Our mutual friend

13/03/2013

        
                 Estreno: 1998                                                               Género: Drama de época
                 Cadena: BBC                                                                Episodios: 4
                                            Duración por episodio: 90' aprox.


 

¿De qué va?: El viejo Harmon fallece dejando a su único hijo una jugosa herencia con la condición de que contraiga matrimonio con la joven que ha elegido para él, Bella Wilfer. Sin embargo, el muchacho es encontrado sin vida en las aguas del Támesis. A raíz de este suceso, otro hombre, John Rockesmith, hace su aparición en la ciudad. Por la relación que entabla con casi todos se convierte en un conocido común, pero realmente nadie sabe nada sobre él.
        Al mismo tiempo, el responsable de hallar el cuerpo del ahogado comienza a ser sospechoso de su asesinato. Eugene Wrayburn, un joven de clase alta, se compadece de la hija éste, Lizzie Hexam, y le ofrece su ayuda sin poder prever las consecuencias que conllevarán sus actos.
¿Qué opino yo? (Sin destripes): Muy buena producción de la BBC que adapta una novela homónima de Charles Dickens. Todo está cuidado hasta el detalle: los escenarios, los decorados, el vestuario, la iluminación… Los episodios se abren con una excelente pieza musical que se encuentra al nivel del resto del rodaje. 

        En el primer capítulo, ya la presentación es fabulosa: comienza con un plano del Támesis durante la noche. Por él van en una barca un hombre con su hija en busca de cadáveres a los que despojar de sus bienes.  El barquero, Gaffer Hexan, justifica su oficio afirmando que no se puede robar a los muertos, puesto que lo que tenían ya no pertenece a nadie.

        Es en ese momento, con el hallazgo de un cuerpo, cuando se desencadena todo lo que ha de venir y comienza a circular una galería de personajes de muy diferente índole. De hecho, está muy presente la diferencia entre clases, rasgo muy destacado en Dickens. En esta serie se busca el contraste de un modo muy marcado, como vemos por ejemplo en dos escenas consecutivas: en la primera de ellas, un camarero sirve en una mesa al perro de una mujer adinerada, y acto seguido se nos muestra a obreros trabajando con montones de basura.

        
        En lo que respecta a los personajes, considero que hay cuatro principales, John Rockesmith, Bella Wilfer, Eugene Wrayburn y Lizzie Hexam. El resto, pese a tener su importancia, orbita en torno a estos. Con todo, el reparto del tiempo entre todos es equitativo.  La buena estructuración da como resultado una serie equilibrada en la que el interés no decae en ningún momento, ni siquiera cuando la acción se centra en los antagonistas o en los secundarios de menor categoría.

        John Rockesmith (interpretado por Steven Mackintosh) me ha parecido un personaje demasiado flojo para un papel tan relevante. Es un hombre con un carácter débil que sólo saca algo de genio hacia el final. La verdad que esconde resulta muy previsible desde el principio, pero no por ello interesa menos, porque lo que realmente importa no es el secreto en sí, sino cuándo lo desvelará, cómo y qué consecuencias tendrá.

        
        Como contrapunto tenemos a Wrayburn (Paul McGann), un hombre carismático e ingenioso que suple su escaso atractivo físico con otras características que hacen que disfrutemos de él cada vez que aparece en pantalla. Su historia con Lizzy me parece mejor lograda que la de la otra pareja, ya que se va desarrollando lentamente y se nos muestra cada estado de ánimo por el que pasan. Sin embargo, en la relación entre Rockesmith y Bella se dan unos cambios un tanto abruptos.

        A Lizzie le da vida Keeley Hawes, que es una cara conocida en el mundillo. La hemos visto en series y películas como Esposas e hijas y Under the greenwood tree. Su personaje resulta el más plano de todos y muy típico. Es una muchacha abnegada, bondadosa, generosa y trabajadora. Es un compendio de virtudes. Su mala suerte, el sufrimiento al que se ve sometida y su modo de enfrentarse a ello nos hace compadecernos de ella y que terminemos cogiéndole cariño

        Por otro lado, Bella (Anna Friel) es una joven que desde el principio es un juguete del destino. Se ve prometida a un hombre que no conoce y futura poseedora de una fortuna de la que se ve privada porque su prometido ha muerto. Es ambiciosa y soberbia, pero no egoísta. Permítaseme una nota un poco frívola: esta mujer saca unos vestidos preciosos. Ella y Eugene son los que más evolucionan, aunque en el caso de este último, ese cambio es más sutil y lógico.

        A quien he visto fuera de lugar es a David Morrissey en el papel de Mr. Headstone, el maestro obsesionado con Lizzie. Me da la impresión de que trata de mostrar a un psicópata atormentado, pero algunas de sus escenas son excesivamente exageradas, de tal modo que no sabía si estaba viendo Our mutual friend o The vampire diaries.

        Uno de los recursos que se usan en esta historia también lo empleó Dickens en el que, hasta el día de hoy, es el libro que prefiero de él, Historia de dos ciudades, aunque con diferente resultado. No puedo decir de qué se trata sin revelar demasiado.
      
        Ésta es, por lo tanto, una producción de gran calidad, amena e interesante.

Puntuación: 4 (sobre 5)

La formación de una marquesa

11/03/2013

Esta obra de Frances Hodgson Burnett se publicó por primera vez en 1901 dividida en dos partes. La primera llevaba el título por el que hoy la conocemos, y la segunda, Los métodos de Lady Walderhust. En 1902, la propia escritora reunió ambas en una sola obra. En España, Alba Editorial nos la trajo en 2012 a través de su colección Rara Avis a un precio de 19'50 euros.

¿De qué va?: Emily Fox-Seton es una mujer de alta cuna que por designios del destino se ve huérfana y con parientes que no quieren hacerse cargo de su cuidado. Expuesta al mundo en semejante situación, Emily se gana la vida haciendo encargos para mujeres con mejor fortuna que ella. Una de estas damas es Lady Maria Bayne, que, encariñada con ella y consciente de lo provechoso de sus servicios, la invita a una de las reuniones sociales que suele organizar. Es en este lugar donde la protagonista vive una serie de experiencias que cambiarán su vida y que la llevarán a una espiral de conspiraciones urdidas en su contra.

¿Qué opino yo? (Sin destripes): Esta novela en su conjunto no me ha gustado. Tenía las expectativas muy altas y la decepción ha sido bastante grande. Todo lo que sucede en el libro está perfectamente expuesto en el resumen de la contraportada. Haciendo un paréntesis, habría que decir a las editoriales que tengan cuidado con lo que exponen en la cubierta, ya que a veces desvelan todo el misterio de la obra.

       La trama en este caso me ha resultado totalmente carente de interés. En las primeras doscientas páginas la novela es un catálogo de las necesidades casamenteras de las jóvenes y los divertimentos de la buena sociedad, además de una exposición continua de las “fascinadoras” virtudes de la protagonista, la cual me ha parecido insufrible. Se trata de una mujer bondadosa, ingenua, alegre, servicial y con una enorme necesidad de tener a alguien a quien idolatrar.


«La gente no se hace idea. Cree que las chicas somos frívolas porque nos preocupamos y que esas cosas no son serias. Pero cuando una sabe que debe tener cosas, que son como el pan, ¡es horrible!».

        
       La autora, de un modo muy reiterativo, nos recuerda  una y otra vez a lo largo de todo el libro la falta de inteligencia de Emily. Por lo que yo veo, no es una persona estúpida, porque sabe bien cómo ganarse la vida en sus circunstancias, pero sí es un tanto boba. En la primera mitad la vemos adorando a otros personajes como Lady Maria y Lady Agatha, adoración que en la segunda parte se traslada a otro sujeto tan vacuo como ella y de quien también la escritora repite varias veces la inexistencia de cualidades destacables.

       Así, los personajes son tan planos que aburren. Quizás el mejor conseguido sea Hester Osborn (la antagonista de Emily) por su dualidad, ya que a pesar de su avaricia y su odio, consigue encontrar hueco para la compasión. Puede resultar interesante también Lady Maria por su mordacidad, rasgo que, una vez más, Frances Hodgson Burnett se encarga de recordarnos a menudo.


«Soy egoísta, pero no abominablemente egoísta. Las personas abominablemente egoístas siempre tiene un carácter horrible, cosa que nadie podría decir de mí».

       
       Pasada la página doscientos, la intriga comienza por fin a complicarse un poco, claro que esto en una novela de trescientas treinta y ocho páginas no resulta muy alentador. Al llegar a ese punto no podía dejar de leer, esperando con ansias descubrir cómo una protagonista tan corta de vista conseguiría salir del embrollo. Pues bien, la resolución es tan ridícula que no puede dejar de sorprenderme. El único motivo por el que había continuado leyendo el libro se resuelve en dos líneas, aunque, bien mirado, es la conclusión más lógica posible y en concordancia con la simpleza del resto del relato.
       
         El estilo de la autora es sencillo, con un leve tono de burla, ya que ella misma se ríe de sus personajes exponiendo, como he dicho antes, sus faltas. Su manejo de la pluma es bueno y existe un equilibrio entre diálogo y narración, además de unas descripciones muy claras. Como punto negativo, las sucesivas repeticiones de las que ya he hablado.

        Este libro se compara con Rebeca, de Daphne du Maurier, y supongo que es una cuestión puramente de marketing, porque no existe ninguna similitud. La editorial también lo relaciona con Edith Wharton, y, una vez más, no veo el parecido. Tanto Wharton como du Maurier me parecen muy superiores. No obstante, nunca dejo de recomendar un libro por que a mí no me haya gustado. Cada uno tiene que juzgar por sí mismo si merece o no la pena.

Puntuación: 1'5 (sobre 5)