Valancy Stirling

13/03/2016

    Valancy Stirling o El Castillo Azul es una novela de Lucy Maud Montgomery publicada por primera vez en 1926. En España permaneció inédita hasta que la editorial dÉpoca se hizo cargo de su traducción y edición en 2015. Actualmente está a la venta por 24'90 euros y tiene un total de 295 páginas que incluyen ilustraciones y un postfacio.


¿De qué va?:

     El Castillo Azul cuenta la historia de Valancy Stirling, una joven "solterona" de veintinueve años que vive en un ambiente asfixiante marcado por el férreo control de su madre, la ausencia de los más tímidos placeres y los constantes desprecios y humillaciones a los que la somete su clan familiar por su condición de mujer soltera. Un buen día decide escapar de su monótona existencia tras recibir una impactante noticia, en busca de su propia identidad. (Sinopsis de la editorial).


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Este libro es la prueba fehaciente de que no es necesario escribir mil páginas para obtener una historia repleta de buen contenido. Las casi trescientas páginas de Valancy Stirling son una lección de vida, belleza y amor, y con ella, Lucy Maud Montgomery queda reafirmada como mi escritora preferida.

     Maud (como a ella le gustaba que la llamaran) es muy conocida por estas tierras gracias a su magnífico libro Ana, la de Tejas Verdes y las secuelas. Sin embargo, dÉpoca nos ha traído ahora una obra muy distinta, pero que conserva el toque característico de la autora y que se encuentra en la cima de su producción. Estamos ante una novela más adulta en la que se tratan temas profundos, algunos no siempre exentos de polémica, especialmente para la época en la que se desarrolla la historia. La pluma de Maud les imprime una carga sentimental que se aleja de las notas altisonantes para desarrollarse con una cadenciosa melancolía, pese a la cual cierta felicidad puede tocarse con la punta de los dedos. Incluso la más sutil ironía tiene cabida.

     Valancy, en todas sus fases, es especial. Amamos a la apocada y sumisa joven que se ve sometida al rigor de una familia que no la aprecia y, del mismo modo, amamos a la muchacha independiente en la que se convierte después. No hay que buscar en ella la creatividad de Emily Starr o el ingenio de Anne Shirley. Es otro tipo de mujer, más tangible si cabe, con otras cualidades, aunque soñadora como aquellas. No sólo es alguien que gusta, sino también una persona con la que es muy fácil empatizar. Es creíble, real, humana, y su dolor se convierte en el dolor del lector, como sucede con su alegría. 


    «Si puedes sentarte en silencio con otra persona durante media hora sin sentirte molesto, entonces esa persona y tú podréis ser amigos. En caso contrario, nunca podrá existir tal amistad y no se debe perder el tiempo en intentarlo».


     Ella es la protagonista, pero su psicología no puede comprenderse sin el resto de personajes que aparecen. A pesar de la cantidad de ellos y de que a algunos se les dediquen pocas líneas, todos aportan su grano de arena a la historia, bien sea por su influencia en la muchacha o por la intervención directa en la evolución de los hechos. Ahí está la familia Stirling, tan pintoresca como insufrible. Sin duda, es difícil convivir con gente así, pero no he podido evitar divertirme con lo esperpénticos que son.

     Por otro lado, Barney Snaith es el mejor personaje masculino que hasta ahora conozco de Lucy Maud Montgomery. Los coprotagonistas de otros de sus libros, como Teddy en la historia de Emily Starr y Gilbert en la de Anne Shirley, son prácticamente esbozos sin toda la profundidad que cabría esperar. De este último hasta me atrevería a decir que los que hemos visto la serie de televisión acabamos completándolo con lo que se nos muestra en ella. Sin embargo, Barney no pasa por las páginas como una mera sombra. No existe sólo como realce de la protagonista. En este caso, Maud le confiere entidad. Durante todo el texto lo envuelve el misterio hasta que llegamos a conocer cómo es de verdad y por qué. Tiene un pasado que lo dota de una personalidad creíble, acorde a como ha sido su existencia, y le permite evolucionar. 


     No es únicamente la vida de Valancy la que importa, sino también la de Barney. Algunas de las sorpresas que se nos reservan nos llegan gracias a él.

     Se dice en el postfacio que “la novela resulta un asalto frontal al sistema patriarcal de la época, que oprimía a la mujer psicológica y económicamente”. Para mí esto es limitar el tema, puesto que la obra no gira únicamente en torno a la represión de la mujer; va más allá, hacia la radicalidad de una sociedad que no perdona, que condena cuando hombre o mujer se salte sus normas. Maud logra llegar a la igualdad real equiparando a Valancy, mujer, y a Barney, hombre, al ser ambos unos parias, unos excluidos de la sociedad por no ajustarse a las exigencias que esta les impone, porque la sociedad es hipócrita y severa con todos sus miembros. Muestra de ello no son sólo Valancy y Barney, sino también Cissy y Abel el Aullador. Y yo no puedo más que aplaudir a la autora por lograr esa equiparación auténtica, porque la opresión, como se ve en el texto, se puede dar de muchas maneras. 


    «Es una lástima recoger las flores del campo. Pierden la mitad de su embrujo lejos de la tierra y el titileo. El mejor modo de disfrutarlas es seguirles la pista hasta sus escondites más secretos, regocijarse ante su visión y partir echando atrás una última mirada, llevando en nuestro interior el recuerdo de su seductora gracia y el hechizo de su fragancia».


     En esta ocasión la acción no se sitúa en la Isla del Príncipe Eduardo, sino en Muskoka, una región de Ontario. Concretamente, la familia Stirling reside en Deerwood, una localidad ficticia basada en Bala, lugar que Maud visitó antes de escribir la obra y con el que quedó impresionada. La belleza de la zona no tiene nada que envidiar a la de la Isla del Príncipe Eduardo. Como no podía ser de otro modo, la importancia de la naturaleza está recalcada en el libro, esta vez a través de dos voces, la del narrador omnisciente que nos cuenta la historia y la de un escritor al que Valancy admira: John Foster. A veces esos pasajes envuelven a los personajes y, consiguientemente, al lector en un ambiente casi místico que lleva a un contacto pleno con un mundo primigenio en el que los elementos naturales y los seres humanos son uno. Por poner un pero, precisamente esto es lo que hace que me sobre el uso de pieles de animales en una de las casas. 


     Puede parecer por lo que he dicho que hay descripciones extensas y exhaustivas, pero no es así. La autora va directa al grano y se entretiene poco en aspectos irrelevantes. Las descripciones son breves y nos arrastran suavemente al interior de ese mundo en el que se mueven tantas emociones. Es una novela muy fácil de leer.

     Algunos acontecimientos son previsibles, pero eso no quita intriga al libro. Personalmente, no podía dejar de leer para saber si realmente pasaría lo que yo esperaba o no, y de ser así, cómo sería. No obstante, sí que hay elementos que no nos esperamos.

     Igual que otros libros de Maud, este también tiene efectos benéficos. En medio de tanto caos y negatividad como hay hoy, esta obra es un descanso, un remanso de paz. Claro que hay sufrimiento, como en la vida misma, pero también esperanza. Estamos, por tanto, ante una novela que merece vivir en el hogar (y en el corazón) de todo buen lector.

Puntuación: 5 (sobre 5)

Quo vadis?

06/03/2016

     Henry Sienkiewicz escribió esta novela entre 1895 y 1896. Poco después, la obra se fue publicando por entregas en el periódico Gazeta Polska de Varsovia. En España, las ediciones más recientes son las de Valdemar y El País. La primera, del año 2000, consta de 672 páginas y cuesta 23 euros. La segunda, con 589 páginas, es más difícil de conseguir.

¿De qué va?: 

     El soldado romano Marco Vinicio, recién llegado de una guerra en Asia Menor, conoce por azares del destino a Ligia, una joven cristiana de la que se enamora. Deseoso de tenerla, recurre al emperador Nerón, quien ordena que la arranquen de brazos de sus padres adoptivos para entregársela al joven. Ligia, incapaz de soportar la deshonra, huye. Vinicio, para encontrarla, entra en contacto con esferas desconocidas y sorprendentes para él.


¿Qué opino yo? (Con destripes históricos):

   Quo vadis? es un libro que no olvidaré fácilmente. La película siempre ha sido uno de mis péplum preferidos y no estaba segura de qué me iba a encontrar aquí. Ambas obras son muy distintas y, si bien comparten argumento, el texto de Sienkiewicz es mucho más complejo.

   El libro se divide en dos partes, de treinta y cinco y treinta y nueve capítulos
respectivamente, y un epílogo. La primera parte es básicamente una novela romántica. Todo comienza con la obsesión enfermiza de Marco Vinicio por Ligia. En ese momento no podemos hablar de amor, pues el tribuno, llevado por un deseo incontrolable, cede a sus impulsos y actúa de la forma más vil en que puede hacerlo un hombre. Incluso pasa por su cabeza maltratar a la muchacha.

   Durante toda esta primera parte, Vinicio busca y persigue a la joven y, por ello, comienza a entrar en contacto con el cristianismo. Así se nos introduce en el tipo de vida que llevaban los primeros cristianos. Se analizan las ideas equivocadas que se propagaban sobre ellos y se opone su vida sencilla a las costumbres libidinosas de Roma y a la opulencia de las clases altas romanas. 



    Es admirable el esfuerzo del autor por reconstruir la Roma anterior al incendio del 64. Se dan nombres de calles y barrios por donde se mueven los personajes y se nos conduce por allí con tanta naturalidad como si realmente estuviéramos presentes en esos lugares. Aparece tal cantidad de zonas que la ciudad queda excelentemente configurada. A lo largo de todo el libro incluso nos vamos familiarizando con muchas de ellas. 



    Marco Vinicio es el personaje principal, pero junto a él está Petronio, que aporta
siempre un punto de vista distinto y original. Es, quizás, el mejor personaje de la novela, un esteta que hace de la belleza su modo de vida, pero que no reniega nunca del sarcasmo y de las disputas dialécticas. Petronio es uno de los que existieron realmente. Si os gustan esos personajes con un punto de mala leche, disfrutaréis muchísimo con este. Os aseguro que es magnífico hasta el final, sobre todo al final. 


    «Ya una vez me dije a mí mismo que no valía la pena pensar en la muerte, pues la muerte piensa en nosotros sin necesidad de que vayamos en su ayuda».


   No obstante, él no es el único secundario complejo,
ya que en este libro los secundarios son muy relevantes y están muy bien perfilados. El propio Nerón y sus prosélitos, además de Popea, forman parte fundamental de la trama, tanto en la primera parte como en la segunda. El César se configura como una personalidad caprichosa, voluble y hasta manipulable. Se muestra orgulloso, extravagante y preocupado sobre todo de sí mismo y de lo que él denomina su arte. Quizás no todos los hechos que se dan en el libro sucedieran así en realidad, pero sí que he descubierto algunos datos muy interesantes que forman parte de la Historia, como la fantochada de matrimonio de Nerón con Pitágoras y los crímenes del César. Además, la política y los hábitos romanos del período en que se desarrollan los hechos son exhibidos con habilidad, no como mero marco escénico, sino como parte integrante de la rutina cotidiana de los participantes en la acción. Es una de las novelas en las que con más facilidad me he introducido en el mundo que describe. 


    En la primera mitad ya vamos observando la evolución de Marco Vinicio, la mejor llevada en toda la obra. La obsesión por Ligia lo conduce a un mundo desconocido para él y poco a poco se produce una transformación del todo impensable al principio, narrada paso por paso. Es uno de los cambios psicológicos y emocionales mejor establecidos que he encontrado en literatura. Independientemente de lo que nos parezca hacia dónde se encamina Vinicio, todos sus sentimientos están desgranados de tal forma que resulta un ser redondo. Tal vez parezca que pierde su fuerza y su carácter, pero creo es al principio cuando se presenta como un hombre simple para después, con sus dudas, su espiritualidad, su esperanza y su desánimo, convertirse en un ser humano completo. Lo que más me gusta es cómo Sienkiewicz es capaz de mostrar con gran maestría la diferencia entre un anhelo egoísta, posesivo y sensual y el amor.

   Ligia, sin embargo, es el rol más plano. Es prácticamente perfecta desde el principio,
pero, por suerte, el peso del argumento no recae sobre ella.

    La segunda parte es radicalmente distinta. Si la primera casi se acerca a la novela rosa, la segunda es pura tragedia. Os puedo garantizar que nunca, en toda mi vida, lo he pasado tan mal leyendo un libro.

    Sabía lo que iba a suceder, pero no el grado de precisión con el que se describe y la magnitud que alcanza. Sé que soy fácilmente impresionable, pero diría que jamás me había impactado tanto una novela. Analizándola posteriormente he llegado a la conclusión de que tal vez se deba no sólo a la intensidad y el salvajismo de los actos que se cometen, sino a saber que pudieron haber sido reales. 




    «Las gentes, hasta hoy, no habían conocido a un Dios a quien pudiese amar el hombre; de aquí que tampoco se amaran entre ellos mismos. De eso emanaban sus infortunios y sus dolores; porque así como del sol procede la luz, también la felicidad procede del amor».

  
   Los fundamentos cristianos salen reforzados frente al desenfreno y la locura de Roma. No diría exactamente que la novela cae en el proselitismo, pero se acerca. Con todo, es obvio que debe ser así para que el drama que se avecina sea mayor, ya que la inocencia y pureza de los cristianos agudiza el impacto de lo que sucede. Todo está dispuesto para que pensemos que a lo largo de los siglos muchos mal llamados cristianos han enlodado con actos abominables un culto noble que predica el amor, la misericordia y la humildad. De hecho, en la propia obra se puede ver que el cristianismo se desvirtúa con facilidad: para Crispo, prima el castigo; para Pedro y Pablo de Tarso, el perdón.

    Una de las mejores partes es la del incendio de Roma. En realidad se duda mucho de que Nerón fuera el responsable del mismo, pero en este texto se le atribuye toda la culpa, y funciona muy bien como recurso literario ver al César entonando versos sobre la destrucción de la gran ciudad cuando esta arde a sus pies, muchos ciudadanos han muerto, la gente ha perdido sus posesiones, los criminales campan a sus anchas y algunos se han dado al pillaje. Es un momento tremendo y sublime en el que los vellos acaban poniéndose de punta. 


    El estilo es el de todo un clásico del XIX. Estamos ante una novela histórica, aunque no exactamente como se elabora hoy en día. Los diálogos no son rápidos ni breves. Son ingeniosos, elaborados, a veces hasta extensos, acordes con lo que se puede esperar de cada personaje. Buena parte del peso de la trama está en ellos. La narración y la descripción son muy ricas, cultas pero no agotadoras; todo con la proporción adecuada.

    Mi consejo es que os olvidéis de la película, al menos temporalmente, para dejaros llevar por lo que cuenta Sienkiewicz, que difiere mucho de la cinta hollywoodiense, más blanca y simple. 


Puntuación: 5 (sobre 5)

El sabor de tus heridas

28/02/2016

     El sabor de tus heridas pone punto final a la trilogía de Dreaming Spires, cuyos dos primeros títulos son Tu nombre después de la lluvia y Contra la fuerza del viento. Esta tercera novela ha sido publicada por la editorial Lumen en 2016 y consta de 416 páginas. Está a la venta por 19'90 euros.

¿De qué va?: 

     Cuando llega la Navidad de 1909, los integrantes de la revista Dreaming Spires se han dispersado. Cae la nieve en los tejados de Oxford, pero los ánimos distan mucho de ser alegres, y los problemas no han hecho más que empezar. Chloë, la hija de Oliver, es secuestrada en Nochebuena, y la señorita Stirling acude a Lionel, huyendo de unos hombres que intentan asesinarla: ha llegado el momento de ponerse en marcha.

    Nuestros héroes emprenden una aventura que primero los llevará al París de principios de siglo y luego hasta la ciudad balneario de Karlovy Vary en Bohemia. Pero hay más: el viaje los obligará también a cruzar las fronteras del tiempo. Entre 1909 y 1524, ente amenazas del presente y espíritus del pasado, Alexander, Lionel y Oliver tendrán que enfrentarse a la resolución de un último misterio. En ello se juegan mucho más que el prestigio de su revista: es su vida la que cuelga de un hilo, y falta poco para que se rompa... (Sinopsis de la editorial).


¿Qué opino yo? (Con destripes de los dos libros anteriores):
      
     La trilogía de Dreaming Spires ha alcanzado su final con una novela cuyo ritmo es más rápido que el de las anteriores. Si en las otras dos partes Victoria Álvarez había dedicado tiempo a contemplaciones y reflexiones para que conociéramos a los personajes y sus vidas, ahora el conflicto se introduce rápidamente y eso lleva a que la aventura, los vaivenes y el peligro estén presentes desde el principio.

    Por tanto, nada más comenzar y hasta el desenlace las tramas y subtramas son ágiles y no se produce estancamiento en ningún momento. Además, la acción presente que viven los protagonistas se alterna a veces con la narración de hechos pasados que contribuyen a esclarecer los interrogantes que rodean al príncipe Konstantin Dragomirásky. Gracias a aquellos acontecimientos que sucedieron en otra época, el libro gana en intensidad, ya que no sólo los enigmas se hacen más interesantes, sino que hay otra historia revestida de un tono melancólico, una historia que trae un romance de antaño, cargado de melancolía y tragedia.

    Las vivencias de Adorján y Libuse se han convertido en una de las partes que más me gustan de toda la saga en su conjunto. Sé que Lionel y la señorita Stirling son los favoritos de la gran mayoría, pero yo me quedo con el amor de Oliver y Ailish y el de Adorján y Libuse, más calmados y tiernos, a pesar de los contratiempos imprevistos que los vapulean contra su voluntad. 


     «Hay muchas clases de maldad en el mundo, pero la peor es la que decide llevar una sonrisa por bandera, porque sólo los más inteligentes se dan cuenta de lo que se esconde tras ella».


    Adorján, László y Konstantin son villanos complejos. Hay un motivo para su razón de ser, pero los claroscuros en su personalidad son flagrantes. No se trata simplemente de malvados seres a los que odiar, sino que hay algo de fondo que necesitamos comprender. De hecho, Adorján se ha convertido en uno de mis personajes preferidos de la trilogía.


    A lo largo de los tres libros hemos visto evolucionar de manera creíble a los personajes principales. Si en Tu nombre después de la lluvia respondían más a arquetipos conocidos, en El sabor de tus heridas han alcanzado la madurez. Ahora son seres completos cuyas experiencias los han transformado, confiriéndoles distintos matices.

    Para mí, quienes más han ganado han sido Lionel y Oliver, mientras que Alexander continúa algo estancado, pero también esto es lógico según todo lo que se nos ha ido contando. De este modo, la transformación o no transformación de cada uno resulta completamente creíble.

    Otro aspecto positivo es el de la ambientación. Ubicar los acontecimientos en un lugar tan desconocido pero lleno de encanto como Karlovy Vary ha sido un acierto pleno por parte de la autora. Victoria lo dota de leyenda y logra que rezume misterio gracias a las experiencias sobrenaturales que ocurren allí, aunque no sólo lo paranormal cobra importancia, sino también emociones y sensaciones de corte realista. La fuerza de los sentimientos adquiere más relevancia que nunca.


    La escritora conecta todas las tramas que había abiertas casi sin dejar ningún cabo suelto, y aquí es donde viene el punto flaco, ya que hay algunas cuestiones que no quedan del todo aclaradas. De estas únicamente puedo hablar de una, porque corresponde al libro anterior y ya he avisado que habría destripes de los otros dos libros: no me queda nada claro por qué no muere László cuando nace Ailish. ¿Es porque la reencarnación no estaba completa? ¿Es porque sólo sucede cuando se tiene hijos del mismo sexo? 

    Además de esos aspectos que no están bien rematados, hay otros dos que se ven venir de lejos. Uno tiene que ver con el destino de Theodora y el otro con el cambio que experimenta otro personaje, un cambio que últimamente se repite tanto que empieza a ser muy previsible.

    Pese a estos peros, la novela deja un buen sabor de boca. Con una prosa sencilla, unos personajes que van adquiriendo cada vez más carisma y unas tramas paranormales que causan auténtico pasmo es imposible no engancharse. Esto, por cierto, es aplicable a toda la saga. Si alguien no conoce todavía a Victoria Álvarez, le aseguro que la mejor decisión que puede tomar es correr a buscar sus libros.


Puntuación: 3'5 (sobre 5)

Haven (temporada 5)

21/02/2016


  Estreno: 2015
  Género: Ciencia ficción

  Cadena: Syfy
  Episodios: 26
 Duración por episodio: 40' aprox.




¿De qué va?:


      Mara, el auténtico yo de Audrey, ha aflorado por completo eliminando a la agente altruista y entregada que todos conocían. Por su parte, Duke continúa afectado por su reciente pérdida al mismo tiempo que preocupado por los cambios que experimenta. El poder persuasivo de Mara comienza a hacer mella en él, por lo que toma una serie de decisiones que lo llevan a consecuencias imprevistas.

   Nathan se niega a creer que Audrey haya desaparecido y busca por todos los medios traerla de vuelta. Sin embargo, ninguno de ellos puede sospechar que un peligro más grande del que jamás ha amenazado Haven los está acechando.



¿Qué opino yo? (Con destripes de temporadas anteriores): 

   Esta ha sido de las pocas series que he seguido más fielmente durante todos los años que se ha estado emitiendo, y para mí eso ya le confiere suficiente valor, puesto que llevo un tiempo en que no tengo reparos a la hora de abandonar producciones que dejan de convencerme.

    Ahora ha llegado el momento de decir adiós, ya que tras cinco temporadas, Haven ha alcanzado su final. Esta temporada ha sido diferente de las demás, principalmente por el aumento del número de episodios y lo que eso conlleva. Si antes había trece por año, esta vez han rodado veintiséis, aunque los han emitido en dos tandas separadas por un período de tiempo bastante amplio.

    El hecho de que haya más episodios en esta ocasión ha provocado que en los primeros se ralentizara la acción. Se ha notado que la serie apenas avanzaba y daba vueltas en torno a lo mismo: la absorción de Audrey por parte de Mara, los intentos de Nathan por traer a Audrey de vuelta y la ambigüedad y confusión de Duke.

    Sin embargo, tras ese estancamiento inicial, todo vuelve a su ritmo habitual. Las tramas se agilizan, especialmente con la aparición de Charlotte, un personaje que da mucho juego.


    En la segunda mitad de la temporada todo se vuelve más complejo y dramático de lo que ha sido nunca. Ya conocemos el origen de los problemas, el alcance de los mismos y ahora es cuando los protagonistas buscan una solución. No obstante, todo está fuera de control y Croatoan no se lo pone nada fácil. Aunque esta parte me ha entretenido, no me ha llegado a gustar tanto como las temporadas previas. Además, o yo me he enajenado en capítulos importantes y se me han escapado cuestiones determinantes o los guionistas han decidido olvidar algo decisivo que ocurrió en una temporada anterior y seguir como si nada. Sin desvelar nada relevante, diré que me refiero a sucesos relacionados con Colorado Kid.

   Después del Nathan obsesionado e ido que tuvimos en la cuarta temporada, ahora el personaje recupera sus rasgos característicos y reparte su preocupación entre Audrey y los problemáticos. Ella, por su parte, tiene que enfrentarse a sus orígenes, lo que no le va a resultar fácil.


    Por otro lado, basta con que me guste un personaje para que los guionistas decidan estropearlo. Digamos que después de cuatro temporadas en las que se ha visto una evolución muy humana y satisfactoria de Duke, este da pasos de gigante hacia atrás. Sin embargo, no puedo odiar a su personaje. Si llegáis al final, ya sabréis por qué. 

    Esta vez, la serie adopta un tono agridulce. La tónica general de perder personajes por el camino continúa patente. Precisamente una de las cosas que menos me han gustado de Haven desde que empezó es la tendencia a deshacerse de personajes femeninos (Jennifer, te echo de menos).

    Los episodios autoconclusivos son cosa del pasado. Ahora los cliffhangers son frecuentes y los capítulos quedan enlazados unos con otros.
   
    En el fondo, admito que tenía ganas de que esta serie terminara ya, puesto que cuando se alargan demasiado, acaban perdiendo calidad y resulta más difícil mantenerse como espectador fiel. De hecho, a Haven en esta temporada se le ha notado el desgaste. Esto no quiere decir que sea mala, sólo que las anteriores fueron mejores y que ha estado bien que se ponga el broche final.

    El desenlace quizás no sea para todos los gustos. Yo creo que, después de todo lo que han luchado los personajes, se podría haber buscado otra forma de hacer las cosas. No puedo decir más sin destripar nada.

     En definitiva, Haven ha sido una serie que ha vivido de forma discreta, pero que ha sabido cómo entretener y mantener a sus espectadores.

 
Puntuación: 3 (sobre 5)

Textos destacados: Pensamientos

17/02/2016

     Hace mucho inauguré una nueva sección que acabé dejando abandonada. Hoy es el momento perfecto para recuperarla, puesto que se cumplen 180 años del nacimiento de uno de mis escritores preferidos, Gustavo Adolfo Bécquer. Por mucho que todos conozcamos su nombre, lo cierto es que es un autor tremendamente desconocido. En nuestro país, la enseñanza limita su estudio a unas pinceladas someras sobre Rimas y Leyendas, maravillosas, sin duda, pero que suponen una pequeña porción de su obra. Ahí están las mágicas Cartas desde mi celda o las hermosas Cartas literarias a una mujer, además de sus Narraciones, muchísimos artículos de crítica literaria y social, teatro, etcétera.

     Os animo a acudir sin miedo a sus textos. Seguro que más de uno se sorprenderá.

     En esta entrada, además de decir que hay que a leer más a Bécquer, quiero recoger una de las más bellas composiciones que conozco del autor sevillano:


     Vosotros, los que esperáis con ansia la hora de una cita; los que contáis impacientes los golpes del reloj lejano, sin ver llegar a la mujer amada; vosotros, que confundís los rumores del viento con el leve crujido de la falda de seda y sentís palpitar apresurado el corazón, primero de gozo y luego de rabia, al escuchar el eco distante de los pasos del transeúnte nocturno, que se acerca poco a poco y, al fin, aparece tras la esquina, y cruza la calle, y sigue indiferente su camino; vosotros, que habéis calculado mil veces la distancia que media entre la casa y el sitio en que la aguardáis y el tiempo que tardará, si ya ha salido, o si va a salir, o si aún se está prendiendo el último adorno para pareceros más hermosa; vosotros, que habéis sentido las angustias, las esperanzas y las decepciones de esas crisis nerviosas, cuyas horas no pueden contarse como parte de la vida; vosotros solos comprenderéis la febril excitación en que vivo yo, que he pasado los días más hermosos de mi existencia aguardando a una mujer que no llega nunca...

      ¿Dónde me ha dado esa cita misteriosa? No lo sé. Acaso en el cielo, en otra vida anterior a la que sólo me liga este confuso recuerdo.

     Pero yo la he esperado, y la espero aún, trémulo de emoción y de impaciencia. Mil mujeres pasan al lado mío: pasan unas altas y pálidas, otras morenas y ardientes; aquellas con un suspiro, estas con una carcajada alegre, y todas con promesas de ternura y melancolía infinitas, de placeres y de pasión sin límites. Este es el talle, aquellos son sus ojos y aquel el eco de su voz, semejante a una música. Pero mi alma, que es la que guarda de ella una remota memoria, se acerca a su alma... ¡y no la conoce...!

     Así pasan los años, y me encuentran y me dejan sentado al borde del camino de la vida... ¡siempre esperando...!

    Tal vez, viejo y a la orilla del sepulcro, veré con turbios ojos cruzar aquella mujer tan deseada, para morir como he vivido: ¡esperando y desesperado...!