Veinte años después

07/08/2016

    El ciclo que Alexandre Dumas y Auguste Maquet dedicaron a los mosqueteros se compone de tres novelas: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne. La segunda de ellas, que es la que nos ocupa, fue publicada por primera vez en Francia en forma de libro en 1845. La editorial responsable fue Baudry.

   En España encontramos hoy la edición de Edhasa y la de Cátedra. La primera se puede adquirir como parte de un estuche en el que se incluye la saga completa, que cuesta 39'90 euros y consta de 3200 páginas. Si se prefiere, se puede comprar por separado el primer tomo, con los dos primeros títulos, por un precio de 14 euros. La versión de Cátedra también incluye los dos primeros títulos, pero en este caso el precio es de 30'60 euros.

¿De qué va?:

     Durante la minoría de edad de Luis XIV, su madre, Ana de Austria, ejerce la Regencia. Sin embargo, la influencia de Mazarino sobre ella disgusta a gran parte de los súbditos. Las voces contra el cardenal extranjero son cada vez más fuertes, por lo que este recurre al hombre más sobresaliente del cuerpo de mosqueteros, D'Artagnan, para frenar a sus oponentes. D'Artagnan, para obtener una victoria plena sobre el bando contrario, le promete reunir a sus antiguos compañeros, ahora dispersos y dedicados a otras tareas tras veinte años sin verse. Sin embargo, cuando acude en su busca, se topa con reacciones inesperadas. Además, una peligrosa sombra surgida del pasado los acecha para acabar con ellos.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Los tres mosqueteros es un libro que me conquistó y cuyos protagonistas llevo en el corazón. Por eso estaba deseosa de leer el resto de títulos de la saga, los cuales, incomprensiblemente, son muy desconocidos.

    Ya comenté en la reseña de Los tres mosqueteros que, aunque su calidad es excelente de principio a fin, es una novela que va de más a menos. Sin embargo, en Veinte años después sucede justo al revés. Aunque capta el interés desde el principio, es a partir de la mitad cuando la intriga y el drama alcanzan su máximo apogeo.

    Cuando afronté la lectura de Los tres mosqueteros, ya conocía la mayor parte de los hechos que se relataban, por lo que las sorpresas no fueron tantas. En cambio, en esta ocasión no sabía nada de lo que iba a pasar. Esa ha sido una de las razones de que este libro me haya gustado todavía más. Tan sólo acababa de empezar a leer cuando ya me descubrí a mí misma totalmente absorbida por la trama, y no siempre me sucede eso. A veces tengo que leer páginas y páginas hasta que algo capte mi atención. 


                                                 En la calle Tiquetonne se sitúa la fonda de Chevrette, residencia de D'Artagnan

    Lo que digo es incluso más curioso si tenemos en cuenta un aspecto llamativo: lo poquísimo que aparecen los mosqueteros durante buena parte de la novela, cuestión esta que no ha restado ni un ápice de interés. Los sucesos son tan variados; las tramas, tan diversas y los personajes, tan complejos que, aunque parezca increíble, no se echa de menos a los cuatro compañeros.

    El eje que vertebra la obra es principalmente político. Una de las figuras más destacadas
en todo este entramado es la de Mazarino, continuamente comparado con su predecesor, Richelieu. La diferencia entre ambos caracteres es tan abismal que el antiguo cardenal hasta llega a ser añorado por nuestros cuatro mosqueteros, al considerarlo estos un rival digno de ellos.

    Mazarino cuenta con pocos apoyos y, para sorpresa nuestra, el de D’Artagnan es uno de ellos, aunque sólo por conveniencia. El cuerpo de mosqueteros, como sabemos, está al servicio de la corona, bajo cuya protección se encuentra Mazarino. Al gascón, el único de los cuatro amigos que continúa siendo mosquetero, no le queda otra opción que ponerse a su servicio si desea alcanzar sus aspiraciones personales. De este modo, desde el principio se establecen dos bandos: el de la corte, con D’Artagnan,
y el de los frondistas, que cuentan entre sus filas con varios antiguos conocidos.

    Dumas ha sabido plasmar el paso del tiempo a la perfección. Lo notamos ya en el ansiado reencuentro entre D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis. Se palpa la tirantez y la incomodidad propias de personas que significaron mucho las unas para las otras pero que dejaron transcurrir los años sin volver a verse. Si queréis saber si vuelven a hacer honor al lema “uno para todos y todos para uno”, tendréis que animaros a leer el libro.



    «No era hechicero, sino sabio, lo cual es muy diferente. No profetizaba el porvenir, pero recordaba lo pasado, lo que es mucho peor a veces».

   
   Lo que sí puedo decir es que ni la edad ni el alejamiento del campo de batalla han hecho menoscabo en su valor, destreza y temeridad. No obstante, sí se aprecian cambios en ellos. Si del primer libro me declaré incapaz de elegir a un favorito, ahora confieso que el mejor es D’Artagnan, el más inteligente y astuto. De todas formas, todos siguen siendo unos canallas, bravucones y pendencieros, a los que habría mucho que reprocharles, pero en el fondo los tenemos que querer y, de alguna forma, tienen su propio código de honor.

    En Athos notaremos una gran metamorfosis. Está en un terreno espiritual muy distinto del de sus compañeros, lo que provoca más de una situación peligrosa y pone a prueba la paciencia de los otros. Gracias a él conocemos quién ese vizconde de Bragelonne del que recibe su título el último libro de la trilogía.

    Con Porthos creo que Dumas se ha pasado un poco. Es bobo en extremo, pura fuerza bruta, impulsivo e impaciente.

    Aramis es un hipócrita, intrigante y petulante, pero me hace gracia, qué le vamos a hacer. 



   Volver a ver a los cuatro juntos es muy emocionante, sobre todo porque sus aventuras no giran en torno a un único frente, sino que deben hacerse cargo de distintas misiones relacionadas con hechos históricos reales, al mismo tiempo que están amenazados de muerte por el único antagonista capaz de hacerles temblar.

    La acción no decae en ningún momento, ni siquiera cuando ellos no están presentes y
tenemos que acompañar, por ejemplo, a los líderes frondistas, al vizconde de Bragelonne, a la reina Ana de Austria o al duque de Beaufort, que protagoniza algunos de los momentos más hilarantes. Me he reído con él como hacía tiempo que no me reía con una novela.

   Los diálogos son buenísimos, especialmente los que salen de boca de los cuatro protagonistas. Están cargados, en ocasiones, de sarcasmo, ironía, mala leche y dobles sentidos, sobre todo de la mitad del libro en adelante.

    De nuevo hacemos un recorrido geográfico amplio. De París y otras zonas francesas viajamos a la Inglaterra de Carlos I. Aunque Dumas se permite muchísimas licencias, son muchos los lugares, acontecimientos y personajes históricos reales que nos muestra, confiriéndoles un interés que, junto con una trama excelentemente trazada, impele a seguir leyendo.


                                                                  El Palacio Real 

    El estilo es el que ya conocemos de Los tres mosqueteros. Además de lo que he comentado de los diálogos, la prosa es muy ágil. Léxico y expresión sencillos y descripciones breves y precisas se ajustan a esa técnica del folletín que Dumas manejaba tan bien.

    Aunque El conde de Montecristo es una novela de mayor profundidad psicológica y formalmente más compleja, lo bien que me lo estoy pasando con los mosqueteros puede hacer que acabe considerando las dos composiciones al mismo nivel. Me falta por descubrir qué tiene que ofrecer El vizconde de Bragelonne.


Puntuación: 5 (sobre 5)

Las sombras de Longbourn

31/07/2016

    La primera y única edición que se publicó en España de esta novela es de 2013. Fue la editorial Lumen quien la lanzó al mercado por un precio de 19'90 euros. En 2015 se vendió de oferta por 5'95 euros. Hoy por hoy está descatalogada. Se trata de una obra en tapa dura con 476 páginas.

¿De qué va?: 

     Son las cuatro de la mañana en Longbourn, la casa de los Bennet en Hertfordshire. Mientras las cinco hermanas y sus padres, los protagonistas de Orgullo y prejuicio, duermen plácidamente, Sarah y Polly, dos jóvenes criadas, empiezan a trabajar a las órdenes de la anciana señora Hill. Todos llevan años repitiendo la misma rutina, pero saben que la vida es algo más que un simple ir y venir de trapos, cacerolas y escobas.

    Sarah es quien más desea arriesgar y su pequeño y rutinario mundo cambia el día en que James Smith, un nuevo sirviente, llega a Longbourn arrastrando con él un pasado lleno de secretos y un futuro donde cabe la libertad. De repente, los sótanos y las buhardillas de la mansión cobran vida, y detrás de los delantales y los uniformes descubrimos criaturas que tienen mucho que contar. (Sinopsis de la editorial).


¿Qué opino yo? (Con destripes de Orgullo y prejuicio):

    Decepción es la palabra que define lo que siento. Por lo que he visto, es una novela bien valorada en Goodreads y con algunas buenas críticas entre los blogueros de habla hispana, así que me temo que, una vez más, voy a ser la nota discordante.

    La historia empieza bien. Me gustó el inicio y lo que parecía que iba a ser la tónica general del libro, además de que la protagonista no me caía mal, pero, en algún momento, eso se tuerce.

    Sarah es una joven trabajadora, tenaz e inconformista. Sin embargo, cuando empieza a aparecer el lado negativo de su personalidad, dejé de tolerarla, incluso de entenderla, porque a esta mujer le dan impulsos totalmente incoherentes. En algunos momentos se muestra demasiado suspicaz, con una imaginación exacerbada y delirante, y extremadamente rencorosa. No puedo decir que sea egocéntrica ni engreída, pero su exagerado deseo de atención se convierte en algo molesto, ya que si alguien no le habla tanto como ella considera conveniente o no la mira tanto como desea, se convierte en su enemiga. 


   «El mundo podía transformarse de arriba abajo sólo porque alguien había decidido ser bondadoso».


    Puede que todo esto parezca un poco exagerado, pero el atisbo de ese espíritu de diva, entre otras cuestiones, ha hecho que Sarah me resulte insoportable. A esto añado que la chica es bastante inestable. Hoy puede odiar a alguien y mañana cambiar de actitud de manera radical sin ninguna evolución, maduración psicológica ni nada que lo justifique. Es que no hay nada, ni siquiera un sentimiento, que explique determinados comportamientos.

    Quizás lo más interesante sea lo que transcurre de fondo, esto es, la historia de Orgullo y prejuicio, pero para eso ya tenemos la novela de Jane Austen.


   Jo Baker intenta desmitificar a los Bennet de Austen humanizándolos desde perspectivas poco agradables. Los criados tienen que eliminar determinados fluidos en sus ropas y las manchas que descuidadamente se hacen en sus telas, soportar su indolencia, la falta de consideración y los caprichos banales. Algún miembro de la familia oculta un importante secreto que no desvelaré.

    A través de los ojos de la servidumbre vemos, por tanto, que los Bennet (incluida Elizabeth) dejan mucho que desear y que el señor Collins es alguien más digno de piedad, por la falta de comprensión hacia él, que de burla. 


    «Uno de los curiosos males que aquejaban a las personas de buena posición era que no podían abrir una puerta».


    En principio se podría pensar en un Orgullo y prejuicio entre bambalinas, pero conforme vamos leyendo comprendemos que no es exactamente así, aunque Baker se aproveche de la historia de Austen para construir una mucho más plana. Gran parte del libro se centra en las tareas de los criados. Los hallamos continuamente lavando, tendiendo, recogiendo orines y otras sustancias de deshecho, sirviendo la mesa, recibiendo invitados, etcétera, lo que da lugar a un desarrollo lento de unos acontecimientos de por sí poco relevantes.

    En cuanto al romance que se adivina del argumento que figura en la contraportada, si alguien acude a esta obra buscando un paralelismo con la relación entre Elizabeth y Darcy, que se olvide de ello. Aquí, más que una historia de amor, lo que se da es un despertar sexual que genera cierta afinidad y complicidad. Incluso en el camino hacia ese despertar no he encontrado nada que lo respalde. No hay una unión, una cercanía, ni siquiera una atracción que explique por qué la chica implicada elige a esa persona.

    Por otro lado, el personaje más redondo es James, el único del que puedo decir que me ha gustado. El sí tiene unos miedos lógicos y un pasado que sustenta su ser presente. Su historia es la que, para mí, más merece la pena, aunque parte de ella sea muy previsible. El gran misterio que lo rodea desde el principio no es tal para el lector, que puede adivinarlo demasiado pronto, pero es el recorrido que lleva al muchacho hasta ahí y el destino que le espera lo realmente importante.


    Los restantes personajes son muy planos: el señor y la señora Hill, Polly, Ptolemy Bingley… Exceptuando a la señora Hill por una cuestión de su pasado, todos están de relleno.    

    Durante la primera mitad los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo, mientras que en la segunda, la escritora se sirve de la analepsis en algunos capítulos, alejándose por completo de la trama de Orgullo y prejuicio. En ellos es donde se encuentra la mayor carga dramática, lo que a mi entender les confiere más calidad que al resto. Tras esos capítulos se retoma la narración cronológica.

    El estilo de Jo Baker ni se acerca al de Jane Austen, como era de suponer. Antes de que alguien me diga que no hay que establecer comparaciones, aclararé que si un escritor se aprovecha de la obra de otro, especialmente si es un clásico, lo menos que puede hacer es respetarlo en todos los sentidos y tratar de mantener cierta fidelidad, y Baker no sólo no tiene la elegancia, la ironía y el ingenio de Austen, sino que está en las antípodas y en ocasiones resulta incluso burda. A veces me da la impresión de que, al querer establecer una comparación, no sabe qué expresión elegir y termina poniendo dos innecesariamente.

    En fin, como curiosidad el libro puede pasar, pero, desde luego, no aprovecha una premisa que prometía mucho más.


Puntuación: 2 (sobre 5)

Antes de ti

17/07/2016


                   Título original: Me before you                                Año de estreno: 2016
                   Duración: 110' aprox.                                               Género: Drama
                   Productora: MGM/New Line Cinema                   País: EE.UU.


¿De qué va?:

    Louisa Clark es una joven de veintiséis años que sigue viviendo con sus padres en un pequeño pueblo inglés. Al perder su empleo en una cafetería, debe buscar un nuevo trabajo, lo que la lleva hasta el hogar de los Traynor. Allí es contratada como cuidadora de Will Traynor, un hombre de treinta y cinco años que quedó tetrapléjico a causa de un accidente. Louisa y Will no empiezan con buen pie y todo se complica cuando la muchacha descubre que Will no quiere seguir viviendo. Es entonces cuando Lou toma la firme decisión de hacer todo lo que esté en su mano para que él vuelva a amar la vida.

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

    Después de reseñar el libro he decidido dedicar una entrada para la película, ya que aunque existe mucha fidelidad en los diálogos, el tono es muy diferente. Esta es una de las poquísimas ocasiones en las que prefiero la versión cinematográfica, donde, curiosamente, se ha omitido el primer pronombre del título.

   Esta vez sí estamos ante una historia básicamente romántica. Mientras que el libro se vuelca muchísimo en el día a día de un tetrapléjico y en la lucha para devolverle las ganas de vivir, la cinta se centra más en los sentimientos que Will y Lou van desarrollando el uno por el otro. No deja de lado la difícil situación de Will y su aflicción se transmite bien, pero la base es la atracción entre ellos dos. Sin embargo, no hay que preocuparse por un exceso de azúcar, porque de eso no hay nada de nada. Es una relación muy bien trabajada, construida a través de duras pruebas, diálogos chispeantes, paciencia, comprensión y tolerancia. 


«Sólo se puede ayudar a alguien que quiere que lo ayuden».

   
   Una de las cuestiones que más me han impresionado es cómo puede cambiar el sentido de una conversación o un simple comentario cuando son trasladados a la pantalla. Nunca, con ninguna adaptación, he notado un cambio tan brusco. Los mismos diálogos que en la novela resultan serios, quizá hasta un poco sosos a veces, en boca de los actores adquieren fuerza, carácter, son mucho más potentes. Tanto Sam Claflin como Emilia Clarke dotan a sus personajes de una vitalidad y un dinamismo mucho menores en el libro, especialmente ella.

    El personaje de Lou es otro cambio favorable. Mucho más sonriente, simpática, dulce y encantadora en la película, conquista fácilmente el corazón del espectador. A Emilia le gusta gesticular muchísimo, pero, para mí, eso consigue dotar a Lou de una enorme expresividad y que nos creamos la afirmación de Will cuando le dice que es incapaz de ocultar ni una sola de sus emociones. Es uno de los personajes más entrañables que he conocido en el cine.

    Sam Claflin también está maravilloso como Will. En esta ocasión no cambia tanto con respecto al texto original de Jojo Moyes y en ambas creaciones enamora igualmente. Sam no ha debido de tenerlo fácil para interpretar a alguien sin movilidad de cuello para abajo. De hecho, a mi madre y a mí nos recordó en un par de escenas a Christopher Reeve. Transmite muchísimo con sus miradas y sus sonrisas, pero también con una personalidad decidida, burlona y más sensible de lo que puede parecer al principio. 


    Por cierto, haciendo un paréntesis, a todos aquellos que dicen que ahora a todas nos gusta Sam Claflin les diré en defensa propia que yo le tengo el ojo echado desde Los pilares de la tierra, eh. Fue lo primero que hizo y desde entonces ha mejorado muchísimo su capacidad interpretativa.

    En la cinta se han eliminado personajes secundarios prescindibles, un aspecto crucial sobre la familia de Will y una vivencia traumática de Lou en su juventud. Lo prefiero todo así. Me gustan más los padres de Will aquí, más unidos y enfrentándose juntos a algo que destrozaría a cualquiera. También prefiero que esa escena que comento sobre Lou no se haya incluido. Es la única forma de que la protagonista tenga esa luz que irradia, ya que en el libro hay mucha más amargura en ella y creo que ya es suficiente con la que se deriva del accidente de Will.

         Fantásticos son, asimismo, los escenarios elegidos. Para buena parte del metraje se optó por Pembrokeshire, al sudoeste de Gales. Algunas escenas se rodaron en Chenies Manor House, en Buckinghamshire. El equipo también se desplazó hasta Mallorca, de la que los actores han hablado maravillas. Para completar el cuadro está la belleza de París.

    La banda sonora es perfecta. Cada canción está elegida impecablemente para los momentos en los que suenan. Podemos escuchar piezas de Ed Sheeran, X Ambassadors, Imagine Dragons, Cloves, etcétera.

    En cuanto al vestuario, lo más destacable es que se ha respetado el estilo tan peculiar de Lou, tan especial en el filme como en la novela. Se refleja a una chica que lleva siempre una explosión de color y que combina a la perfección con su personalidad.

    Aunque suelo ser defensora del excelente trabajo de doblaje que se hace en España, esta vez no hay ni punto de comparación con las voces originales, especialmente en el caso de Sam Claflin, ya que él realiza unas inflexiones y posee una variedad de matices que no se aprecian en la versión española. 


    Como ocurre en el libro, se sigue jugando con el humor y el drama, y el tema que ha causado controversia se trata con respeto, independientemente de que estemos o no conformes con el desenlace. Se trata, por tanto, de una película que enamora y hace sufrir a partes iguales, al mismo tiempo que conduce a la reflexión.  

 
Puntuación: 4'5 (sobre 5)

Yo antes de ti

10/07/2016

     Esta novela de Jojo Moyes se publicó por primera vez en el Reino Unido en 2012. En España podemos encontrar varias ediciones:
- Editorial Suma, 496 páginas, 19'95 euros.
- Editorial Punto de Lectura, 496 páginas, 9'95 euros.
    En 2016 se ha estrenado la película basada en esta obra.

¿De qué va?:

     Louisa Clark es una joven de veintiséis años que sigue viviendo con sus padres en un pequeño pueblo inglés. Al perder su empleo en una cafetería, debe buscar un nuevo trabajo, lo que la lleva hasta el hogar de los Traynor. Allí es contratada como cuidadora de Will Traynor, un hombre de treinta y cinco años que quedó tetrapléjico a causa de un accidente. Louisa y Will no empiezan con buen pie y todo se complica cuando la muchacha descubre que Will no quiere seguir viviendo. Es entonces cuando Lou toma la firme decisión de hacer todo lo que esté en su mano para que él vuelva a amar la vida.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):
  
    Hace apenas unas horas que he terminado este libro y sigo dándole vueltas a todo lo que ha pasado. Continúo escuchando una y otra vez Thinking out loud, una de las canciones de la banda sonora de la película, buscando opiniones de otros lectores por Internet, informándome sobre la autora y viendo fotos de Sam Claflin, el actor que da vida al protagonista en el filme.

    Es difícil digerir una historia como esta, una de las más duras que he leído en mucho tiempo. Sabía lo que iba a suceder antes de embarcarme en este viaje, incluso había visto la película, pero la sensación de tristeza se agudiza conforme transcurren los minutos, cuando uno va asumiendo la realidad de lo que se nos ha contado.

     Yo antes de ti se vende como una novela romántica y creo que es un error. Hay amor, una historia de amor sincera y auténtica, pero es una minúscula parte del libro. La trama es ante todo una lucha contrarreloj, un intento desesperado para que una persona que ha perdido todo cuanto se puede perder logre amar la vida y no renuncie a las posibilidades que le ofrece.

     El dolor más agudo se mezcla con la alegría más inesperada a lo largo de las páginas. Todo es más duro porque Will Traynor es un personaje al que se acaba amando irremediablemente. La escritora parte de un cliché: era guapo, rico, inteligente y exitoso. Por fortuna, Jojo Moyes se aleja de ahí y sólo utiliza ese recurso típico para que comprendamos el contraste entre lo que era y lo que le ha quedado, que su vida agradable de entonces, su amor por la libertad, por explorarlo todo sin límites, choca de frente con unas exigencias impuestas que le obligan a no ser el hombre que realmente es en su interior. Su sufrimiento, su sarcasmo, su resignación, sus sonrisas, sus consejos y sus ansias frustradas por una existencia plena se quedan con nosotros tras la última página y lo convierten en alguien que pervivirá en la mente de cualquier lector receptivo de la misma forma que lo hace en el corazón de Lou. Jojo Moyes ha construido un ser humano real, complejo, vivo.

    Desde el principio se nos engaña. Todo apunta a que Lou, una muchacha torpe y parlanchina, está ahí para animar a Will e infundirle de nuevo ganas de vivir. Sin embargo, es él quien le abre las puertas a un mundo lleno de posibilidades, la empuja más allá de sus reducidas costumbres. 


     El personaje de Lou arrastra consigo mucha angustia, algunos traumas que le impiden brillar. Hay mucha diferencia entre la Louisa del libro y la cinematográfica. La primera, que es la que importa en esta reseña (aunque me guste más la segunda), tiene una existencia mucho más oscura, hay menos chispa en ella, pero Will es capaz de apreciar todo lo que puede dar de sí. Algunas réplicas ingeniosas, sus enfados, su buena voluntad, sus salidas de tono y su torpeza van llamando la atención del joven.

    Lou es un personaje del que esperaba más, pero tras pensarlo detenidamente, me doy cuenta de que es como debe ser, porque es con ella con quien el ser humano común puede identificarse mejor, ya que a veces parece que en esta sociedad sobrevivimos más que vivimos. 


    Sin embargo, todo lo contrario tengo que decir del novio de Lou, Patrick. Es uno de los personajes peor construidos que he encontrado en mi vida. Ninguna persona, por simple que sea, es monotemática. Este hombre sólo tiene un tema de conversación a lo largo de toda la novela, y no estoy exagerando. Su papel no es relevante, puesto que ni siquiera supone un obstáculo entre Will y Lou. La única función que desempeña es acentuar aún más el hecho de que ella se conforme con una existencia anodina.

    Con ellos hay otros personajes y otros problemas.

    La prosa de Jojo Moyes es similar a la de muchos best sellers actuales: sencilla, directa, llana, coloquial a veces, con escasas descripciones… No es Cervantes, desde luego, pero tampoco Moccia; se puede leer. No obstante, no es un best seller más; no nos equivoquemos con este libro. Es más profundo e intenso de lo que puede parecer a priori, tanto por las reflexiones y emociones de cada uno de los personajes como por la forma de tratar un tema tan delicado como el que plantea. Tampoco creáis que el sufrimiento es constante. Hay espacio para mucho más que el drama.

    Es un libro que merece la pena leer tanto si os gustan las historias de amor como si no, ya que, como dije antes, el romance se da, pero no es, ni mucho menos, el tema central, y además no hay endulzamientos vanos. Este título consigue que, sean cuales sean nuestras creencias, nos pongamos en la piel de cada uno de los implicados.

    Es una novela que recomiendo, pero también aviso que es una novela para sufrir.

    Debido a la presión de los fans, la autora escribió una segunda parte totalmente innecesaria que ha gustado a poca gente y que no voy a leer. Yo antes de ti es un libro autoconclusivo, perfectamente cerrado y que no necesita más.


Puntuación: 4 (sobre 5)

Ana y la casa de sus sueños

15/05/2016

     Ana y la casa de sus sueños, la quinta novela de la saga de Anne Shirley, fue publicada por primera vez en 1917. En España, Toromítico la editó en 2015. Esta edición consta de 277 páginas, sin contar las láminas en color que se incluyen, y cuesta 15 euros.

¿De qué va?: 

     Anne abandona su trabajo como profesora para comenzar una nueva vida junto a su gran amor. Lejos de Tejas Verdes, en Cuatro Vientos, la pareja establece su primer hogar. Allí, los dos jóvenes conocen nuevos vecinos que los acompañan en esta etapa y cuyas alegrías y desdichas se unen a las de Anne. Todos ellos tiene algo que aportarse, especialmente cuando duras pruebas se interponen en su camino.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    He terminado de leer este libro un rato antes de ponerme a escribir la reseña y sigo muy sumergida en él. Los cinco anteriores me han enamorado, pero creo que este ha sido el más especial. Para mí ha resultado el más conmovedor y realista, al mismo tiempo que el más adulto. Tal vez parezca que esta saga está dirigida al público juvenil, pero esta quinta parte es la muestra más efectiva de que son los lectores adultos los que pueden captar todo su sentido, ya que hay que haber experimentado lo suficiente la vida para comprender el sufrimiento que se oculta en el corazón de algunos personajes.

     Al principio de la novela  todo es de color de rosa. La felicidad de los protagonistas es desbordante, el amor lo envuelve todo y aquellos que no soportan lo que ahora se consideran cursilerías quizás huyan espantados, pero en Ana y la casa de sus sueños se muestran descarnadamente todas las caras de la realidad.


    Nos alejamos de Avonlea para conocer Cuatro Vientos, un lugar  tan hermoso que se le dedican frecuentes descripciones. En este sentido, esta quinta parte es muy contemplativa. Es habitual leer en las páginas referencias al paisaje, el clima, el día y la noche..., siempre atribuyendo a todas las cosas un espítitu mágico. Esta vez no es necesario que Anne invente una fantástica historia para cada una, puesto que o ya la tienen, como es el caso de la Casa de los Sueños, o están envueltas en una magia tangible. Es obvio que Lucy Maud Montgomery tenía una habilidad pasmosa para describir lugares en los que soñar y calmar el espíritu. La Casa de los Sueños de Anne es realmente una casa de sueños.


    «El mar es un alma poderosa, siempre lamentándose, eternamente, de alguna gran pena que no puede ser compartida, que se cierra en sí misma para toda la eternidad. No hay manera de penetrar en su infinito misterio, sólo podemos vagabundear, azorados y mudos, por el borde exterior, por sus límites».


     Nuestra protagonista no es ya aquella niña parlanchina que siempre estaba divagando y fantaseando con mil historias, pero no ha perdido su esencia. Su romanticismo pervive y su imaginación continúa formando parte de su ser. Sin embargo, los cambios lógicos se operan en ella. Ahora es una mujer y, más que nunca, observamos una evolución claramente palpable y creíble. Y es que a Anne tenía que pasarle lo que a todos, tenía que pasarle la vida. No puedo decir más.

     Cuando me paro a pensarlo, me da pena que la hayamos visto en los libros anteriores estudiando, esforzándose y trabajando para abandonar ahora esa parte de su existencia, pero es la decisión que toma libremente para ser feliz, y por eso me parece totalmente respetable (para otra cosa ya tenemos a Emily Starr). Con esto no estoy destripando nada importante, ya que es algo que se sabe desde la primera página.


    En el conjunto de la obra hay mucha felicidad, pero también mucho dolor. Creo que este es el libro más doloroso hasta el momento. De todas formas, donde hay dolor también hay espacio para la esperanza, y eso es algo que no se olvida jamás en la saga.


    «Eludir las responsabilidades es la maldición de la vida moderna, el secreto de todo desorden y del descontento que están bullendo en el mundo».


    Esta vez no hay tantos personajes y episodios autoconclusivos independientes unos de otros como en el título anterior. Los secundarios que aparecen son los más inolvidables de los que han formado parte hasta ahora del mundo de Anne, exceptuando, claro está, a Marilla, Matthew, Diana y Gilbert. Las intervenciones de este último son más relevantes, pero sigo pensando que los protagonistas masculinos son el punto más debil de Maud.

    Junto a Anne y Gilbert están en esta ocasión tres personas cuya importancia está fuera de toda duda: el capitán Jim, Cornelia Bryant y Leslie Moore. De hecho, el protagonismo está muy repartido entre Anne y Leslie. Para mí, esto no desmerece el texto; más bien al contrario. Con las dos se logra un equilibrio excelente. Felicidad y amargura se oponen. Entre las dos surge una relación auténtica, con mucho de lo que podemos encontrar diariamente: admiración, envidia, comprensión, etcétera. Es, probablemente, la amistad más verosímil de Anne, la menos idealizada y la que le provoca mayores zozobras. La historia de Leslie me ha tenido en vilo.


    Por su parte, Cornelia es un personaje muy peculiar. Con su abierta aversión a los hombres y la férrea defensa de las mujeres, es responsable de discursos muy divertidos, especialmente cuando se junta con el capitán Jim, que disfruta como un niño pequeño picándola. Este último personaje proporciona momentos de gran alegría a nuestros protagonistas, pero también emana de él una cierta melancolía. Todos me han conquistado; en concreto el capitán Jim se ganó mi corazón con la historia de la perdida Margaret, una de esas historias románticas que tanto le gustan a Anne (y a mí).


    «La política es algo con lo que ningún hombre decente debe mezclarse».


     Creo que ya no hace falta extenderse hablando del estilo de Maud. Se mantiene como en los libros anteriores, sencillo y, en parte, poético.

    Como dije más arriba, no se dan tantas aventurillas sueltas, independientes de un hilo principal conductor. Esta vez, los cinco personajes que he mencionado son los que llevan el peso del argumento. Sus experiencias juntos, sus sufrimientos y alegrías, son el eje de la trama. Tanto esta como la propia Anne son forzosamente más maduras. Todo en este libro ha sido perfecto para mí.

     En cuanto a la edición de Toromítico, la portada, aunque es bonita, tiene el mayor destripe que recuerdo haber visto nunca en la portada de un libro. Que pase lo que se anuncia en ella no es una sorpresa para quien haya leído los números anteriores, pero para alguien que ni siquiera haya empezado el primero, sí puede serlo. Los errores de puntuación siguen siendo frecuentes. Incluso hay un fallo en un nombre en dos ocasiones. Sin embargo, las láminas interiores son preciosas, la letra tiene un buen tamaño y el papel parece de buena calidad.

    En resumen, este es para mí el libro mejor logrado hasta ahora. Es alegre, triste, romántico y melancólico, pero todo desde un punto de vista maduro que nos aleja de aquella Anne infantil recién llegada a Tejas Verdes, aunque esta nunca se extinga.

 
Puntuación: 5 (sobre 5)