Villa Vitoria

 03/05/2026

 
 
Villa Vitoria, publicada por primera vez en el Reino Unido en 1949 y cuyo título original es Vittoria Cottage, es la vigésimocuarta novela de su autora. Se trata del inicio de una trilogía cuyas continuaciones son Music in the hills y Winter and Rough Weather, inéditas en España.
 
Alba Editorial se hizo cargo de la traducción en nuestro país de Villa Vitoria y su consiguiente publicación en 2016. Por ahora, en el mercado editorial patrio existe la saga completa de la señorita Buncle, Las cuatro graciasAmberwell y, con fecha próxima de publicación, Summerhills.

¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Cerca de Wandlebury, el pueblo en torno al cual gira la saga de la señorita Buncle y Las cuatro Gracias, hay otro pueblecito, Ashbridge, donde la gente «tiene algo isabelino» y es «sencilla y valiente». En las afueras se alza Villa Vitoria, que un capitán mandó construir «después de luchar en la batalla de Vitoria y contribuir a la expulsión de José Bonaparte de España». Ahora esta romántica casa de campo es famosa por su jardín florido y por la hospitalidad y buen humor de su residente, Caroline Dering, viuda de un hombre a quien solo se recuerda por su antipatía y fatalismo, y madre de tres hijos. 

Corren los tiempos de la inmediata posguerra: las heridas de la Segunda Guerra Mundial aún no han cicatrizado, el racionamiento limita la vida e impone el ingenio o la resignación, y el pueblo sirve de refugio a seres atormentados por la reciente experiencia, como el señor Shepperton, que se instala en la posada del pueblo con un trágico y misterioso pasado a cuestas. El señor Shepperton hace buenas migas enseguida con la señora Dering … pero ésta no cuenta con que la llegada de su hermana Harriet, célebre actriz de los escenarios londinenses, pueda complicar las cosas. En Villa Vitoria (1949) volvemos a encontrar el gusto de D. E. Stevenson por la comedia campestre y por las «dificultades» de pequeños personajes que «se parecían mucho a las del ancho mundo, pero vistas desde el otro lado del telescopio».

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

Mi primer libro de Dorothy Emily Stevenson  y qué bonita ha sido su lectura. Hace unos días que lo terminé y estoy echando de menos sumergirme en él. 

Es una novela que invita a la alegría y al optimismo, pese a los problemas y las preocupaciones, y por eso he iniciado mis mañanas con él mientras tomaba un desayuno sano y delicioso.

Esta autora no existió para mí hasta que Alba Editorial vio su calidad y tradujo para nosotros El libro de la señorita Buncle. Entonces, en la época en la que los blogs estaban en plena ebullición, observé que mucha gente se lanzó a ella con entusiasmo, pero, en mi caso, tenía otras prioridades más urgentes y, desde el punto de vista más superficial, su portada tampoco ayudó a que me entrara por el ojo lo suficiente como para añadirlo entre mis lecturas de entonces. Además, mi desastrosa experiencia con otras obras también catalogadas como comedia rural (Cluny Brown) y bien valoradas por otros lectores me condujo a alejarme del género, por lo que he tardado mucho en darle una oportunidad a la señora Stevenson. Finalmente ha sido con uno de sus libros de publicación posterior en España y críticas aun más entusiastas que el de la señorita Buncle.

Sin embargo, no sé por qué motivo estaba convencida de que el libro que nos ocupa hoy había sido publicado en nuestro país no hace muchos años y, a la hora de fijarme bien en la fecha de salida para tenerla en cuenta en esta reseña, he comprobado que tuvo lugar en realidad en 2016, cuestión que ha desinflado mis ánimos en un pispás, puesto que si en diez años la editorial no ha tenido a bien obsequiarnos con el resto de la trilogía, es harto difícil que lo haga ya.

Es una auténtica lástima que sea así, pues es imposible cansarse de Ashbridge y su comunidad. No puedo arrepentirme de haber leído algo tan bello, pero, en cierto modo, resulta abrumador tener que despedirse de estos personajes de forma tan abrupta, ya que algunas de las tramas quedan abiertas, aunque la principal puede cerrarse en nuestra mente con un poco de imaginación. 

La voz narrativa de D. E. Stevenson se siente como una amiga que va susurrando una historia envuelta por el trino de los pájaros, una historia intimista y cotidiana. Todo comienza con la propia Villa Vitoria, una casa situada en un pequeño pueblo de la campiña, Ashbridge, y que va pasando por diferentes propietarios que la modifican y mutilan a su gusto. Así pues, resulta un hogar con costuras, reflejo de personajes de carne y hueso que también las tienen; algunos, superficiales y otros se han roto por entero y deben recomponerse. Sin embargo, Villa Vitoria es un libro de resiliencia y de sanación, por lo que todas sus verdades son amables: que siempre habrá alguien que le tienda la mano a quien lo necesite, que un plato de comida en la mesa y el calor del fuego en buena compañía son una bendición y que, aunque a veces esté bien salir de la rutina, no se necesita una nueva sorpresa cada día para sentirse a gusto.


«A veces pienso que a lo mejor ganaríamos algo si todo el mundo, todos y cada uno de nosotros, hiciera todo lo que estuviera en su mano para que un rincón del mundo fuera más feliz».

Durante la lectura puede generarse una sensación de añoranza por un tipo de vida calmo y sereno en un pueblo idealizado, pues así es como se presenta Ashbridge. Sus habitantes se conocen bien y muchos de ellos ofrecen ayuda y apoyo al resto si así lo necesitan. Pese a todo, siempre hay alguna nota discordante, algún vecino más cascarrabias, pero aquí eso sirve para aportar variedad y otorgar matices a los personajes, especialmente a nuestra protagonista, Caroline, quien demuestra constantemente tener un gran corazón, pero no puede evitar un fuerte rechazo por la desagradable señora Meldrum.

Los días de Caroline transcurren apaciblemente con actividades corrientes: recogiendo moras, cuidando su jardín, atendiendo a sus hijos, cumpliendo sus compromisos sociales y colaborando con amigos y vecinos. Es una protagonista que, por norma general, lo tiene fácil para conquistar al lector; es amable, sensible, generosa y cariñosa, aunque con una pequeña tendencia a imaginar posibilidades negativas futuras, por lo que para ella es indispensable la existencia de otros personajes  que son su complemento y contrapunto y que añaden más riqueza a la obra, como su inquieta hermana Harriet, con quien al final también es inevitable encariñarse y empatizar.

Es precisamente la trama de ambas hermanas y del insondable Robert Shepperton, un añadido muy interesante el pequeño mundo de Villa Vitoria, la que queda más o menos cerrada. Robert, por su parte, es quien mejor le sirve a la autora para reflejar las consecuencias humanas de la guerra. En general, estas no se obvian, pero Stevenson no las expone de manera flagrante con la intención de recrearse en el dolor, sino como parte de ese tejido vital que ha de buscar el modo de cicatrizar.


«Decía que las cosas iban de mal en peor y tenía razón, desde luego... Pero pasarlo mal no sirve para nada; sufrir por las desgracias que suceden no sirve para evitarlas o arreglarlas, simplemente tapan el sol. Cada vez que Arnold hablaba con alguien, lo preocupaba cada vez más y al final todos se iban como si llevaran a cuestas todas las catástrofes del mundo, abrumados bajo el peso de la carga. Y con semejante estado de ánimo, ¿quién tiene fuerzas para hacer algo?».

La historia de Robert es la más dramática, pero en los pequeños detalles vamos viendo como una guerra afecta a todo el mundo. Así, en el día a día de nuestros personajes observamos los problemas con la escasez de comida o el racionamiento de gasolina después de la Segunda Guerra Mundial.

Los hijos de Caroline son otro aliciente para la lectura. Dos de ellos tienen su propia trama, que se va desarrollando en medio de la rutina del resto de personajes. Así, por un lado tenemos a Leda, que, con su mal humor, su egoísmo y su inmadurez, podría tener un desarrollo digno de ver en las secuelas. Por otro, resultaría grato conocer en qué termina el enamoramiento que experimenta su hermano James por una amiga, pero es precisamente la historia de esta segunda generación la que queda sin cerrar.

De haberlo sabido, es probable que mi elección para comenzar con D. E. Stevenson hubiese sido otra, pero, no obstante, Villa Vitoria es un refugio en el cual la mente se reconforta y los buenos sentimientos se transfieren fuera del papel. Como dije anteriormente, al final es inevitable sentir cierta nostalgia por un lugar como ese, un microcosmos en un hermoso paraje en el que los sueños, las esperanzas, la bondad, la tranquilidad y, como no puede ser de otro modo, las desilusiones y los contratiempos son compartidos con altruismo y comprensión.

Me quedo con que si es un libro en el que merecería la pena vivir, es un libro que, por supuesto, merece la pena leer.

  

Puntuación: 4 (sobre 5)

El haiku de las palabras perdidas

 05/04/2026


El haiku de las palabras perdidas es la tercera novela de Andrés Pascual, quien acabó cerrando su despacho como abogado para dedicarse a su auténtica pasión, la escritura.

Esta obra se publicó por primera vez en 2011 en una edición de tapa dura de la mano de PLAZA & JANÉS. A partir de 2013 ha conocido varias versiones en bolsillo, en un formato de 544 páginas que puede conseguirse hoy por 14,95€.

 

¿De qué trata?:

Nagasaki, agosto de 1945. Kazuo, un muchacho occidental afincado en Japón, y Junko, la bella hija de una diseñadora de arreglos florales, han acordado encontrarse en una colina para sellar su amor adolescente con un haiku que encierra una verdad sobre su relación. Minutos antes de su cita, la bomba atómica convierte la ciudad en el peor de los infiernos.

Tokio, febrero de 2011. Emilian Zäch, un arquitecto suizo, asesor de Naciones Unidas y defensor de la energía nuclear, cuya vida está desmoronándose, conoce a una galerista de arte japonesa obsesionada con un secreto familiar que acaba arrastrándolo.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

La sensibilidad y el dolor que emanan de este libro son abrumadores y me han causado tal impresión que estoy convencida de que esta historia se quedará conmigo para siempre.

Mi atracción por Japón me ha acompañado prácticamente toda la vida y lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 me parece uno de los episodios más oscuros, dramáticos y salvajes de la historia de la humanidad. Ni mi mente racional ni mi espíritu han sido nunca capaces de asimilar que una nación se atreviera a lanzar una bomba atómica sobre la población civil de, no una, sino dos ciudades. Este hecho en sí mismo ya favorece que el libro resulte demoledor a la par que absorbente. Además, está escrito desde el amor y el respeto a Japón, pero también desde una imparcialidad que refleja que los actos, decisiones e ideas de los ciudadanos pueden ser independientes de las actuaciones de un gobierno e, incluso, de las tradiciones de un país. Por ello encontramos personajes absolutamente deplorables, otros que se mueven en una escala de grises y muchos otros inocentes que son víctimas de un sufrimiento indecible.


«Los haikus son algo más que poemas. Cada uno es una emoción que aparece y al instante se desvanece, como todo lo bello de la vida. Un parpadeo fugaz que nos muestra la esencia de las cosas».

Un gran acierto de la novela es no centrarla en el ámbito militar ni en el político,  que sus protagonistas no sean altos mandos y no gire en torno a los despachos e al campo de batalla mientras se toman decisiones en ellos. Estas, evidentemente, se ven en la obra con todas sus consecuencias, pero la trama se manifiesta más humana y sobrecogedora por estar reflejada a través de los ojos de un adolescente de apenas trece años que, además, está dividido entre los dos mundos. Sus padres biológicos son occidentales, europeos, pero al morir estos siendo él muy pequeño, fue criado por un matrimonio japonés.

Al principio de la trama, Kazuo, como cualquier adolescente, está buscándose a sí mismo, pero su sensación de desarraigo y desubicación es mayor que la de cualquiera, porque en él se aúnan características de dos bandos opuestos que están enfrentados. No sabe cuál es su lugar, y son estas emociones junto con su visión de la guerra lo que se nos narra, pero, sobre todo, lo más importante en su mundo, aquello que resulta ser su ancla, es Junko, una japonesa de doce años que, con su poesía, su belleza y su paz interior, se convierte en su primer amor.


«Si quieres saber lo que serás en el futuro, mira lo que estás haciendo ahora».

El desastre provocado por el impacto de la bomba y el sufrimiento posterior a causa de la radiación están presentes en toda la novela, pero el gran drama, el que se siente más personal y doloroso, viene de la ruptura del mundo interior de Kazuo y Junko, de cómo se ven separados sin saber siquiera si han sobrevivido y de la incertidumbre que pervive en ellos sobre qué podrían haber sido el uno con el otro y el uno para el otro si hubieran sido libres de seguir el camino que habían planeado, puesto que la bomba estalla cuando se habían citado para regalarse su primer beso, un beso que ya no pudo ser, pero que debería haber sido.

No he podido evitar conmoverme con el periplo de Kazuo para encontrarla y con todo lo que le sucede durante su búsqueda. El horror de lo que ocurre a su alrededor contrasta con la belleza de la prosa de Andrés Pascual, que, en comparación con mucho de lo que se publica hoy, es rica en matices e inspiradora en algunos momentos, aunque, eso sí, manteniendo la sencillez con un léxico cotidiano y una sintaxis fácil con frases no muy largas.

Estamos ante una novela bastante equilibrada en cuanto a las partes narrativas y las dialogadas, lo que contribuye a que la lectura sea fluida.


«La tragedia de la vida no radica en su brevedad, sino en que solemos desperdiciarla sin llegar a disfrutar ni una sola de las maravillas que nos ofrece».

El narrador externo es omnisciente, pero se enfoca principalmente en Kazuo y Emilian, el protagonista de los capítulos que transcurren en el siglo XXI, concretamente en 2011. 

Como en todos los libros que alternan dos épocas, es inevitable comparar ambas y, en mi caso, la favorita suele ser la más antigua. Aunque en esta ocasión ha vuelto a ser así, los capítulos de 2011 me han atrapado con la misma intensidad, ya que en ellos se inicia una investigación encaminada a cerrar el círculo que empezó en el pasado y, al igual que los personajes que la llevan a cabo, yo también necesitaba saber en qué desembocaría todo. Así pues, cada parte me ha parecido emocionante por motivos diferentes.

Independientemente del debate que la obra genera sobre la energía nuclear y sus alternativas, toda ella está vertebrada por una vertiente lírica representada el haiku y por una historia de amor truncada, ese tipo de amor capaz de condicionar por entero la vida de alguien, y pese a ello, la novela no es romántica, aunque sí poética y reflexiva.


«No podemos arreglar los problemas pensando de la misma forma que cuando se produjeron».

En la trama protagonizada por Emilian, este aparece acompañado de otro personaje principal, Mei, y tanto la manera de ambos de concebir la vida como el vínculo que se crea entre ellos representan las tendencias más actuales, de modo que cada uno refleja una postura distinta en cuanto a las nucleares, mientras que su relación amorosa es emocionalmente menos profunda, pero, por la edad más adulta de sus protagonistas, más rápida y física.

Estamos, pues, ante un libro que combina la belleza con el horror; imbuido tanto de poesía como de muerte. Contiene dos historias, de las cuales una sirve para cerrar la anterior. Se contrastan épocas, ideas y maneras de amar, y expone el corazón humano, tanto en su vertiente más terrible como en la más hermosa. Es un libro que alberga y transmite dolor, pero también la fuerza que puede proporcionarnos aquello que amamos.


Puntuación: 5 (sobre 5)

El café de los pequeños milagros

08/03/2026  

El idioma origina de esta novela es el alemán, ya que su primera publicación está fechada en 2017 en Alemania. El título con que el que salió a la venta en el mercado literario germano fue Das Café der kleinen Wunder. 

La edición española se lanzó en septiembre de ese mismo año por parte de Suma de Letras a un precio de 19,90 €. A fecha de esta entrada continúa a la venta, como también lo hace la versión de bolsillo publicada en 2018, esta por un precio de 12,95 €. Consta de 345 páginas.

¿De qué trata? (Sinopsis de la editorial):

Nelly tiene 25 años, vive en París, le gusta la vida tranquila, adora los libros antiguos, desconfía de los hombres atractivos, está enamorada en secreto de su profesor de filosofía, cree en los presagios y nunca jamás se subiría a un avión. Desde luego, no es el tipo de persona que cogería todos sus ahorros una fría mañana de enero, se compraría un bolso rojo y se montaría en un tren a Venecia.

Pero a veces las cosas ocurren. Cosas como un catarro, una inscripción misteriosa en un viejo libro o un amor inesperado... Y a veces hay que perder el suelo bajo los pies para llegar al séptimo cielo.

 

 ¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Este libro es una inyección de optimismo y de energía positiva. No sólo eso, sino que, además, la mayor parte de la trama transcurre en la sin par Venecia. Eso sí, no está escrito para todos los lectores. Aquellos que se satisfacen poniendo el foco sólo en el lado oscuro de la vida están mejor si se alejan de él, porque esta novela únicamente puede ofrecer alegría, encuentros afortunados y sorpresas felices, y es que el autor (o, mejor dicho, autora) se sitúa en el lado amable de la existencia. Eso no quiere decir que los momentos malos no existan, pero los personajes no se anclan ahí ni se recrean en ellos y tratan de cambiar su suerte inclinando la balanza a su favor.

Como curiosidad, antes de continuar escribiendo sobre el libro, aclarar que ya se sabe que Nicolas Barreau, autor francés, no es en realidad Nicolas Barreau, sino Daniela Thiele, autora alemana que publica con pseudónimo, aunque esto ha estado oculto muchos años.

Volviendo a la reseña, creo que para disfrutar de este libro hay que adentrarse en él sin expectativas, dejarse llevar por el flujo de acontecimientos sin prejuicios. Digo esto porque esta obra tiene aires de comedia romántica de los años 90 del siglo pasado, inocentes, tiernas y bonitas, pero previsibles. Como he dicho en otras entradas, pienso que hay que despojar esta palabra de las connotaciones negativas que se le han dado. Todo el mundo sabe que la mayoría de las flores florecen en primavera y que por estos lares los días se alargan, pero no por saberlo de antemano dejamos de disfrutar de ello. Muchas veces no importa sólo el qué, sino también el cómo.

Esa conexión del libro con mis películas románticas favoritas es lo que me ha enamorado. Se trata de un romance tradicional, de los que ya no se narran, de aquellos en los que un accidente fortuito conecta a los dos protagonistas y estos se van acercando por una serie de reveses en un marco espacial ideal. Recuerdo, por ejemplo, Sólo tú en Italia y French kiss en Francia.

En El café de los pequeños milagros también vamos paseando de la mano de los personajes, en este caso por Venecia. No hay largas descripciones, sólo datos someros que nos trasladan de un lugar a otro de la Serenísima.

Al igual que en Sólo tú (se nota que me encanta esa película), él se enamora primero y trata de conquistarla durante todo el libro, aunque es ella quien principalmente cree en las señales.


«Claro que creo en las señales. Estamos rodeados de señales, sólo tenemos que reconocerlas».

 

A pesar de que es un romance contemporáneo, excluye por completo las escenas tórridas y no fuerza el acercamiento. Este va fluyendo despacio entre canales venecianos, palacios, galerías de arte y una cafetería con encanto que tiene más relación con nuestra protagonista de lo que puede parecer en un principio.

Es un libro donde un beso es importante, hace saltar chispas y supone un antes y un después. Como podréis deducir, es una historia para románticos empedernidos, pero no por ello empalagosa. De hecho, este libro me ha resultado menos empalagoso que esos otros que he leído en los que abunda el picante.

En El café de los pequeños milagros, aunque pueda haber una atracción inicial, se les da tiempo a los personajes para que maduren sus emociones, tanto juntos como por separado, y resulta más mágico el permitirnos ser espectadores de cómo se va produciendo gradualmente, sin prisas, la conexión. Por eso un simple beso es más esperado que cualquier cosa. Además, que nuestro protagonista, Valentino, sea un hombre fogoso al que no le importaría pasar sus noches entre los brazos de Nelly, le da más valor a que un sencillo beso le ponga el mundo patas arriba.

En un libro de estas características, donde la trama es como un amigo bien conocido del que sabes lo que puedes esperar, personalmente necesito que me caigan bien los personajes. Si esto no sucediera, el libro, muy probablemente, careciera de interés para mí. Sin embargo, esto no ha sido así en esta ocasión y tanto Nelly como Valentino me han resultado simpáticos.

En lo que al carácter se refiere, ella es una chica bastante común. Es una becaria con sus miedos e inseguridades, echa mucho de menos a su abuela y vive algún que otro percance que podría pasarle a cualquiera. Además, me encanta cómo vive sus mañanas. Es un personaje diseñado aposta para que sintamos cierta conexión con ella.


«"Hay que cuidar las mañanas", le decía siempre su abuela. "Quien no empieza el día con tranquilidad no puede sorprenderse luego de que le salga todo mal"».

Por su parte, Valentino es un prototipo. Es el típico italiano guapo y desenvuelto que no tiene problemas para conquistar a las mujeres, aunque en esta historia se le resiste la que más le ha interesado nunca, lo que lo desconcierta por completo y eso conduce a que se convierta en un personaje agradable.

Los secundarios sólo existen aquí para dar mayor énfasis a las acciones y decisiones de los protagonistas, no tienen valor por sí mismos, aunque eso no tiene mayor relevancia en esta novela, porque son Nelly y Valentino quienes captan el interés del lector.

El narrador es omnisciente y aunque el tono de la narración resulte cotidiano por la claridad del estilo, el léxico y la sintaxis están cuidados y  no caen en la vulgaridad y simplicidad de muchas novelas románticas actuales.

El café de los pequeños milagros es, pues, un romance convencional para nostálgicos de épocas más dulces, para aquellos que disfrutan del encanto de las casualidades dichosas, los encuentros predestinados, los equívocos y enredos con soluciones satisfactorias y los paseos por hermosísimos rincones que forman parte del tapiz en el que se teje la historia de amor. Es un libro con un regusto de antaño, de cuando el foco se ponía en la conexión emocional y no en la urgencia fisiológica.

Estamos ante una novela con luz propia. No cambiará la vida de nadie, pero podría lograr que su día fuese un poquito más feliz. 


Puntuación: 3,5 (sobre 5)

Recomendaciones para San Valentín

 14/02/2026

 
 
San Valentín es una celebración con tantos adeptos como detractores. Hay quien lo considera un día en el que hacer algo especial por la pareja o con ella, otros lo entienden como un invento moderno para alimentar la espiral consumista de esta sociedad, algunos no pueden soportar lo que ven como una cursilada, hay quien no le hace caso al no estar en pareja y, por último, existen incluso los no creen en el amor.
 
Dejando de lado que el amor adopta muchas formas y no existe únicamente entre las parejas (ni siquiera en todas ellas), me centraré en la definición que se le ha dado tradicionalmente, el Día de los Enamorados. Desde mi punto de vista, se ha distorsionado tanto como la Navidad  y hay que mirar en ellos más profundamente, más allá de la imposición de comprar regalos. Son días en los que se homenajea públicamente, a nivel social, algo destacable, y eso no quiere decir que el resto del año deje de tener sentido ese algo destacable, sólo que queda más en la esfera privada. Por poner un símil para que se me entienda, que nuestro cumpleaños sea una vez al año no significa que el resto de días no haya que estar felices por haber nacido. Por lo tanto, para mí no tiene validez denostar estas celebraciones con el argumento de que el amor ha de apreciarse todos los días. Una cosa no excluye la otra.
 
Así pues, el leer libros con historias de amor o ver películas románticas no es algo que circunscribo a un único día del año, pero este día en concreto es cuando me apetece traer algunas recomendaciones al respecto. En esta lista sólo incluyo aquellas historias que me han hecho sentir algo a mí, por lo que es muy personal. No vais a encontrar ningún título de ese romance actual que se acerca más a la pornografía que a una historia que prime el desarrollo emocional y completo de los personajes. No veréis aquí historias narradas con un lenguaje burdo, soez y ordinario. Sencillamente, me parece más interesante la tensión y la emoción que se va creando al ver a los protagonistas conociéndose y acercándose poco a poco, dándose tiempo para conectar y desarrollar sus emociones, para comprender qué les está sucediendo, para madurar sentimentalmente, con una dimensión amplia que trasciende el mero comportamiento animal. A veces, para mí, dice más un beso al final de la historia como exaltación última de lo que se ha ido construyendo que una escena explícita de cama contada de forma bruta y barriobajera. Sí incluyo algún título con escenas íntimas, pero expuestas con delicadeza y buen gusto y acaecidas por una construcción coherente de la relación romántica.
 
LIBROS 

No todos los libros de esta lista son novelas románticas, pero sí incluyen historias de amor que merecen la pena.

Jane es una niña huérfana que vive con una tía y sus primos, quienes la maltratan hasta que la envían a un orfanato de condiciones infrahumanas. Allí se educa y se convierte en una joven que busca trabajo como institutriz. Esto la lleva hasta la mansión del señor Rochester, un hombre que ve sus cualidades y la trata de un modo diferente a cuanto había conocido, pero en cuya casa tienen lugar acontecimientos inexplicables.

 

En su juventud, Anne Elliot fue persuadida por sus parientes para que rompiese su relación con el hombre que amaba por considerarlo inferior. Años después, sin haber podido olvidarlo, ve cómo él regresa a su vida con una posición social más favorable, pero, aparentemente, sin ningún interés en ella. Además, Anne no es la única que tiene su atención puesta en el flamante capitán.

 

Tras la muerte de su amado Westley, la hermosa Buttercup queda rota de dolor, pero eso no impide que el malvado príncipe Humperdinck quiera comprometerse con ella. Sin embargo, antes de la boda, una banda de mercenarios la secuestra, pero un misterioso pirata va retando a los secuestradores de diversas formas para llegar hasta la muchacha y hacerse con ella. Al mismo tiempo, Humperdinck busca a su prometida.
La princesa prometida es un cuento de hadas en el que merece la pena perderse.

 


Antes de morir, Hélène le hizo prometer a su marido, Julien, que le escribiría treinta y tres cartas, una por cada año de su vida. Para su asombro, Julien se da cuenta de que esta correspondencia, que deja en un compartimento secreto de su tumba en el cementerio de Montmartre, se ha convertido en una suerte de consuelo. Le habla de la vida que ahora ha de vivir sin ella; de su amor, ya no recíproco; de su hijo Arthur, que no quiere un padre que se siente desgraciado. Un día descubre que las cartas han desaparecido y en su lugar empieza a encontrar pequeñas respuestas: un bonito corazón de piedra, un poema, un ramillete de nomeolvides... Lo que Julien no sabe es que alguien lo observa, alguien que lee sus cartas y quiere ayudarlo. Alguien que se ha enamorado de él.

 

Laura Callaway sale a pasear todos los días por la playa, en la costa de Cornualles, una zona conocida por los muchos naufragios que allí se producen y por los pocos supervivientes que quedan. Ella misma, que es huérfana y vive con su tío, un párroco casado con una mujer a la que poco importa, se siente como un náufrago, pues es huérfana y esa casa no es su hogar.

Cada vez que se produce un naufragio, muchos se acercan a ver si encuentran algo de valor, mientras que ella busca pistas de los fallecidos, escribe a sus parientes y les devuelve sus efectos personales. Sin embargo, lo que se encuentra un día es a un hombre tendido en la arena. Lo recoge y, entre una vecina y ella, se ocupan de él. Está herido, pero lo más extraño es que una de sus heridas es una puñalada. Cuando el hombre despierta, habla muy bien, de un modo muy educado, pero tiene un acento extraño. ¿Quién será? Según pasa el tiempo, todo apunta a que se trata de alguien peligroso. Pero la atracción crece entre ellos y… ¿Será Laura capaz de desvelar su identidad, lo sucedido y encontrar el amor que siempre ha buscado?

 

Nelly tiene 25 años, vive en París, le gusta la vida tranquila, adora los libros antiguos, desconfía de los hombres atractivos, está enamorada en secreto de su profesor de filosofía, cree en los presagios y nunca jamás se subiría a un avión. Desde luego no es el tipo de persona que cogería todos sus ahorros una mañana fría de enero, se compraría un bolso rojo y se montaría en un tren a Venecia.

Pero a veces las cosas ocurren. Cosas como un catarro, un amor inesperado o una inscripción misteriosa en un viejo libro... Y a veces hay que perder el suelo bajo los pies para llegar al séptimo cielo.

 


Tras la muerte de su hermana Katrina, Eva Ward traslada sus cenizas a la casa de Trelowarth, en Cornualles, donde juntas pasaron los veranos de su infancia. El mantenimiento de este precioso edificio del siglo XVII, con sus jardines y rosaledas, constituye un problema constante para Mark Hallett, el actual propietario y amor adolescente de Katrina. A fin de combatir la tristeza y ayudar a Mark, Eva colabora con su proyecto de abrir un salón de té que atraiga a los turistas.

Un día, vagando por la mansión, Eva oye unas voces desconocidas y se tropieza con unos hombres vestidos con ropa de otra época. Para su asombro, ellos también viven en Trelowarth, pero son los habitantes de la casa del siglo XVIII, dedicados al contrabando y conspiradores contra el trono de Inglaterra.

Sin saber cuándo ni cómo, Eva va intimando con los hermanos contrabandistas, Jack y Daniel Butler, y participa cada vez más en sus vidas. Viaja sin control del presente al pasado y, al darse cuenta de que se está enamorando de Daniel Butler, empieza a no saber cuál es su lugar.

 

Amber Marie Sterlington, la sensación de la temporada en Londres, ya ha elegido a unos cuantos hombres, y sabe qué es lo que más le importa en un marido: que tenga un título y fortuna. ¿Por qué habría de casarse por algo tan pasajero como el amor? ¿Y por qué habría de mirar más de dos veces a Thomas Richards, el tercer hijo de un hacendado rural?
Sin embargo, cuando su estatus social se ve amenazado por un secreto que la agobia, el carácter de quien sea su futuro esposo se convierte en algo mucho más importante que su posición. Tras sufrir una humillación pública, se ve desterrada a Yorkshire. Sola, con la única compañía de su doncella, Amber tendrá que enfrentarse a un futuro y una vida que está muy por debajo de lo que ella siempre ha conocido. Humillada y abandonada por todos, empezará a plantearse si esa soledad será lo mejor. Después de todo, ¿quién podría quererla ahora? 

 

En cuanto se produce la tragedia de Romeo y Julieta, la violencia estalla en Verona y el príncipe Escalo ordena a Benvolio Montesco que contraiga matrimonio con Rosalina, de los Capuleto, para sellar la paz entre ambas familias.

Sin embargo, Benvolio considera a la joven la causante de todos los conflictos y ella, a su vez, lo detesta e intenta superar sus sentimientos no correspondidos por Escalo.

Esta es una novela juvenil que se atreve a continuar la historia de Romeo y Julieta de forma muy acertada. Para mí supuso una agradable sorpresa y creo que es injustamente desconocido.

  

La historia gira en torno a Diana, condesa de Belflor, una mujer noble que descubre que su secretario, Teodoro, está enamorado de su dama de compañía, Marcela. Al darse cuenta de esto, Diana empieza a sentir celos y se enamora de Teodoro.

Sin embargo, hay un problema: la diferencia de clase social. Diana, por su posición aristocrática, no puede casarse con un hombre de menor rango como Teodoro. Aun así, tampoco soporta la idea de que él esté con otra mujer.

 




PELÍCULAS

* ACTUALES 

Aquí voy a incluir películas de las que rara vez va a hablar alguien, películas que mucha gente desprecia por su sencillez y previsibilidad, pero estas dos palabras se pueden aplicar a la vida de muchos de nosotros y eso no le resta ningún valor. 

Se consideran historias inverosímiles porque deciden enfocarse únicamente en los aspectos felices de la existencia, pero el problema está en quien crea que con ello pretenden crear expectativas. Estas películas no van a engañar a nadie, pero sí pueden aliviar el espíritu y generar sensaciones agradables gracias a sus hermosos escenarios (tanto paisajes exteriores como cálidas decoraciones interiores), la cercanía de personajes que se apoyan entre sí, una relación amorosa basada en la confianza y el respeto mutuo, la puesta en valor de las pequeñas cosas que nos rodean a todos, etcétera. 

Sí, no tienen gran presupuesto, no tienen efectos especiales, las tramas se repiten y sus actores nunca ganarán un Oscar, pero aportan paz mental alejándonos del ruido exterior, la agitación, la violencia y la negatividad.

Ya habréis adivinado que hablo, sobre todo, de las películas de Hallmark, Reel One Entertainment y otras compañías por el estilo. Por supuesto, no todas las que he visto me han gustado, pero hay algunas con una chispa que hace que conecte con ellas y me pierda en ese mundo idealizado, siendo feliz en él durante ratos maravillosos.
 

Amor en San Valentín 

Natalie es una famosa presentadora de televisión, pero hace tiempo que no disfruta igual de su trabajo. Al reflejarse eso ante sus espectadores, es despedida. Su madre la convence para que vuelva a su pueblo natal, a lo que accede a regañadientes por el miedo a reencontrarse con el hombre con el que estuvo prometida. Sin embargo, una vez allí, las madres de ambos se alían para que los jóvenes tengan que preparar juntos el festival anual de San Valentín.

 

La consejera del amor

Avery es una bloguera especializada en relaciones que acaba de terminar con su novio justo antes de San Valentín. Dolida, empieza a publicar artículos bastante críticos y escépticos sobre el amor.

Al mismo tiempo conoce a Brendan, un veterinario con quien su novia acaba de romper por seguir los consejos de Avery. Ambos comienzan a acercarse sin saber la verdad el uno del otro y, para mayor complicación, Brendan comienza a escribir públicamente en contra de la mujer que propició la ruptura de su relación anterior.

 

A la luz de la luna

La historia sigue a Fiona Rangely, una exitosa agente inmobiliaria de Nueva York que vive a toda prisa. Tras una ruptura sentimental dolorosa, decide tomarse un descanso y se va a la acogedora posada de su familia en Vermont para replantearse su vida.

Todo se complica cuando su exnovio Nate aparece inesperadamente en el mismo lugar… acompañado de su nueva pareja. Para intentar hacerle sentir celos y, quizá, recuperar su afecto, Fiona idea un plan: pedirle al atractivo chef del lugar, Derek, que finja ser su novio por unos días.

 

La villa del amor

Julie Hutton, una maestra de escuela que siempre ha soñado con visitar Verona, la ciudad de Romeo y Julieta. Después de que su novio la deja justo antes de unas vacaciones planeadas, Julie decide seguir adelante con su viaje sola.

Al llegar, descubre que la villa que alquiló ha sido reservada por error también por otra persona, Charlie Fletcher, un hombre británico atractivo pero algo cínico. Ambos se encuentran en una situación incómoda porque tienen que compartir la villa durante sus vacaciones debido a un error del propietario, y al principio no hacen más que molestarse y competir por el espacio.

 

Todo por amor 


Catherine es una ejecutiva de alto nivel que no encuentra el amor debido a que los hombres se sienten intimidados por su éxito profesional. Por insistencia de su amiga se apunta a una página de citas para encontrar pareja, pero lo hace con el nombre y el puesto de su asistente. Allí conoce a Jack, un enfermero cuyo perfil tampoco es sincero, ya que afirma ser médico. 
 
 
Tulipanes en primavera
 
 
Rose trabaja como diseñadora de interiores en la ciudad, pero debido a una lesión de su padre debe volver a la granja familiar de tulipanes para ayudarlo, especialmente por las dificultades económicas por las que atraviesa. Allí conoce a Tom, un joven con quien colabora para recuperar la plantación. 



* CLÁSICAS
 
A estas no se les puede poner ni un pero.
 
Drama ambientado en la guerra de secesión americana. Morna pertenece a una familia que tiene una plantación en el Sur, pero sus ideas les inclinan a la Unión. En cambio Clay, el prometido de Morna, se va a alistar en el ejército confederado. Para complicar las cosas, Keith, un periodista local, se enamora de Morna. (FILMAFFINITY)
 
 
 
Una joven de familia acomodada lleva a casa, para presentárselo a sus padres, a su novio, un médico negro con el que tiene la intención de casarse. A pesar de ser personas de ideas liberales, sus padres se sienten muy confundidos, especialmente el padre, que teme que un matrimonio interracial no traiga más que problemas a su hija. (FILMAFFINITY)
 
 
 
Una joven adinerada, hastiada de la corte de aduladores que la persigue, se enamora perdidamente de un pianista ciego durante una velada nocturna. Por temor a que la rechace, le hace creer que también ella es ciega. (FILMAFFINITY)

Un oficial (Ronald Colman) que había luchado durante la Primera Guerra Mundial, termina en un hospital psiquiátrico al ser encontrado bajo un estado de amnesia plena. Tras huir de este lugar, es ayudado por la cantante y bailarina Paula (Greer Garson), una mujer bella y generosa que hace cuanto puede para sacarlo adelante. Pero cuando han formalizado sus vidas, Smithy sale con rumbo al periódico El Mercurio, donde espera recibir una empleo fijo... y un nuevo accidente le hará recobrar su vieja memoria, pero olvidará por completo lo que ha vivido en los últimos tres años... 
 


Una viuda de buena familia inicia un romance con su apuesto jardinero. A pesar de pertenecer a dos mundos completamente diferentes deciden casarse, pero su amor tropieza con el rechazo de los hijos de la mujer y de su círculo social. (FILMAFFINITY) 
 

Jerry Webster y Carol Templeton se dedican a la publicidad, aunque trabajan para diferentes agencias. Molesta por los métodos empleados por Jerry (alcohol y mujeres) para conseguir los contratos, Carol intenta echarlo de la profesión. Para evitarlo, Jerry camela a la chica que iba a testificar contra él, convirtiéndola en la estrella de un anuncio para televisión. (FILMAFFINITY)