resultan vacíos y repetitivos, este ha sido una grata sorpresa, totalmente diferente.

Yeonseo es una muchacha que persigue un sueño: quiere ser escritora de libros infantiles. El escollo con el que se topa es que no cree en los finales felices y los descarta en sus escritos. Se considera pragmática, como tantas personas en nuestro mundo, que opinan que cualquier obra de ficción positiva y a legre no es un reflejo de la realidad. Sin embargo, en el fondo de su alma, Yeonseo sí desea esos finales y sí los quiere en las historias que oye. No obstante, arrastra una sentencia de la que no es responsable.

Por su parte, Seoju es un hombre que debe pagar por su soberbia. Quiso burlar al destino en un momento en que el amor no entraba en sus planes, pero sus actos traicioneros y arrogantes se le volvieron en contra, y en la librería que le sirve de refugio vive cargado de culpa, siempre a la espera de otra oportunidad.


«Te esperaré aquí. Como siempre».

En esta obra de almas perdidas, amores eternos, nostalgia, bosques de leyenda, dioses anhelantes e historias a media voz hay luces y sombras. Como habréis podido comprobar en todo lo que ya he escrito, cuenta con defectos y virtudes, pero si lo ponemos todo en una balanza, esta se inclina, sin duda, a su favor.

La autora quiso que el final tuviera un tono poético con sabor a ocaso, pero, por suerte, después optó por escribir un segundo libro que estoy deseando leer.

He sentido La librería de las ilusiones como una novela muy especial, para almas sensibles y soñadoras que gusten de moverse entre la realidad y la fantasía. 

La princesa que hablaba con el viento

 26/08/2026


 

El título original de esta novela es The goose girl, aunque la editorial que la trajo a España decidió cambiarlo por La princesa que hablaba con el viento, lo que conlleva un pequeño destripe del contenido.

Se lanzó al mercado por primera vez en EE. UU. el 4 de agosto de 2003 gracias a la editorial Bloomsbury. Sin embargo, en España no vio la luz hasta el 22 de enero de 2009 en una traducción realizada por Noemí Risco Mateo para Ediciones Oniro, la cual incluyó la obra en su colección La Lámpara  Mágica.

Estamos ante la primera novela de su autora, Shannon Hale, y abre una saga, cuyos otros tres libros son  El fuego de Enna, Los secretos del río y Forest Born (nunca traducida oficialmente en España), aunque La princesa que hablaba con el viento puede leerse de forma independiente.

Hoy por hoy, la edición española se encuentra descatalogada, pero disponible en mercados de segunda mano.

Consta de 397 páginas, en las que están incluidas una guía de lectura y una entrevista a la escritora. 

 

¿De qué trata?:

Ani, una joven princesa, descubre durante su infancia que algunas personas poseen un don para comprender a los animales y, con ayuda de su tía, trata de desarrollarlo. Sin embargo, cuando crece, su tranquila vida y sus sencillos deseos llegan a su fin en el momento en que su madre decide casarla con el príncipe de un reino extranjero.

Al abandonar su país para aceptar un destino con el que no contaba, es víctima de un cruel engaño que la despoja de todo aquello que creía seguro. Es entonces cuando, disfrazada de cuidadora de gansos, conoce un nuevo mundo al que no había accedido jamás y donde debe valerse por sí misma para sobrevivir.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Esta novela tiene el regusto de la fantasía de antaño, aquella que podía leerse con una mirada limpia porque los protagonistas poseían un corazón noble y profundos valores, en la que podían dudar, pero no sucumbir, y tanto sus propósitos como sus medios eran honestos. Era una fantasía en la que se implicaban por igual lectores juveniles y adultos, porque aunque el protagonista no fuera perfecto, todos sabíamos que representaba aquello que es bueno y justo y lo normal era querer identificarnos con él o tomarlo como referente. Hablo de obras en las que el valor estaba acompañado del honor y el bien acababa siendo superior al mal.

La fantasía siempre ha tenido muchos matices y han existido obras para todas las edades y todo tipo de público, pero en los últimos años hemos asistido a una perversión de buena parte de este subgénero, donde novelas prácticamente pornográficas o, al menos, con sexo explícito escritas por adultos se han etiquetado erróneamente como fantasía juvenil y copan las estanterías junto con otros romances tóxicos y tórridos dirigidos, muchas veces, a menores. Además, esto está yendo aparejado de una abrumadora disminución de la calidad narrativa y de una vulgarización del lenguaje literario (no exclusivos sólo de la fantasía).

En esta sociedad hipersexualizada esto es lo que vende y lo que se promociona, porque, al fin y al cabo, las editoriales y las librerías son empresas y lo que prima a final de mes es el bolsillo.

Posiblemente este es uno de los motivos por los que este libro está descatalogado y no se vaya a reeditar. Una historia así ya casi no tendría cabida en el mercado, puesto que es demasiado compleja para un niño y demasiado inocente para un lector de fantasía erótica, a pesar de que es una novela muy elaborada no exenta de dureza, crueldad e injusticia.


Desde hace unos años se han puesto de moda las revisiones de los cuentos y leyendas clásicos, pero la norma parece consistir en tomar como punto de partida una idea muy vaga de su argumento principal e inventarse algo totalmente nuevo que se encamina por un rumbo distinto del original. Por eso me sorprendió lo fiel que es La princesa que hablaba con el viento. Absolutamente todos los elementos de La chica de los gansos están en ella. Shannon Hale respeta la versión de los Grimm manteniendo personajes y trama, pero amplía el mundo escueto del cuento para convertirlo en una novela con trasfondo y personajes principales redondos. No modifica; añade y enriquece, de manera que el resultado final es una versión extendida y mejorada.

Hay varios aspectos en los que se nota que la autora ha querido dotar de realismo a su fantasía, como por ejemplo que el escenario en el que se desarrollan los acontecimientos parezca prácticamente posible fuera del papel. Podría ser algún país europeo en una época con reminiscencias medievales. Asimismo, la magia presente en otros textos no es realmente magia aquí, en el sentido de que no es un poder sobrevenido, sino un don que debe trabajarse y desarrollarse. Aunque este don sólo es posible en una ficción fantástica, la autora lo envuelve en un halo más mundano, porque no se trata de una fuerza poderosa y mágica que emane de la protagonista, sino de tener una capacidad, un talento, para algo poco corriente y aprender poco a poco hasta lograr manejarlo con soltura. En el caso de Ani, al tratarse de una novela con fantasía, posee la facilidad para aprender a entender a algunas aves, pero también el lenguaje del viento. No surge de la noche a la mañana, sino que le supone un esfuerzo continuo hasta dominar esta habilidad, y tampoco se trata de una comunicación fluida como la que se da entre seres humanos, sino que, en el caso del viento, se basa en estímulos, sensaciones y pensamientos abstractos. Me ha parecido muy original y me ha encantado ver cómo se desarrollaba ese proceso.  

Al mismo tiempo que se explica que algunas personas poseen estas extrañas aptitudes, se habla de otras cuyo don es el de la palabra para con otros seres humanos, personas persuasivas cuya fuerza para manipular a sus congéneres mediante el lenguaje puede ser muy peligrosa, y en ello se aprecia una nueva conexión con el mundo real del que el lector forma parte.

Me fascina la importancia que este libro concede a las palabras y a la comunicación, pero no lo hace de un modo erudito y pedante, sino integrándolas sutilmente en una trama de guerra y fantasía como cualidades condicionantes de la vida de las personas. 

Además de lo dicho, tal como Shannon Hale plasma la historia, nos va envolviendo en una naturaleza que estamos dejando de lado y que, realmente, debería formar parte de nuestra vida. Nos conduce a la poesía que hay en el trino de las aves, la elegancia de los cisnes en su nado, las caricias del viento, la contemplación de las llamas en una chimenea...


«Ahora, fuera del camino, el bosque era agradable, verde como el trigo en primavera y, sin embargo, tan antiguo y denso como los libros de la biblioteca de palacio. Las ramas más altas luchaban contra el viento de la parte superior. Abajo, el rumor del río contestaba. Ani sintió que se movía en medio de una gran conversación entre el cielo y la tierra».

Un libro así no puede estar mal escrito. La autora no escribe con prisas y se toma tiempo para ir desentrañando los acontecimientos. La acción, por lo tanto, avanza despacio, de modo que vayamos viendo el mundo interior de Ani a la par que los cambios en el mundo exterior.

La prosa es cautivadora, a veces teñida de notas melancólicas y otras, descarnada por la dureza de los acontecimientos, pero no es complicada. El léxico es rico, sin caer en la artificiosidad, y los diálogos son sencillos, con frases más bien breves. Los momentos de tensión elevada no son continuos. Los hay y desencadenan el drama, pero el foco se pone principalmente en la magnitud del engaño que sufre la protagonista, sus dificultades para sobrevivir en el aislamiento y la disolución de su identidad, que tiene que perder para hallar quién es ella realmente.

En lo que respecta al romance, tan omnipresente en los libros actuales etiquetados como juveniles, en este caso es bastante anecdótico. No hace acto de presencia casi hasta el final y es un tema secundario. Con todo, el acercamiento entre los dos personajes es muy inocente y sin toxicidades.

A pesar de tratarse de un libro que ya cuenta con algunos años, para mí ha resultado un soplo de aire fresco en medio de un mercado saturado por obras clonadas.

Shannon Hale nos da una protagonista muy auténtica, una princesa que, sin olvidar cuál es su sitio, es tan plebeya como princesa; no una heroína de acción ni una guerrera, sino una muchacha casi corriente que se esfuerza por sobrevivir, por hallar su lugar y actuar con nobleza pese a los vaivenes que le depara la vida. Conocer su historia merece la pena. 

En las tierras altas

 30/07/2026

En las tierras altas es la tercera novela independiente de Heidi Kimball. Aunque se publicó originariamente en Estados Unidos en 2021, no llegó a España hasta 2023. Lo hizo de la mano de la editorial Libros de Seda, que cuenta en su haber con un amplio catálogo de romántica histórica.

El título original es Heart in the Highlands y cuenta con una secuela, también traducida al español por la misma editorial. No obstante, la obra da un final cerrado para los personajes principales. 


¿De qué trata?:

Callum Darrington, hijo del duque de Edinbane, se siente estupefacto cuando su padre le comunica sus planes de casarlo con una muchacha a la que jamás ha visto, lady Katherine, con el fin de asegurar la línea de sucesión. La elegida es nieta del conde de Hadleigh, un hombre enfermo que acepta el compromiso para no dejar sola a Katherine cuando llegue su final.
 
Pese a las renuencias iniciales, ambos jóvenes acaban cumpliendo con lo que consideran una obligación. Sin embargo, en sus primeros momentos juntos sienten una atracción con la que no contaban, pero Callum, empujado por una circunstancia familiar, toma una decisión que le rompe el corazón a su mujer y cambia el curso de su vida.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Este libro ha sido para mí un viaje por emociones muy intensas.

Los llamados clean romance suelen agradarme bastante porque ofrecen lo que yo busco en un romance literario: tiempo para que los protagonistas puedan crear una conexión creíble, escenas en las que se les permita conocerse sin prisas y que ayuden a ver el desarrollo de esos sentimientos que los van acercando. Me gusta ir viviendo la evolución de sus pensamientos a la par que ellos, ir notando los cambios en sus palabras, sus miradas, sus gestos...

A pesar de los problemas que se les puedan plantear a los personajes, su aproximación es, normalmente, un camino conocido para el lector de este tipo de novelas, incluso aunque comiencen por lo que normalmente sería la conclusión: la boda. No obstante, también es un lugar común que los personajes, por circunstancias de la vida, inicien su relación casándose y se conozcan en profundidad después, como sucede, por ejemplo, en La oferta de matrimonio y En busca de Perséfone. En las tierras altas encajaría en este grupo, pero con una vuelta de tuerca que lo hace más complejo y completo que otros títulos.

Esta novela no trata simplemente de dos extraños que son empujados a conocerse (en este caso, además, en contra de su voluntad), sino que están implicadas emociones graves y dañinas, como el rencor y el autodesprecio. No es una obra que encaje en el consabido tropo enemies to lovers; no es tan básica. Los protagonistas no se odian, incluso hay afinidad entre ellos al principio, pero en la vida todos podemos dar un mal paso y el problema viene cuando ese mal paso acaba arrastrando a otras personas a unas consecuencias irreversibles. De ahí procede el distanciamiento de esta pareja.

 





«Si esperaba a que una persona fuese perfecta para amarla, nunca amaría a nadie en absoluto».

Si la autora hubiese optado por lo fácil, podría haber sido el odio lo que hiciera avanzar la trama. Sin embargo, por fortuna ha elegido expandir su obra dándole una dimensión mayor, más real y humana. En una de las partes de esta pareja existe el desasosiego ante posibles cambios indeseados, el dolor causado por un hecho imprevisible, el sufrimiento por la soledad, la desconfianza, la sensación de humillación, el miedo a repetir la experiencia y, por supuesto, el rencor. En la otra parte, la vergüenza de sí mismo por haber obrado (aquí sí) por odio, la pérdida sufrida por las decisiones propias, la toma de conciencia de la magnitud de su error, la impotencia por no poder cambiar lo que ha hecho, el dolor por ser el causante de tanto mal.

Como imaginaréis, con un panorama así es realmente complicado que los protagonistas puedan amarse. En sus vidas deben recorrer un largo e intrincado camino en el que no puede haber final feliz si no se consigue un perdón que libere al corazón de sus cargas, y no me refiero sólo a un perdón mutuo, sino también a lo que, en ocasiones, es incluso más difícil: perdonarse a uno mismo.

Considero que otro acierto de la autora es que los dos personajes principales, Kate y Callum, tengan sus claroscuros. Aunque la decisión que desencadena el drama procede de él, ella  no está libre de toda culpa y también hace mucho daño con algunas de sus elecciones. Todo es tan tremendamente realista y terrenal que puedo entender a la perfección las motivaciones de ambos. Lo que hacen no lo hacen movidos por impulsos irracionales, sino que hay detrás una lógica sustentada por el orgullo, la dignidad y el miedo.


«Resultaba prácticamente imposible vivir el presente cuando una se angustiaba tanto por el pasado».

Kate me ha encantado como protagonista desde el principio: es decidida, a pesar de sus temores; vulnerable, pero no débil. A Callum me ha costado mucho más aceptarlo por la inmadurez y la inconsciencia que demuestra en varias ocasiones. No obstante, no tiene mal corazón, pese a todo, y es un hombre con principios, aunque sus motivaciones sean erróneas. Es quien más tiene que aprender y, por ello, sus esfuerzos son dignos de ser valorados. No está diseñado como un héroe de novela romántica, sino que representa las equivocaciones humanas, la lucha contra la carga que podemos llevar a cuestas y la posibilidad de redención.

Aunque existe algún tema secundario que aparece de forma esporádica, toda la obra gira principalmente en torno a una única trama, la relación entre Callum y Kate y la evolución de ambos. Se narra a lo largo de treinta y siete capítulos que culminan con un epílogo. A excepción de este, la novela al completo usa un narrador omnisciente en tercera persona en pasado. Sin embargo, en el epílogo se cambia a la primera persona del presente para dar, en mi opinión, un cierre perfecto a nuestros protagonistas, pero también para abrir nuevas puertas a una continuación con otro personaje.

La historia transcurre casi por completo en tierras escocesas, pero se circunscribe esencialmente al entorno de la mansión familiar de Callum, por lo que, en este sentido, resulta un mundo muy reducido. Esto nos ayuda a comprender parte de la angustia inicial de Kate, pero, como contrapunto, se percibe como una ambientación un tanto genérica, con paisajes verdes, lluvia, montañas, frío...

En las tierras altas es un romance blanco, sin escenas explícitas, pero la pasión existe y se plasma de un modo delicado y elegante. La prosa, como es común en otras autoras de este mismo subgénero, es ágil y fluida, asequible para cualquier lector, y cuenta con muchos diálogos.

En resumen, es una novela en la que el conflicto no se genera principalmente en el exterior, sino en el interior de los personajes. Las circunstancias externas pueden ser el detonante inicial que los ponga en acción, pero son las decisiones individuales las que dan pie a toda la problemática entre los personajes, lo que la convierte en una obra de crecimiento personal, de exploración individual que va pareja al conocimiento mutuo, y de la relevancia del perdón, tanto de ser capaz de otorgarlo como de obtenerlo.

La editorial nos dice que es una historia «al más puro estilo highlander», pero esta afirmación es totalmente desacertada. Está usada sólo como reclamo, pero salvo algunos paisajes escoceses, nada encontraremos aquí de las típicas sagas highlander. También creo que Libros de Seda revela en su sinopsis algo más de lo que deberíamos saber, así que mi consejo es no mirarla antes de leer el libro.

Te regalaré las estrellas

 28/06/2026

The givers of stars, traducido en su versión española como Te regalaré las estrellas, se publicó originalmente en inglés en octubre de 2019. En España, Suma de Letras lo lanzó al mercado apenas un mes después, tanto en papel, en una edición de 512 páginas, como en formato digital. Desde 2021 cuenta también con una edición en Debolsillo con ese mismo número de páginas. 

Mientras que la edición de Suma está a la venta por 20,90 €, la de bolsillo puede conseguirse por 11,95.

Se trata de la décimoquinta novela larga de Jojo Moyes, una autora que cuenta ya con una larga trayectoria y que se halla bastante consolidada en el mercado literario español.


¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Inspirada por la sed de aventuras y el deseo de abandonar la monotonía de Inglaterra, Alice Wright se enamora de un atractivo americano y toma la impulsiva decisión de aceptar su propuesta de matrimonio.

Pero su nueva vida en la pequeña y conservadora ciudad minera de Kentucky en la que Alice se instala con su marido y su autoritario suegro en medio de la Gran Depresión resulta aún más claustrofóbica. Hasta que conoce a Margery O'Hare. Independiente y deslenguada, Margery no ha pedido el permiso de un hombre para nada en toda su vida y ahora se ha propuesto llevar el milagro de los libros hasta el último rincón de la región.

A caballo, atravesando montañas y bosques salvajes, y a menudo luchando contra el prejuicio y la ignorancia, Alice, Margery y sus compañeras se convertirán en bibliotecarias itinerantes al tiempo que descubren la libertad, la amistad, el amor y una vida que por fin les pertenece.

 

 ¿Qué opino yo?(Sin destripes):

Escogí este libro de Jojo Moyes al azar porque no sabía muy bien qué leer. Parecía que no me apetecía ninguna novela y, como hasta ahora esta autora ha sido un acierto para mí, me decidí por ella, a pesar de no tener prácticamente ninguna referencia de este título.

Como ya comenté en la reseña de La casa de las olas, cuantas más obras de Moyes leo, con más claridad percibo lo mal catalogada que está. Aunque ha ganado algún premio como escritora de novela romántica, a mi juicio no se adapta a este subgénero, al menos con los libros que he leído hasta el momento. El amor no es el eje de sus tramas. De hecho, a veces ese amor ni siquiera acaba bien. Las 
vivencias de los protagonistas no se encaminan a desarrollarse mediante una relación sentimental, sino que en sus vidas afrontan un cúmulo de vicisitudes, algunas realmente traumáticas, que les empujan a crecer como individuos y, de fondo, en medio de esa vorágine de acontecimientos, pueden conectar con alguien a quien lleguen a amar, pero que no es imprescindible para su evolución. Dicho de otro modo, los personajes pueden encontrar apoyo en esa relación amorosa, pero se encuentran a sí mismos fuera de ella. De hecho, somo sucede también en El viaje de las novias, la relación más importante e interesante de este libro es la que protagonizan las cinco mujeres sobre las que gira la historia.

Aunque son personajes de ficción, estas muchachas se sienten muy reales, auténticas, en el sentido de que no siempre pueden con todo; pueden ser inseguras o indecisas; tienen fuerza de voluntad, aunque en ocasiones no sea suficiente; unas veces luchan y otras desean rendirse, pero siempre se apoyan las unas a las otras.


«Alice pensó en las palabras de Margery, unas palabras a las que llevaba días dándoles vueltas: "Siempre hay una solución para cualquier problema. Puede que sea desagradable. Puede que te haga sentir como si la tierra hubiera desaparecido bajo tus pies... Siempre hay una forma de salir"».

La trama se inicia con una prolepsis en la que una de estas protagonistas se ve involucrada sin esperarlo en un acontecimiento que, sin que ellas ni nosotros nos demos cuenta, se va enmarañando y tomando forma de una auténtica amenaza.

Después de este inicio tan agitado, la autora cambia de personaje y ritmo, y hasta de lugar brevemente, y vuelve a un punto anterior para contar los hechos en orden cronológico. 

Así, de golpe y porrazo, se nos presentan las dos mujeres más relevantes de la obra: Margery y Alice, dos mujeres que, en principio, no tienen nada que ver la una con la otra.

Como ya me sucedió en El viaje de las novias, he aprendido sobre hechos históricos que, aunque sin preponderancia en la historia universal, sí resultaron trascendentales para quienes los protagonizaron. En Te regalaré las estrellas, el hecho en cuestión fue igualmente importante para las comunidades que acogieron a esas personas. En el caso de este libro, me refiero concretamente a las bibliotecarias que en los EE. UU. de la primera mitad del siglo XX, concretamente durante la Gran Depresión, no dudaron en montar a caballo y asumir el riesgo de cabalgar por los bosques para acercar los libros a aquellas gentes más alejadas de las grandes poblaciones. Aunque la trama sea ficticia y los personajes inventados, la autora se inspira en ese hecho que sí fue real.

La novela, que se narra en veintiocho capítulos precedidos de un prólogo, transcurre casi en su totalidad (exceptuando alguna analepsis en Inglaterra) en Baileyville, un pueblo ficticio de Kentucky. El desencadenante inicial es la búsqueda de voluntarias para la biblioteca itinerante. Margery es quien ya tiene experiencia, pero no tarda en unírsele Alice, una inglesa que no logra encajar en la comunidad y cuyo reciente matrimonio hace aguas. 

Por diversas circunstancias, el grupo se completa con las incorporaciones de Izzy, Beth y Sophia. Entre todas logran un relato rico y representativo, pues no sólo afrontan las dificultades que conllevan la tarea que se han impuesto, sino que cada una vive su propia pugna personal que las convierte en seres complejos a los que queremos acompañar en su lucha y su evolución. Por ejemplo, Izzy comienza siendo una joven reacia y temerosa a causa de una discapacidad física; Beth es una muchacha con costumbres tradicionalmente masculinas que se siente atrapada en una casa habitada sólo por varones que exigen de ella un rol en el que no encaja; por último, Sophia es una mujer negra que se ve obligada a ocultarse para trabajar en la biblioteca y evitar de este modo conflictos raciales, a pesar de ser la más culta y capacitada para el desempeño de esta tarea.

Como dije más arriba, son Margery y Alice quienes tienen mayor peso y las que protagonizan los momentos más duros. La primera carga con el estigma de pertenecer a una familia conflictiva, pero a esa herencia se le suma su carácter terco y áspero, una reafirmación continua de su independencia, una rebeldía contra las normas morales y una libertad no siempre bien entendida.


«—A veces pienso que amas estas montañas tanto como yo. 

Alice dio una patada a una piedrecita con el tacón. 

—Creo que me gustan más que ningún otro sitio del mundo. Me siento… más yo aquí arriba. 

Margery la miró con una sonrisa cómplice. 

—Es lo que la gente no ve, encerrada en sus ciudades, con el ruido y el humo y las diminutas cajas que tienen por casas. Allí arriba se puede respirar. No se oyen las continuas conversaciones de las ciudades. No hay ojos mirándote, salvo los de Dios. Solo estás tú, los árboles, los pájaros, el río, el cielo y la libertad… Lo que hay allí arriba es bueno para el alma».


Alice, por su parte, se metió ella sola en su jaula al casarse con un estadounidense para escapar de un ambiente que le resultaba opresivo. Su drama se inicia cuando se percata de que ha cambiado una prisión por otra mucho peor, una en la que es agraviada y vejada. Eso hace que su batalla por encontrarse a sí misma y su recorrido hacia la autodeterminación sean tan difíciles para ella como atrayentes para el lector.

El ritmo narrativo es lento, especialmente en los primeros capítulos, cuya ausencia de acción me hizo temer que toda la novela girara únicamente en torno a las bibliotecarias llevándole libros a la gente, pero, por fortuna, no es así. La trama avanza despacio, o esa es la sensación que puede dar, porque lo cierto es que desde el principio se van generando situaciones cuyas consecuencias van dando la cara poco a poco hasta que se produce el gran estallido que los arrastra a todos por completo. Esto se entremezcla también con los problemas derivados del abuso al que son sometidos los trabajadores de la mina existente en
 la zona, cuyas vidas carecen de valor para el dueño, el poderoso Van Cleve, suegro de Alice.


El estilo de Jojo Moyes en esta novela parece haberse relajado un poco con respecto a algunas otras anteriores, aunque no puedo precisar hasta qué punto esto es así en el original o se debe a la traducción. Me refiero, en concreto, a alguna ocasión puntual en la que se usa la segunda persona en una apelación directa al receptor. Este es un rasgo de coloquialidad en el que no creo que deba caer un escritor cuya pretensión no sea que el narrador intervenga directamente para comunicar sus opiniones y pensamientos propios al lector, convirtiéndose así, no en personaje, pero sí en una entidad participativa dentro del relato. Como este no es el caso, esa segunda persona me sobra. Por fortuna, sucede poco y, con excepción del prólogo, todo el libro se narra en tercera persona con los tiempos verbales más propios de la narración: el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto simple, así que en este aspecto, nada que objetar.

Como vemos, aunque no es un libro completamente perfecto, sí resulta una buena lectura: amena, absorbente e instructiva. En ella están presentes el abuso de poder, el maltrato, el amor, la amistad femenina, los prejuicios, el racismo, la búsqueda de la libertad individual, la reafirmación de la propia identidad y el valor de la cultura.