Mariquita Monleón

27/10/2026 

Aunque hoy ha sido olvidado, Rafael Pérez y Pérez cosechó un gran éxito como novelista en los años 30 y 40 del siglo XX y siguió publicando hasta la década de los 70.

Este alicantino nacido en 1891 compaginó su labor de maestro con la de escritor y llegó a ofrecer a los lectores más de ciento cincuenta títulos salidos de su pluma. Cultivó principalmente la novela costumbrista y rosa, que nada tiene que ver con la de los tiempos presentes ni en forma ni en contenido, y la romántica histórica. Algunas de ellas conocieron adaptaciones al cine y representaciones en teatros.

Mariquita Monleón se publicó por primera vez en agosto de 1934 gracias a la Editorial Juventud, encargada de llevar al mercado español la mayoría de títulos del autor. A partir de ese año fue lanzada también de manera internacional, llegando a Hispanoamérica por la alta demanda que existía de la obra. 

En los años 40 y 50 se publicaron tiradas en tapa dura con lomo de tela pensadas para coleccionistas. La última gran reedición en tapa blanda tuvo lugar en 1984, tras lo cual quedó descatalogada definitivamente al empezar a cambiar los gustos y exigencias del público.

La edición que yo tengo consta de 240 páginas y la letra, aunque legible, resulta bastante pequeña. Hoy por hoy puede encontrarse en librerías de viejo y en plataformas de venta de segunda mano, donde abundan diferentes obras de este novelista. 

¿De qué trata?:

Tras pasar una temporada educándose en un convento debido a su temprana orfandad, Mariquita Monleón, perteneciente a una familia de larga tradición aristocrática, debe quedarse bajo el cuidado de sus cuatro tías aragonesas, las señoritas de La Cerda, quienes imponen sobre ella una constante vigilancia y un estricto control. 

En ese ambiente cerrado y asfixiante en el que no se le permite llevar la vida propia de su edad, Mariquita siente que se ahoga y eso la empuja hacia un muchacho que no puede evitar poner sus ojos en ella. Sin embargo, cuando las circunstancias le ponen en su camino a su verdadero amor, Mariquita se ve comprometida por una serie de malas decisiones y debe elegir entre su deseo y el deber.

 

¿Qué opino yo? (Sin destripes):

Considero que he tenido bastante suerte al toparme con este libro, ya que ha resultado una lectura deliciosa. 

Tengo muy claro que, en ocasiones, son los libros los que nos encuentran a nosotros. De alguna manera se interponen en nuestro camino para pervivir, para no ser olvidados.

Desde que descubrí de ese modo a Carmen de Icaza y que se convirtiese en una de mis escritoras favoritas gracias a La fuente enterrada, no dejo pasar a otros autores españoles de principios o mediados del siglo XX cuyo nombre haya sido borrado de la historia. Así llegué a José María Pemán y así ha llegado hasta mí Rafael Pérez y Pérez, de quien ignoraba su existencia por completo. A pesar de que el estilo de Carmen de Icaza es más natural y fluido, Pérez y Pérez, más clasicista y académico, ha sido un descubrimiento igual de grato con su Mariquita Monleón.

El libro estaba de cualquier manera en una estantería de la librería Re-Read, rodeado de otros libros que no combinaban con él y, quizás, pasando desapercibido.

La sinopsis que figura en el ejemplar no aclara nada. Es tan tremendamente vaga que no permite saber de qué trata la trama. También es tarea harto difícil encontrar  reseñas o información diversa por internet, así que no tenía ni idea de lo que me encontraría al sumergirme en sus páginas.

La pericia del autor con las palabras me ha llevado a una España diferente, más tranquila y tradicionalista, en la que oscilamos principalmente entre el rancio abolengo de una casa aristocrática de Aragón y el aire puro del campo logroñés. Las primeras páginas nos suponen un viaje hacia atrás en el tiempo para transportarnos a una ciudad de soportales, balcones de forja, casas solariegas y calles estrechas con poco trasiego, salvo en los días festivos. Son calles en las que reverbera el repique de las campanas y perviven huertos llenos de frutales. Por ellas pasean jovencitas con sus galanes en un coqueteo inocente, pero no es así para nuestra protagonista.

La dueña del peculiar nombre de Mariquita Monleón es una muchacha de diecisiete años obligada por sus adustas tías a ver pasar la vida a través de ventanas y balcones. En el recogimiento de su habitación escribe un diario que conforma la primera parte de este libro. Ella misma narra sus tribulaciones, anhelos y el transcurrir de sus días, y lo hace de una forma elegante e ingeniosa, pero también con la impetuosidad de la juventud. Tiene una voz propia muy bien lograda por parte del autor, quien ha creado a una muchacha vivaz, con genio y desparpajo, pero honesta e inocente.


«—¿Por qué besas las flores, Mariquita? 

—Porque me gustan, y las quiero... y yo no pudo querer algo o a alguien sin expresarle de una manera u otra mi querencia».


Mariquita y sus cuatro tías no se entienden, y no pueden hacerlo porque las aristocráticas señoras son unas antiguallas que creen que la juventud se ha pervertido y han de proteger a su sobrina con celo carcelario. Sólo le permiten salir para asistir a misa y a las visitas de cumplir, y siempre en compañía de alguna de ellas, si no de todas.

Mariquita es un espíritu sencillo y, con su justa protesta y palabrería desenvuelta, me ha caído bien desde el principio. Ni siquiera dentro de la casa la dejan hacer su voluntad en lo que a ella misma atañe, como cambiar un mueble de sitio para que no le moleste su propia sombra a la hora de escribir.

Es una espectadora que disfruta de ver la lluvia a través de los cristales y observando a la gente que pasea por la calle, pero su espíritu se niega a conformarse con ello, como es lógico, y sus problemas más importantes comienzan cuando uno de esos jóvenes que pasean bajo su ventana se queda encandilado con ella. Así da inicio un cortejo sin malicia en el que se cruzan miradas, intercambian notas en secreto y palabras pronunciadas a escondidas. Sin embargo, por su inexperiencia y la falta de trato con el otro sexo, Mariquita no sabe lo que es el amor.


«El amor es lo único que ha resistido al pulimento de la civilización... Continúa tan primitivo como el día en que Adán besó a Eva por primera vez».

Toda esa parte me ha resultado emocionante, y la ilusión e incertidumbre con que Mariquita la vive se transmiten, aunque, en el fondo, el lector sabe que algo más, algo inesperado, debe ocurrir y que las consecuencias de ese algo van a perseguir durante largo tiempo a esta protagonistas de gran sensibilidad.

El diario de Mariquita se interrumpe en un punto crucial. A partir de ahí, la voz narrativa es omnisciente durante tres partes más a las que el autor llama jornada segunda, jornada tercera y conclusión. 

Curiosamente, a veces el relato se estructura en pasado y otras, en presente. Como dudo mucho de que pueda tratarse de un error inconsciente de un escritor al que se le nota avezado, puedo suponer que quizás se trate de un recurso buscado para centrar el foco en la intensidad del instante y de las emociones.

En la segunda parte, se cambia el escenario aragonés por las tierras riojanas para dar a Mariquita la oportunidad de encontrar su libertad. En parte lo consigue, porque allí su espíritu puede crecer sin ataduras y ella conoce unos nuevos sentimientos como mujer, pero hay una prisión peor que aquella a la que se vio sometida por sus tías, y es ser prisionero de uno mismo, de su consciencia y de los secretos.

Pese a ello, la marcha a La Rioja de nuestra condesita de Monleón da inicio a la que me ha parecido la parte más luminosa de la novela. El escritor nos conduce a la belleza exorbitante del campo que se extiende junto a la Sierra de Camero.

¡Qué prosa tan exquisita para adentrarnos en ese mundo! ¡Qué buen gusto en la elección de las palabras y qué delicadeza en la descripción de los afectos y los estados emocionales! Por poner algún pero, el uso de algún que otro laísmo que se le escapa al autor.

Se introduce en este momento a otro personaje que supone un nuevo punto de inflexión, Quiqui Sorrosal, barón y capitán de artillería. En él y en su idea de cómo debe ser una mujer es donde se notan los años que tiene el libro y el período en el que fue escrito. Es muy maniqueísta, pero, gracias a todo lo que vive con Mariquita, se puede apreciar una cierta evolución en él.

En la jornada tercera, Pérez y Pérez nos regala una especie de Downton Abbey a la española. Una vez más, cambiamos de espacio y llegamos hasta Barcelona para introducirnos en la casa de los Castejón y ver de primera mano la vida de los señores y sus criados.

Allí somos testigos de enamoramientos imposibles, celos, amistad entre clases... Además, volvemos a tener retazos del diario de Mariquita.

Como admiradora de las historias de época bien escritas que desarrollan un romance capaz de arrancar suspiros sin caer en la cursilería, me declaro desde ahora seguidora de este escritor y ya estoy a la búsqueda de otros libros suyos. Como en mis historias favoritas, el drama no es banal y los personajes deben atravesar dificultades antes del clímax esperado. Seguir su historia con ellos ha sido una de mis mejores experiencias lectoras de este año.  

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