La princesa que hablaba con el viento

 26/08/2026


 

El título original de esta novela es The goose girl, aunque la editorial que la trajo a España decidió cambiarlo por La princesa que hablaba con el viento, lo que conlleva un pequeño destripe del contenido.

Se lanzó al mercado por primera vez en EE. UU. el 4 de agosto de 2003 gracias a la editorial Bloomsbury. Sin embargo, en España no vio la luz hasta el 22 de enero de 2009 en una traducción realizada por Noemí Risco Mateo para Ediciones Oniro, la cual incluyó la obra en su colección La Lámpara  Mágica.

Estamos ante la primera novela de su autora, Shannon Hale, y abre una saga, cuyos otros tres libros son  El fuego de EnnaLos secretos del río y Forest Born (nunca traducida oficialmente en España), aunque La princesa que hablaba con el viento puede leerse de forma independiente.

Hoy por hoy, la edición española se encuentra descatalogada, pero disponible en mercados de segunda mano.

Consta de 397 páginas, en las que están incluidas una guía de lectura y una entrevista a la escritora. 

 

¿De qué trata?:

Ani, una joven princesa, descubre durante su infancia que algunas personas poseen un don para comprender a los animales y, con ayuda de su tía, trata de desarrollarlo. Sin embargo, cuando crece, su tranquila vida y sus sencillos deseos llegan a su fin en el momento en que su madre decide casarla con el príncipe de un reino extranjero.

Al abandonar su país para aceptar un destino con el que no contaba, es víctima de un cruel engaño que la despoja de todo aquello que creía seguro. Es entonces cuando, disfrazada de cuidadora de gansos, conoce un nuevo mundo al que no había accedido jamás y donde debe valerse por sí misma para sobrevivir.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Esta novela tiene el regusto de la fantasía de antaño, aquella que podía leerse con una mirada limpia porque los protagonistas poseían un corazón noble y profundos valores, en la que podían dudar, pero no sucumbir, y tanto sus propósitos como sus medios eran honestos. Era una fantasía en la que se implicaban por igual lectores juveniles y adultos, porque aunque el protagonista no fuera perfecto, todos sabíamos que representaba aquello que es bueno y justo y lo normal era querer identificarnos con él o tomarlo como referente. Hablo de obras en las que el valor estaba acompañado del honor y el bien acababa siendo superior al mal.

La fantasía siempre ha tenido muchos matices y han existido obras para todas las edades y todo tipo de público, pero en los últimos años hemos asistido a una perversión de buena parte de este subgénero, donde novelas prácticamente pornográficas o, al menos, con sexo explícito escritas por adultos se han etiquetado erróneamente como fantasía juvenil y copan las estanterías junto con otros romances tóxicos y tórridos dirigidos, muchas veces, a menores. Además, esto está yendo aparejado de una abrumadora disminución de la calidad narrativa y de una vulgarización del lenguaje literario (no exclusivos sólo de la fantasía).

En esta sociedad hipersexualizada esto es lo que vende y lo que se promociona, porque, al fin y al cabo, las editoriales y las librerías son empresas y lo que prima a final de mes es el bolsillo.

Posiblemente este es uno de los motivos por los que este libro está descatalogado y no se vaya a reeditar. Una historia así ya casi no tendría cabida en el mercado, puesto que es demasiado compleja para un niño y demasiado inocente para un lector de fantasía erótica, a pesar de que es una novela muy elaborada no exenta de dureza, crueldad e injusticia.


Desde hace unos años se han puesto de moda las revisiones de los cuentos y leyendas clásicos, pero la norma parece consistir en tomar como punto de partida una idea muy vaga de su argumento principal e inventarse algo totalmente nuevo que se encamina por un rumbo distinto del original. Por eso me sorprendió lo fiel que es La princesa que hablaba con el viento. Absolutamente todos los elementos de La chica de los gansos están en ella. Shannon Hale respeta la versión de los Grimm manteniendo personajes y trama, pero amplía el mundo escueto del cuento para convertirlo en una novela con trasfondo y personajes principales redondos. No modifica; añade y enriquece, de manera que el resultado final es una versión extendida y mejorada.

Hay varios aspectos en los que se nota que la autora ha querido dotar de realismo a su fantasía, como por ejemplo que el escenario en el que se desarrollan los acontecimientos parezca prácticamente posible fuera del papel. Podría ser algún país europeo en una época con reminiscencias medievales. Asimismo, la magia presente en otros textos no es realmente magia aquí, en el sentido de que no es un poder sobrevenido, sino un don que debe trabajarse y desarrollarse. Aunque este don sólo es posible en una ficción fantástica, la autora lo envuelve en un halo más mundano, porque no se trata de una fuerza poderosa y mágica que emane de la protagonista, sino de tener una capacidad, un talento, para algo poco corriente y aprender poco a poco hasta lograr manejarlo con soltura. En el caso de Ani, al tratarse de una novela con fantasía, posee la facilidad para aprender a entender a algunas aves, pero también el lenguaje del viento. No surge de la noche a la mañana, sino que le supone un esfuerzo continuo hasta dominar esta habilidad, y tampoco se trata de una comunicación fluida como la que se da entre seres humanos, sino que, en el caso del viento, se basa en estímulos, sensaciones y pensamientos abstractos. Me ha parecido muy original y me ha encantado ver cómo se desarrollaba ese proceso.  

Al mismo tiempo que se explica que algunas personas poseen estas extrañas aptitudes, se habla de otras cuyo don es el de la palabra para con otros seres humanos, personas persuasivas cuya fuerza para manipular a sus congéneres mediante el lenguaje puede ser muy peligrosa, y en ello se aprecia una nueva conexión con el mundo real del que el lector forma parte.

Me fascina la importancia que este libro concede a las palabras y a la comunicación, pero no lo hace de un modo erudito y pedante, sino integrándolas sutilmente en una trama de guerra y fantasía como cualidades condicionantes de la vida de las personas. 

Además de lo dicho, tal como Shannon Hale plasma la historia, nos va envolviendo en una naturaleza que estamos dejando de lado y que, realmente, debería formar parte de nuestra vida. Nos conduce a la poesía que hay en el trino de las aves, la elegancia de los cisnes en su nado, las caricias del viento, la contemplación de las llamas en una chimenea...


«Ahora, fuera del camino, el bosque era agradable, verde como el trigo en primavera y, sin embargo, tan antiguo y denso como los libros de la biblioteca de palacio. Las ramas más altas luchaban contra el viento de la parte superior. Abajo, el rumor del río contestaba. Ani sintió que se movía en medio de una gran conversación entre el cielo y la tierra».

Un libro así no puede estar mal escrito. La autora no escribe con prisas y se toma tiempo para ir desentrañando los acontecimientos. La acción, por lo tanto, avanza despacio, de modo que vayamos viendo el mundo interior de Ani a la par que los cambios en el mundo exterior.

La prosa es cautivadora, a veces teñida de notas melancólicas y otras, descarnada por la dureza de los acontecimientos, pero no es complicada. El léxico es rico, sin caer en la artificiosidad, y los diálogos son sencillos, con frases más bien breves. Los momentos de tensión elevada no son continuos. Los hay y desencadenan el drama, pero el foco se pone principalmente en la magnitud del engaño que sufre la protagonista, sus dificultades para sobrevivir en el aislamiento y la disolución de su identidad, que tiene que perder para hallar quién es ella realmente.

En lo que respecta al romance, tan omnipresente en los libros actuales etiquetados como juveniles, en este caso es bastante anecdótico. No hace acto de presencia casi hasta el final y es un tema secundario. Con todo, el acercamiento entre los dos personajes es muy inocente y sin toxicidades.

A pesar de tratarse de un libro que ya cuenta con algunos años, para mí ha resultado un soplo de aire fresco en medio de un mercado saturado por obras clonadas.

Shannon Hale nos da una protagonista muy auténtica, una princesa que, sin olvidar cuál es su sitio, es tan plebeya como princesa; no una heroína de acción ni una guerrera, sino una muchacha casi corriente que se esfuerza por sobrevivir, por hallar su lugar y actuar con nobleza pese a los vaivenes que le depara la vida. Conocer su historia merece la pena. 

En las tierras altas

 30/07/2026

En las tierras altas es la tercera novela independiente de Heidi Kimball. Aunque se publicó originariamente en Estados Unidos en 2021, no llegó a España hasta 2023. Lo hizo de la mano de la editorial Libros de Seda, que cuenta en su haber con un amplio catálogo de romántica histórica.

El título original es Heart in the Highlands y cuenta con una secuela, también traducida al español por la misma editorial. No obstante, la obra da un final cerrado para los personajes principales. 


¿De qué trata?:

Callum Darrington, hijo del duque de Edinbane, se siente estupefacto cuando su padre le comunica sus planes de casarlo con una muchacha a la que jamás ha visto, lady Katherine, con el fin de asegurar la línea de sucesión. La elegida es nieta del conde de Hadleigh, un hombre enfermo que acepta el compromiso para no dejar sola a Katherine cuando llegue su final.
 
Pese a las renuencias iniciales, ambos jóvenes acaban cumpliendo con lo que consideran una obligación. Sin embargo, en sus primeros momentos juntos sienten una atracción con la que no contaban, pero Callum, empujado por una circunstancia familiar, toma una decisión que le rompe el corazón a su mujer y cambia el curso de su vida.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Este libro ha sido para mí un viaje por emociones muy intensas.

Los llamados clean romance suelen agradarme bastante porque ofrecen lo que yo busco en un romance literario: tiempo para que los protagonistas puedan crear una conexión creíble, escenas en las que se les permita conocerse sin prisas y que ayuden a ver el desarrollo de esos sentimientos que los van acercando. Me gusta ir viviendo la evolución de sus pensamientos a la par que ellos, ir notando los cambios en sus palabras, sus miradas, sus gestos...

A pesar de los problemas que se les puedan plantear a los personajes, su aproximación es, normalmente, un camino conocido para el lector de este tipo de novelas, incluso aunque comiencen por lo que normalmente sería la conclusión: la boda. No obstante, también es un lugar común que los personajes, por circunstancias de la vida, inicien su relación casándose y se conozcan en profundidad después, como sucede, por ejemplo, en La oferta de matrimonio y En busca de Perséfone. En las tierras altas encajaría en este grupo, pero con una vuelta de tuerca que lo hace más complejo y completo que otros títulos.

Esta novela no trata simplemente de dos extraños que son empujados a conocerse (en este caso, además, en contra de su voluntad), sino que están implicadas emociones graves y dañinas, como el rencor y el autodesprecio. No es una obra que encaje en el consabido tropo enemies to lovers; no es tan básica. Los protagonistas no se odian, incluso hay afinidad entre ellos al principio, pero en la vida todos podemos dar un mal paso y el problema viene cuando ese mal paso acaba arrastrando a otras personas a unas consecuencias irreversibles. De ahí procede el distanciamiento de esta pareja.

 





«Si esperaba a que una persona fuese perfecta para amarla, nunca amaría a nadie en absoluto».

Si la autora hubiese optado por lo fácil, podría haber sido el odio lo que hiciera avanzar la trama. Sin embargo, por fortuna ha elegido expandir su obra dándole una dimensión mayor, más real y humana. En una de las partes de esta pareja existe el desasosiego ante posibles cambios indeseados, el dolor causado por un hecho imprevisible, el sufrimiento por la soledad, la desconfianza, la sensación de humillación, el miedo a repetir la experiencia y, por supuesto, el rencor. En la otra parte, la vergüenza de sí mismo por haber obrado (aquí sí) por odio, la pérdida sufrida por las decisiones propias, la toma de conciencia de la magnitud de su error, la impotencia por no poder cambiar lo que ha hecho, el dolor por ser el causante de tanto mal.

Como imaginaréis, con un panorama así es realmente complicado que los protagonistas puedan amarse. En sus vidas deben recorrer un largo e intrincado camino en el que no puede haber final feliz si no se consigue un perdón que libere al corazón de sus cargas, y no me refiero sólo a un perdón mutuo, sino también a lo que, en ocasiones, es incluso más difícil: perdonarse a uno mismo.

Considero que otro acierto de la autora es que los dos personajes principales, Kate y Callum, tengan sus claroscuros. Aunque la decisión que desencadena el drama procede de él, ella  no está libre de toda culpa y también hace mucho daño con algunas de sus elecciones. Todo es tan tremendamente realista y terrenal que puedo entender a la perfección las motivaciones de ambos. Lo que hacen no lo hacen movidos por impulsos irracionales, sino que hay detrás una lógica sustentada por el orgullo, la dignidad y el miedo.


«Resultaba prácticamente imposible vivir el presente cuando una se angustiaba tanto por el pasado».

Kate me ha encantado como protagonista desde el principio: es decidida, a pesar de sus temores; vulnerable, pero no débil. A Callum me ha costado mucho más aceptarlo por la inmadurez y la inconsciencia que demuestra en varias ocasiones. No obstante, no tiene mal corazón, pese a todo, y es un hombre con principios, aunque sus motivaciones sean erróneas. Es quien más tiene que aprender y, por ello, sus esfuerzos son dignos de ser valorados. No está diseñado como un héroe de novela romántica, sino que representa las equivocaciones humanas, la lucha contra la carga que podemos llevar a cuestas y la posibilidad de redención.

Aunque existe algún tema secundario que aparece de forma esporádica, toda la obra gira principalmente en torno a una única trama, la relación entre Callum y Kate y la evolución de ambos. Se narra a lo largo de treinta y siete capítulos que culminan con un epílogo. A excepción de este, la novela al completo usa un narrador omnisciente en tercera persona en pasado. Sin embargo, en el epílogo se cambia a la primera persona del presente para dar, en mi opinión, un cierre perfecto a nuestros protagonistas, pero también para abrir nuevas puertas a una continuación con otro personaje.

La historia transcurre casi por completo en tierras escocesas, pero se circunscribe esencialmente al entorno de la mansión familiar de Callum, por lo que, en este sentido, resulta un mundo muy reducido. Esto nos ayuda a comprender parte de la angustia inicial de Kate, pero, como contrapunto, se percibe como una ambientación un tanto genérica, con paisajes verdes, lluvia, montañas, frío...

En las tierras altas es un romance blanco, sin escenas explícitas, pero la pasión existe y se plasma de un modo delicado y elegante. La prosa, como es común en otras autoras de este mismo subgénero, es ágil y fluida, asequible para cualquier lector, y cuenta con muchos diálogos.

En resumen, es una novela en la que el conflicto no se genera principalmente en el exterior, sino en el interior de los personajes. Las circunstancias externas pueden ser el detonante inicial que los ponga en acción, pero son las decisiones individuales las que dan pie a toda la problemática entre los personajes, lo que la convierte en una obra de crecimiento personal, de exploración individual que va pareja al conocimiento mutuo, y de la relevancia del perdón, tanto de ser capaz de otorgarlo como de obtenerlo.

La editorial nos dice que es una historia «al más puro estilo highlander», pero esta afirmación es totalmente desacertada. Está usada sólo como reclamo, pero salvo algunos paisajes escoceses, nada encontraremos aquí de las típicas sagas highlander. También creo que Libros de Seda revela en su sinopsis algo más de lo que deberíamos saber, así que mi consejo es no mirarla antes de leer el libro.

Te regalaré las estrellas

 28/06/2026

The givers of stars, traducido en su versión española como Te regalaré las estrellas, se publicó originalmente en inglés en octubre de 2019. En España, Suma de Letras lo lanzó al mercado apenas un mes después, tanto en papel, en una edición de 512 páginas, como en formato digital. Desde 2021 cuenta también con una edición en Debolsillo con ese mismo número de páginas. 

Mientras que la edición de Suma está a la venta por 20,90 €, la de bolsillo puede conseguirse por 11,95.

Se trata de la décimoquinta novela larga de Jojo Moyes, una autora que cuenta ya con una larga trayectoria y que se halla bastante consolidada en el mercado literario español.


¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Inspirada por la sed de aventuras y el deseo de abandonar la monotonía de Inglaterra, Alice Wright se enamora de un atractivo americano y toma la impulsiva decisión de aceptar su propuesta de matrimonio.

Pero su nueva vida en la pequeña y conservadora ciudad minera de Kentucky en la que Alice se instala con su marido y su autoritario suegro en medio de la Gran Depresión resulta aún más claustrofóbica. Hasta que conoce a Margery O'Hare. Independiente y deslenguada, Margery no ha pedido el permiso de un hombre para nada en toda su vida y ahora se ha propuesto llevar el milagro de los libros hasta el último rincón de la región.

A caballo, atravesando montañas y bosques salvajes, y a menudo luchando contra el prejuicio y la ignorancia, Alice, Margery y sus compañeras se convertirán en bibliotecarias itinerantes al tiempo que descubren la libertad, la amistad, el amor y una vida que por fin les pertenece.

 

 ¿Qué opino yo?(Sin destripes):

Escogí este libro de Jojo Moyes al azar porque no sabía muy bien qué leer. Parecía que no me apetecía ninguna novela y, como hasta ahora esta autora ha sido un acierto para mí, me decidí por ella, a pesar de no tener prácticamente ninguna referencia de este título.

Como ya comenté en la reseña de La casa de las olas, cuantas más obras de Moyes leo, con más claridad percibo lo mal catalogada que está. Aunque ha ganado algún premio como escritora de novela romántica, a mi juicio no se adapta a este subgénero, al menos con los libros que he leído hasta el momento. El amor no es el eje de sus tramas. De hecho, a veces ese amor ni siquiera acaba bien. Las 
vivencias de los protagonistas no se encaminan a desarrollarse mediante una relación sentimental, sino que en sus vidas afrontan un cúmulo de vicisitudes, algunas realmente traumáticas, que les empujan a crecer como individuos y, de fondo, en medio de esa vorágine de acontecimientos, pueden conectar con alguien a quien lleguen a amar, pero que no es imprescindible para su evolución. Dicho de otro modo, los personajes pueden encontrar apoyo en esa relación amorosa, pero se encuentran a sí mismos fuera de ella. De hecho, somo sucede también en El viaje de las novias, la relación más importante e interesante de este libro es la que protagonizan las cinco mujeres sobre las que gira la historia.

Aunque son personajes de ficción, estas muchachas se sienten muy reales, auténticas, en el sentido de que no siempre pueden con todo; pueden ser inseguras o indecisas; tienen fuerza de voluntad, aunque en ocasiones no sea suficiente; unas veces luchan y otras desean rendirse, pero siempre se apoyan las unas a las otras.


«Alice pensó en las palabras de Margery, unas palabras a las que llevaba días dándoles vueltas: "Siempre hay una solución para cualquier problema. Puede que sea desagradable. Puede que te haga sentir como si la tierra hubiera desaparecido bajo tus pies... Siempre hay una forma de salir"».

La trama se inicia con una prolepsis en la que una de estas protagonistas se ve involucrada sin esperarlo en un acontecimiento que, sin que ellas ni nosotros nos demos cuenta, se va enmarañando y tomando forma de una auténtica amenaza.

Después de este inicio tan agitado, la autora cambia de personaje y ritmo, y hasta de lugar brevemente, y vuelve a un punto anterior para contar los hechos en orden cronológico. 

Así, de golpe y porrazo, se nos presentan las dos mujeres más relevantes de la obra: Margery y Alice, dos mujeres que, en principio, no tienen nada que ver la una con la otra.

Como ya me sucedió en El viaje de las novias, he aprendido sobre hechos históricos que, aunque sin preponderancia en la historia universal, sí resultaron trascendentales para quienes los protagonizaron. En Te regalaré las estrellas, el hecho en cuestión fue igualmente importante para las comunidades que acogieron a esas personas. En el caso de este libro, me refiero concretamente a las bibliotecarias que en los EE. UU. de la primera mitad del siglo XX, concretamente durante la Gran Depresión, no dudaron en montar a caballo y asumir el riesgo de cabalgar por los bosques para acercar los libros a aquellas gentes más alejadas de las grandes poblaciones. Aunque la trama sea ficticia y los personajes inventados, la autora se inspira en ese hecho que sí fue real.

La novela, que se narra en veintiocho capítulos precedidos de un prólogo, transcurre casi en su totalidad (exceptuando alguna analepsis en Inglaterra) en Baileyville, un pueblo ficticio de Kentucky. El desencadenante inicial es la búsqueda de voluntarias para la biblioteca itinerante. Margery es quien ya tiene experiencia, pero no tarda en unírsele Alice, una inglesa que no logra encajar en la comunidad y cuyo reciente matrimonio hace aguas. 

Por diversas circunstancias, el grupo se completa con las incorporaciones de Izzy, Beth y Sophia. Entre todas logran un relato rico y representativo, pues no sólo afrontan las dificultades que conllevan la tarea que se han impuesto, sino que cada una vive su propia pugna personal que las convierte en seres complejos a los que queremos acompañar en su lucha y su evolución. Por ejemplo, Izzy comienza siendo una joven reacia y temerosa a causa de una discapacidad física; Beth es una muchacha con costumbres tradicionalmente masculinas que se siente atrapada en una casa habitada sólo por varones que exigen de ella un rol en el que no encaja; por último, Sophia es una mujer negra que se ve obligada a ocultarse para trabajar en la biblioteca y evitar de este modo conflictos raciales, a pesar de ser la más culta y capacitada para el desempeño de esta tarea.

Como dije más arriba, son Margery y Alice quienes tienen mayor peso y las que protagonizan los momentos más duros. La primera carga con el estigma de pertenecer a una familia conflictiva, pero a esa herencia se le suma su carácter terco y áspero, una reafirmación continua de su independencia, una rebeldía contra las normas morales y una libertad no siempre bien entendida.


«—A veces pienso que amas estas montañas tanto como yo. 

Alice dio una patada a una piedrecita con el tacón. 

—Creo que me gustan más que ningún otro sitio del mundo. Me siento… más yo aquí arriba. 

Margery la miró con una sonrisa cómplice. 

—Es lo que la gente no ve, encerrada en sus ciudades, con el ruido y el humo y las diminutas cajas que tienen por casas. Allí arriba se puede respirar. No se oyen las continuas conversaciones de las ciudades. No hay ojos mirándote, salvo los de Dios. Solo estás tú, los árboles, los pájaros, el río, el cielo y la libertad… Lo que hay allí arriba es bueno para el alma».


Alice, por su parte, se metió ella sola en su jaula al casarse con un estadounidense para escapar de un ambiente que le resultaba opresivo. Su drama se inicia cuando se percata de que ha cambiado una prisión por otra mucho peor, una en la que es agraviada y vejada. Eso hace que su batalla por encontrarse a sí misma y su recorrido hacia la autodeterminación sean tan difíciles para ella como atrayentes para el lector.

El ritmo narrativo es lento, especialmente en los primeros capítulos, cuya ausencia de acción me hizo temer que toda la novela girara únicamente en torno a las bibliotecarias llevándole libros a la gente, pero, por fortuna, no es así. La trama avanza despacio, o esa es la sensación que puede dar, porque lo cierto es que desde el principio se van generando situaciones cuyas consecuencias van dando la cara poco a poco hasta que se produce el gran estallido que los arrastra a todos por completo. Esto se entremezcla también con los problemas derivados del abuso al que son sometidos los trabajadores de la mina existente en
 la zona, cuyas vidas carecen de valor para el dueño, el poderoso Van Cleve, suegro de Alice.


El estilo de Jojo Moyes en esta novela parece haberse relajado un poco con respecto a algunas otras anteriores, aunque no puedo precisar hasta qué punto esto es así en el original o se debe a la traducción. Me refiero, en concreto, a alguna ocasión puntual en la que se usa la segunda persona en una apelación directa al receptor. Este es un rasgo de coloquialidad en el que no creo que deba caer un escritor cuya pretensión no sea que el narrador intervenga directamente para comunicar sus opiniones y pensamientos propios al lector, convirtiéndose así, no en personaje, pero sí en una entidad participativa dentro del relato. Como este no es el caso, esa segunda persona me sobra. Por fortuna, sucede poco y, con excepción del prólogo, todo el libro se narra en tercera persona con los tiempos verbales más propios de la narración: el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto simple, así que en este aspecto, nada que objetar.

Como vemos, aunque no es un libro completamente perfecto, sí resulta una buena lectura: amena, absorbente e instructiva. En ella están presentes el abuso de poder, el maltrato, el amor, la amistad femenina, los prejuicios, el racismo, la búsqueda de la libertad individual, la reafirmación de la propia identidad y el valor de la cultura.

Maribel y la extraña familia

 29/05/2026

 

Miguel Mihura escribió Maribel y la extraña familia en 1959 y ese mismo año, concretamente el 29 de septiembre, se estrenó en el teatro Infanta Beatriz de Madrid, ya extinto. Desde ese mismo momento conoció un amplio éxito, hasta tal punto que en 1960 se llevó al cine por primera vez. El propio Mihura participó en la redacción del guion.

El texto original ha conocido multitud de ediciones. Hoy por hoy podemos encontrarlo en Austral, Vicens Vives, Castalia y Cátedra por un precio que ronda en torno a los diez euros. 

 

¿De qué trata?:

Marcelino, dueño de una fábrica de chocolatinas en un pequeño pueblo de Cuenca, decide que quiere casarse y para buscar novia se marcha junto con su madre, Matilde, a Madrid, donde reside su tía Paula. Los tres están de acuerdo en que Marcelino, apocado y retraído, necesita una muchacha alegre y moderna que pueda animarle el carácter. Sin embargo, en su ingenuidad, se fija en una bonita joven que le sonríe en un bar y no puede ni imaginarse que la elegida de su corazón es, en realidad, una prostituta.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Durante la década de los años 50 del siglo XX, España vivía inmersa en la dictadura franquista, que supuso un obstáculo para la libertad creativa, pues la maquinaria censora del régimen campaba a sus anchas y, para sortearla, los autores debían hacer un ejercicio no solamente de valentía, sino también de ingenio. Además, la injerencia del gobierno de Franco en el mundo cultural llevó a los empresarios teatrales a mantener una conducta prudente con la que evitar el escándalo, por lo que sentían rechazo hacia la innovación y apostaban por obras más convencionales y de argumentos previsibles.

Por todo lo anterior, grandes figuras de la escena teatral española como Enrique Jardiel Poncela y Antonio Buero Vallejo se toparon con importantes dificultades para que algunas de sus creaciones fueran aceptadas. También Mihura las tuvo, aunque más por las peculiaridades de su humor y el tratamiento que hacía de algunos temas delicados.

En este contexto complejo en el que los autores se hallaban sumidos, cobró mucha fuerza un tercer elemento en discordia, el cine, considerado un potente competidor por su capacidad para ocupar el espacio destinado al entretenimiento de masas. No obstante, la convivencia entre ambos medios artísticos terminó siendo posible. Incluso, en ocasiones, el texto teatral se vio influido por el ritmo del guion cinematográfico.

Las tendencias teatrales divergieron, lo que dio origen a dos corrientes principales, una seria y otra cómica que buscaba la crítica mediante el humor y el absurdo. Próximos a este segundo grupo, Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela rompieron los esquemas tradicionales de comicidad y alcanzaron la cota más alta del teatro español humorístico. 

Poncela estructuró su teatro sobre lo inverosímil y el vodevil, mientras que el rechazo de Mihura por los convencionalismos sociales se basaba en situaciones más asentadas en el espacio cotidiano. Es ahí donde se inserta Maribel y la extraña familia, una obra que, como ya recomendó Lope de Vega en el Arte nuevo de hacer comedias tres siglos antes, se estructura en tres actos, correspondientes a planteamiento, nudo y desenlace.

En ellos conocemos una considerable variedad de personajes que representan diversas escalas sociales, pero también morales, y no siempre hay una correlación directa. Sirven a Miguel Mihura como muestrario de la desigualdad, la hipocresía, el idealismo y la desconsideración hacia la bondad ajena, temas todos ellos serios y relevantes, aunque planteados en estas páginas desde la sátira y la ironía.


«Lo que pasa es que ahora a las personas inocentes y buenas se las llama locas o maniáticas, porque la verdadera bondad, por ser poco corriente, no la comprende nadie».

La excentricidad, presente desde el principio, se une a los ingredientes antes mencionados para dar lugar a un humor mordaz que nos descubre un texto inteligente: crítico a la par que divertido, intrigante al mismo tiempo que conmovedor. 

El tema, el amor entre una prostituta y un ingenuo hombre adinerado, resultaba a todas luces escandaloso e inmoral para la época, pero el talento del autor, con sus sutilezas, juegos de palabras y dobles sentidos, le ganó la partida a la censura.

Como todos sabemos, el género dramático está sometido a condicionamientos distintos de los del narrativo, por lo que un cambio psicológico o de circunstancias se observa con el paso de un acto a otro. Así pues, mientras que en el primer acto nos son presentados muchos personajes y hay simpatiquísimos equívocos entre ellos, en el segundo se profundiza en un posible misterio que ya venía planeando de forma casi imperceptible.

La acción comienza en el pisito madrileño de doña Paula, una anciana de lo más peculiar que lleva sin salir a la calle cincuenta años, pero no es una suerte de señorita Havisham ni de lejos, sino una mujer que ha construido su propia manera de ser feliz. Escucha jazz, recibe visitas previo pago para poder contar lo que necesite sin tener que molestarse en dar reciprocidad y cuida de su querida cotorra, además de que siente gran admiración por todo lo que cree moderno, como le sucede a su hermana, doña Matilde.

En esta primera parte se revela que esta última ha viajado desde el pueblecito de Cuenca en el que reside para visitar junto con su hijo, Marcelino, a Paula, y que él pueda encontrar una novia moderna que le dé alegría. Todos quieren una chica con desparpajo, que se ría mucho, que fume... Total, una chica que represente un cambio de aires muy deseado. Ahí es donde entra en escena Maribel, que no sabe nada de todo esto, pero que reúne todas esas características. Marcelino queda prendado al instante de ella porque, en su ingenuidad, no supo interpretar el auténtico motivo de que ella lo mirara y le sonriera en un bar. Aquí, obviamente, se empieza a montar un lío de narices, ya que mientras que para Maribel él es un cliente, Marcelino cree estar iniciando una relación que culminará en boda, y no se le ocurre otra cosa que invitarla al piso. Allí acude ella con la intención de ejercer su oficio, pero lo que él tenía en mente era presentarle por sorpresa a su madre y su tía, que se muestran encantadísimas.

Estas primeras escenas son hilarantes por toda la confusión, con una Maribel totalmente desconcertada al ver a unas ancianas tan efusivas y felices por el hecho de que su hijo y sobrino haya llevado a casa a una prostituta y quiera casarse con ella.

Mi personaje preferido en este caso es Maribel. Ella es quien experimenta los cambios más importantes y me ha resultado muy entrañable cuando va mostrando su deseo de ser aceptada y amada. Comienza a verse a través de los ojos de Marcelino y a creer que puede ser como cualquier otra mujer digna de amor. Sin embargo, el miedo a que el sueño se rompa siempre está presente.

Todo se complica más con la entrada en escena de las compañeras de trabajo y amigas de Maribel, que con sus comentarios y teorías rocambolescas sobre un posible secreto de Marcelino contribuyen en gran medida a los momentos de más humorísticos.

El libro plantea también una idea interesante: cómo las personas bondadosas o ingenuas son muchas veces malinterpretadas. En ocasiones, la gente se resiste a creer que exista alguien con un corazón tan puro; o bien no lo entienden o bien lo envidian, y pueden burlarse, aprovecharse de esa persona o ponerla en entredicho, como sucede aquí con Paula, Matilde y Marcelino.

En mi opinión, estamos ante una obra esperanzadora que nos transmite que, sean cuales sean las circunstancias, es nuestra elección quedarnos estancados en lo que hemos sido o avanzar hacia aquello que podemos llegar a ser.

El final puede gustar más o menos, pero, sin duda, daría lugar a un buen debate. 

Villa Vitoria

 03/05/2026

 
 
Villa Vitoria, publicada por primera vez en el Reino Unido en 1949 y cuyo título original es Vittoria Cottage, es la vigésimocuarta novela de su autora. Se trata del inicio de una trilogía cuyas continuaciones son Music in the hills y Winter and Rough Weather, inéditas en España.
 
Alba Editorial se hizo cargo de la traducción en nuestro país de Villa Vitoria y su consiguiente publicación en 2016. Por ahora, en el mercado editorial patrio existe la saga completa de la señorita Buncle, Las cuatro graciasAmberwell y, con fecha próxima de publicación, Summerhills.

¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Cerca de Wandlebury, el pueblo en torno al cual gira la saga de la señorita Buncle y Las cuatro Gracias, hay otro pueblecito, Ashbridge, donde la gente «tiene algo isabelino» y es «sencilla y valiente». En las afueras se alza Villa Vitoria, que un capitán mandó construir «después de luchar en la batalla de Vitoria y contribuir a la expulsión de José Bonaparte de España». Ahora esta romántica casa de campo es famosa por su jardín florido y por la hospitalidad y buen humor de su residente, Caroline Dering, viuda de un hombre a quien solo se recuerda por su antipatía y fatalismo, y madre de tres hijos. 

Corren los tiempos de la inmediata posguerra: las heridas de la Segunda Guerra Mundial aún no han cicatrizado, el racionamiento limita la vida e impone el ingenio o la resignación, y el pueblo sirve de refugio a seres atormentados por la reciente experiencia, como el señor Shepperton, que se instala en la posada del pueblo con un trágico y misterioso pasado a cuestas. El señor Shepperton hace buenas migas enseguida con la señora Dering … pero ésta no cuenta con que la llegada de su hermana Harriet, célebre actriz de los escenarios londinenses, pueda complicar las cosas. En Villa Vitoria (1949) volvemos a encontrar el gusto de D. E. Stevenson por la comedia campestre y por las «dificultades» de pequeños personajes que «se parecían mucho a las del ancho mundo, pero vistas desde el otro lado del telescopio».

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

Mi primer libro de Dorothy Emily Stevenson  y qué bonita ha sido su lectura. Hace unos días que lo terminé y estoy echando de menos sumergirme en él. 

Es una novela que invita a la alegría y al optimismo, pese a los problemas y las preocupaciones, y por eso he iniciado mis mañanas con ella mientras tomaba un desayuno sano y delicioso.

Esta autora no existió para mí hasta que Alba Editorial vio su calidad y tradujo para nosotros El libro de la señorita Buncle. Entonces, en la época en la que los blogs estaban en plena ebullición, observé que mucha gente se lanzó a ella con entusiasmo, pero, en mi caso, tenía otras prioridades más urgentes y, desde el punto de vista más superficial, su portada tampoco ayudó a que me entrara por el ojo lo suficiente como para añadirla entre mis lecturas de entonces. Además, mi desastrosa experiencia con otras obras también catalogadas como comedia rural (Cluny Brown) y bien valoradas por otros lectores me condujo a alejarme del género, por lo que he tardado mucho en darle una oportunidad a la señora Stevenson. Finalmente, ha sido con uno de sus libros de publicación posterior en España y críticas aun más entusiastas que el de la señorita Buncle.

Sin embargo, no sé por qué motivo estaba convencida de que el libro que nos ocupa hoy había sido publicado en nuestro país no hace muchos años y, a la hora de fijarme bien en la fecha de salida para tenerla en cuenta en esta reseña, he comprobado que tuvo lugar en realidad en 2016, cuestión que ha desinflado mis ánimos en un pispás, puesto que si en diez años la editorial no ha tenido a bien obsequiarnos con el resto de la trilogía, es harto difícil que lo haga ya.

Es una auténtica lástima que sea así, pues es imposible cansarse de Ashbridge y su comunidad. No puedo arrepentirme de haber leído algo tan bello, pero, en cierto modo, resulta abrumador tener que despedirse de estos personajes de forma tan abrupta, ya que algunas de las tramas quedan abiertas, aunque la principal puede cerrarse en nuestra mente con un poco de imaginación. 

La voz narrativa de D. E. Stevenson se siente como una amiga que va susurrando una historia envuelta por el trino de los pájaros, una historia intimista y cotidiana. Todo comienza con la propia Villa Vitoria, una casa situada en un pequeño pueblo de la campiña, Ashbridge, y que va pasando por diferentes propietarios que la modifican y mutilan a su gusto. Así pues, resulta un hogar con costuras, reflejo de personajes de carne y hueso que también las tienen; algunos, superficiales y otros se han roto por entero y deben recomponerse. Sin embargo, Villa Vitoria es un libro de resiliencia y de sanación, por lo que todas sus verdades son amables: que siempre habrá alguien que le tienda la mano a quien lo necesite, que un plato de comida en la mesa y el calor del fuego en buena compañía son una bendición y que, aunque a veces esté bien salir de la rutina, no se necesita una nueva sorpresa cada día para sentirse a gusto.


«A veces pienso que a lo mejor ganaríamos algo si todo el mundo, todos y cada uno de nosotros, hiciera todo lo que estuviera en su mano para que un rincón del mundo fuera más feliz».

Durante la lectura puede generarse una sensación de añoranza por un tipo de vida calmo y sereno en un pueblo idealizado, pues así es como se presenta Ashbridge. Sus habitantes se conocen bien y muchos de ellos ofrecen ayuda y apoyo al resto si así lo necesitan. Pese a todo, siempre hay alguna nota discordante, algún vecino más cascarrabias, pero aquí eso sirve para aportar variedad y otorgar matices a los personajes, especialmente a nuestra protagonista, Caroline, quien demuestra constantemente tener un gran corazón, pero no puede evitar un fuerte rechazo por la desagradable señora Meldrum.

Los días de Caroline transcurren apaciblemente con actividades corrientes: recogiendo moras, cuidando su jardín, atendiendo a sus hijos, cumpliendo sus compromisos sociales y colaborando con amigos y vecinos. Es una protagonista que, por norma general, lo tiene fácil para conquistar al lector; es amable, sensible, generosa y cariñosa, aunque con una pequeña tendencia a imaginar posibilidades negativas futuras, por lo que para ella es indispensable la existencia de otros personajes  que son su complemento y contrapunto y que añaden más riqueza a la obra, como su inquieta hermana Harriet, con quien al final también es inevitable encariñarse y empatizar.

Es precisamente la trama de ambas hermanas y del insondable Robert Shepperton, un añadido muy interesante el pequeño mundo de Villa Vitoria, la que queda más o menos cerrada. Robert, por su parte, es quien mejor le sirve a la autora para reflejar las consecuencias humanas de la guerra. En general, estas no se obvian, pero Stevenson no las expone de manera flagrante con la intención de recrearse en el dolor, sino como parte de ese tejido vital que ha de buscar el modo de cicatrizar.


«Decía que las cosas iban de mal en peor y tenía razón, desde luego... Pero pasarlo mal no sirve para nada; sufrir por las desgracias que suceden no sirve para evitarlas o arreglarlas, simplemente tapan el sol. Cada vez que Arnold hablaba con alguien, lo preocupaba cada vez más y al final todos se iban como si llevaran a cuestas todas las catástrofes del mundo, abrumados bajo el peso de la carga. Y con semejante estado de ánimo, ¿quién tiene fuerzas para hacer algo?».

La historia de Robert es la más dramática, pero en los pequeños detalles vamos viendo como una guerra afecta a todo el mundo. Así, en el día a día de nuestros personajes observamos los problemas con la escasez de comida o el racionamiento de gasolina después de la Segunda Guerra Mundial.

Los hijos de Caroline son otro aliciente para la lectura. Dos de ellos tienen su propia trama, que se va desarrollando en medio de la rutina del resto de personajes. Así, por un lado tenemos a Leda, que, con su mal humor, su egoísmo y su inmadurez, podría tener un desarrollo digno de ver en las secuelas. Por otro, resultaría grato conocer en qué termina el enamoramiento que experimenta su hermano James por una amiga, pero es precisamente la historia de esta segunda generación la que queda sin cerrar.

De haberlo sabido, es probable que mi elección para comenzar con D. E. Stevenson hubiese sido otra, pero, no obstante, Villa Vitoria es un refugio en el cual la mente se reconforta y los buenos sentimientos se transfieren fuera del papel. Como dije anteriormente, al final es inevitable sentir cierta nostalgia por un lugar como ese, un microcosmos en un hermoso paraje en el que los sueños, las esperanzas, la bondad, la tranquilidad y, como no puede ser de otro modo, las desilusiones y los contratiempos son compartidos con altruismo y comprensión.

Me quedo con que si es un libro en el que merecería la pena vivir, es un libro que, por supuesto, merece la pena leer.

  

Puntuación: 4 (sobre 5)