La casa del páramo

02/06/2013

     Este libro de Elizabeth Gaskell fue publicado por primera vez a finales de 1850 en el país de la autora. La editorial Alba nos lo trajo a España en el año 2009 en una bonita edición de tapa blanda que cuenta con 189 páginas. Ésta es la que se puede conseguir a día de hoy en librerías por 17 euros.

¿De qué va?: Maggie Browne vive con una madre indiferente y un hermano ambicioso que la considera una jovencita «enjaulada en el campo, rodeada siempre de la misma gente». Después de luchar por superar las diferencias sociales que la separan de su amor –el heredero de un terrateniente–, se verá empujada a un supremo sacrificio para salvar a su propia e ingrata familia.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):


     Estamos ante una historia sencilla que nada tiene que ver con las grandes obras de la autora. No podemos buscar aquí a la Elizabeth Gaskell de Norte y Sur (novela muy recomendable).

     En las primeras páginas, la escritora hace gala de su magnífica capacidad de descripción para introducirnos en un paisaje campestre de gran belleza: el páramo en el que vive la protagonista. Es una lástima que Gaskell no trate con el mismo cuidado a los personajes de este libro. Digo esto porque resultan muy maniqueos. En ningún momento he podido sentirlos como reales; no sé por qué se comportan como lo hacen ni por qué son como son.

     Maggie es una chica abnegada y bondadosa. Jamás se equivoca en sus resoluciones, y sus decisiones están tan desprendidas de egoísmo y parecen tan coherentes que son aceptadas por todos como si procediesen de una especie de ángel. Y, a pesar de eso, su madre apenas la quiere. De hecho, se explicita en el texto el escaso cariño que ésta siente por su hija, aunque la joven se muestre siempre solícita y cariñosa con su familia.


     Tal vez yo sea muy exigente, pero para creerme  a un personaje necesito conocer sus motivaciones y ver todos sus matices, y en lo que respecta a la progenitora de nuestra protagonista, la autora pretende que aceptemos sin más que la falta de afecto no tiene ninguna causa aparente, es así y ya está.

     El hermano de Maggie es igual de plano. Desde pequeño se vislumbran sus graves defectos, y lo único que hace el resto de su vida es potenciarlos, sin que se aprecie el rastro de una conciencia. No obstante, en su caso sí podemos entender el motivo de su comportamiento, al menos en parte: una madre sin carácter que lo malcría y justifica todos sus actos.

     El único personaje redondo de la obra es el señor Buxton. Amigo del padre fallecido de Maggie, ni es perfecto ni es malvado. Sufre conflictos realistas y tiene una profundidad moral que lo lleva a plantearse cómo debe obrar en cada momento, guiándose por el amor, la amistad, la venganza o el dolor.



«¡Conocemos tan poco la verdadera realidad de aquellos hogares que visitamos como amigos íntimos!».

     
     Por otro lado, la relación de noviazgo entre la muchacha y su enamorado comienza de forma muy abrupta. En ningún momento previo al compromiso la vemos pesando en él, pero cuando el joven le pide matrimonio, acepta en seguida y se descubre la mujer más enamorada del mundo.

     Cuando La casa del páramo se publicó por primera vez, fue considerado un cuento de Navidad, pese a que la acción no se limita a esa época del año. Supongo que el hecho de que se viese así se debe a que es un relato lleno de buenas intenciones que nos muestra  que la bondad es recompensada.

     A pesar de todo lo dicho, es un libro agradable de leer, corto, fácil y con algunos fragmentos emocionantes. En este sentido, hay partes que nos incitan a seguir adentrándonos en él para conocer la resolución, ya que puede ocurrir cualquier cosa. El final está bien elaborado, aunque es algo precipitado: en pocas páginas, Elizabeth Gaskell nos ofrece escenas trágicas, intrigantes, románticas y desesperadas. Este desenlace me ha recordado muchísimo a un hecho histórico que se dio en una época posterior.

     Quien vea Return to Cranford, la segunda parte de la miniserie Cranford de la BBC, podrá encontrar en ella algunos aspectos basados en este libro, aunque con muchas diferencias.


     En resumen, La casa del páramo es un relato entrañable que se desarrolla en un ambiente idílico y que contiene una historia de amor bonita pero que podría estar mejor desarrollada, igual que los personajes, demasiado planos y estereotipados.

Puntuación: 2'5 (sobre 5)

Si no amaneciera

29/05/2013


              Título original: Hold back the dawn                                       Género: Drama
              Año de estreno: 1941                                                                   Duración: 112' aprox.
              Productora: Paramount Pictures                                            País: EE.UU.


 ¿De qué va?:
 
     Un inmigrante rumano, Georges Iscovescu (Charles Boyer), llega a México con la intención de cruzar la frontera e instalarse en Estados Unidos. Cuando le comunican que ha de esperar años para poder hacerlo, decide alojarse en un hotel mientras busca alguna alternativa. Es entonces cuando se reencuentra con su antigua compañera de baile, Anita Dixon (Paulette Goddard), quien le da la idea de que se case con una norteamericana para conseguir la nacionalidad. 
     Georges, dispuesto a todo, trata de conquistar a una joven maestra, Emmy Brown (Olivia de Havilland), que se halla pasando unas horas en tierras mexicanas, para llevarla al altar y abandonarla una vez conseguido su propósito. 


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

   Esta película se inicia de un modo peculiar, introduciéndonos en los estudios de la Paramount y mostrándonos un rodaje real de otro film del mismo director (Mitchell Leisen), Vuelo de águilas, con la famosísima Veronica Lake. Una voz en off nos hace una breve explicación a la que sigue un diálogo entre Georges Iscovescu y el propio director. Iscovescu empieza a contar su historia y, a partir de ahí, la voz en off anterior se cambia por otra que es la suya.
    
     Los problemas del protagonista comienzan cuando llega a México huyendo de la guerra que esos días azotaba al mundo y pretende cruzar la frontera con Estados Unidos. El hotel en el que se aloja mientras busca una solución para pasar al otro lado lleva el simbólico nombre de Esperanza, pero lo primero que vemos en su interior es un suicidio. Precisamente la habitación en la que sucede es en la que se hospedará Georges.

     
     En ese ambiente se produce una escena maravillosa: otro de los inmigrantes que permanecen a la espera de poder marcharse recita para los demás las palabras inscritas en la base de la Estatua de la Libertad (pertenecientes a un poema de Emma Lazarus), y el inspector de inmigración norteamericano, allí presente, admite ignorarlas.



                                      Dadme a vuestras cansadas, a vuestras pobres, 
                                      a vuestras humildes masas que desean respirar la libertad,
                                      esos desamparados que abandonan vuestras costas;
                                      enviad a esos sin hogar, a esos infelices a mí;
                                      yo levanto mi antorcha ante la puerta dorada.                                      

     
     El conflicto de la inmigración se mezcla con el drama amoroso, iniciado por la falta de escrúpulos de Georges y Anita. Estos dos personajes son contrapuestos al que interpreta Olivia de Havilland, Emmy Brown. Ésta posee una ingenuidad poco común. Con unas pocas palabras bonitas se deja conquistar, y su alegría espontánea, su ilusión por el futuro y su falta de maldad me han causado una simpatía instantánea al mismo tiempo que una enorme compasión por la suerte que parecía destinada a correr.

     Después de que se inicie el engaño se produce una escena representativa del buen hacer cinematográfico: cuando Emmy se marcha temporalmente, la amante de Georges acude al dormitorio de éste. No se hace ninguna insinuación de tipo sexual y no vemos ningún contacto carnal, pero cuando se cierra la puerta, todos sabemos lo que va a pasar detrás. El cine actual, que no deja nada a la imaginación (a veces más poderosa que lo que se nos enseña en pantalla), tiene mucho que aprender.

     Charles Boyer está correcto en su papel. Poco a poco vamos viendo a través de las miradas los cambios que se producen en su interior. La primera vez, cuando mira a Emmy dormir a través del espejo retrovisor del coche. Sus ojos se dulcifican y aparece en sus labios una sonrisa tan sutil como efímera, ya que él no conoce el amor y se niega a enamorarse de la mujer a la que está engañando. La segunda vez, cuando la joven se baña desnuda en la playa. Es una escena algo atrevida para este tipo de cine, pero la cámara permanece lo suficientemente alejada como para que apenas se vea nada, quizás para evitar así la censura. Es entonces cuando el protagonista suma a la ternura que ya había apreciado en Emmy la sensualidad, pero Anita, con la que había pactado estar juntos en Estados Unidos, sigue presente en su vida.


     Por su parte, Olivia de Havilland supera al resto del reparto. Para mí es una de las actrices más expresivas de Hollywood, y la mejor muestra de ello está en La heredera.

     Junto a los personajes principales hay otros secundarios cuyas vidas vamos conociendo de forma paralela: la pareja que espera un hijo y no puede traspasar la frontera por motivos de salud, el profesor y sus hijas, el peluquero, el inspector de inmigración…

     El doblaje de España es bueno, las voces están bien escogidas, pero se cuela un laísmo (no puedo evitarlo, los laísmos me ponen nerviosa) y a la cinta que conocemos como Vuelo de águilas se le llama Yo quiero alas (el título original es I wanted wings).


     En el guion participa Billy Wilder, muy conocido por películas como Irma la Dulce, El apartamento, Con faldas y a lo loco o El crepúsculo de los dioses.

     Hacia el final ocurre un hecho poco verosímil que me ha llevado a bajar un poco la puntuación que pensaba darle, pero creo que, por lo general, los espectadores que la vean quedarán bastante satisfechos.


Puntuación: 4 (sobre 5)