A place to call home (temporada 3)

21/08/2016


 Estreno: 2015                     Género: Drama
 Cadena: Soho (Foxtel)      Episodios: 10 
 País: Australia            Duración por episodio: 46' aprox.


 ¿De qué va?:

     La vida de Sarah da un vuelco cuando se reencuentra con alguien de su pasado al que creía muerto. Esto afecta profundamente a su relación con los Bligh. Sin embargo, continúa atada a George por un secreto que sólo ella conoce y que traerá a su mente antiguos y dolorosos recuerdos.

    Mientras tanto,  los hilos que todos han ido tejiendo comienzan a dirigirlos hacia lugares insospechados.


¿Qué opino yo? (Con destripes de las temporadas anteriores):

   He tardado demasiado en hacer la reseña de esta temporada, pero cuando algo no me gusta nada, me embarga la pereza más absoluta, y lo que he vivido con esta serie ha sido un tremendo desengaño. Las dos primeras temporadas me tuvieron en vilo capítulo tras capítulo, por lo que el anuncio de cancelación me disgustó enormemente. A la segunda temporada le dieron un final decente, pese a no cerrar por completo algunas tramas. Si lo hubiesen dejado ahí, esta producción sería ahora digna de recuerdo. Sin embargo, los seguidores recogieron firmas para lograr una tercera temporada, algo que yo apoyé. Lo que no esperaba es que, al prosperar la petición, la serie cambiase de manos. Otra emisora y otros guionistas se hicieron cargo de ella y la calidad ha caído en picado. La seguí al ritmo de emisión, pero el cambio ha sido tal que pronto me descubrí a mí misma deseando que se terminase.
                                 
   A place to call home siempre se ha caracterizado por el melodrama, pero los conflictos de los personajes y la manera de enfrentarse a ellos los hacían de carne y hueso, creíbles y redondos. Además, había un equilibrio realista: la desesperación iba acompañada de la esperanza; la tristeza, de pequeños instantes de paz; la maldad, de la bondad. Esta proporción permitía a los espectadores sufrir e intrigarse en unos momentos y relajarse y respirar con tranquilidad en otros. Ahora, en cambio, el melodrama es extremo. El drama más exacerbado lo envuelve todo y no existe un instante de calma ni para los protagonistas ni para nosotros. A esto hay que añadir que ni siquiera existe un ápice de originalidad en las tramas. Los guionistas no han debido de estar muy inspirados, porque han optado por recursos manidos que hemos visto mil veces y han hecho una mescolanza, de manera que todo lo peor que hayamos podido encontrar en producciones dramáticas está aquí. No falta nada, oigan. Tenemos infidelidad, muerte, enfermedad, violación, maltrato…, y si siguen las cosas así, veremos hasta alcoholismo.

    Temas polémicos los ha habido siempre en esta serie, pero estaban tratados con un esmero y una delicadeza que se han perdido y, por supuesto, no era necesaria una acumulación semejante de elementos tremebundos que, más que intrigar al televidente, lo agotan. Además, los responsables han incorporado más desnudos y sexo, metidos con calzador. Si fuera necesario para el desarrollo argumental, bien, pero no es el caso. Se trata simplemente de más subterfugios para atraer a la gente. 



    Para más inri, ni siquiera se ha mantenido la fidelidad con el carácter de algunos personajes. Para empezar, vemos a una Sarah mucho más débil e insegura. Después de todo lo que conocemos de su vida, me cuesta creer ciertas decisiones que toma. Antes siempre apreciamos en ella una sensibilidad compatible con su fortaleza, pero estas han dado paso a la indecisión y al miedo, al regreso de traumas que estaban superados. Hay mucha más cobardía en ella de lo que nunca vimos. 


   Tampoco me ha gustado Olivia. Puedo entender por qué hace lo que hace y, seguramente, hubiera llegado a este punto en algún momento, pero no debía ser ahora. No es lógico después de las reglas morales y sociales que ha transgredido tan recientemente por estar con James.

    El cambio más radical es el de Gino. Es por completo otro personaje. Gino es un chico que ya tuvo problemas antes, como, por ejemplo, los derivados de su relación con Anna, pero su temperamento a la hora de afrontarlos era totalmente distinto. Quizás los guionistas hayan pensado que esta variación de su personalidad sea adecuada para forzar situaciones que fomenten el interés, pero para mí ha resultado lo contrario.

    La única que experimenta una transformación lógica es Elizabeth. Continúa, en su desarrollo personal, el itinerario que comenzó a seguir en la temporada anterior. Es quien más crece como persona y personaje y, sin duda, la única que me ha gustado. 



    En el lado contrario permanece Regina, que ya era plana cuando empezó la serie y sigue siéndolo. Es una mala sin profundidad, sin matices. De las peores villanas que he visto.
    A place to call home lograba que empatizáramos con algunos personajes, que comprendiéramos a otros o que nos enfadáramos con determinados actos o ideas. Con estos nuevos episodios han conseguido que, prácticamente, ni empatice ni entienda a casi nadie, y no me enfado con ninguno porque me dan igual. Eso es lo peor que le puede pasar a una producción televisiva.

    Los anteriores guionistas acertaron en el enfoque de temas tan delicados como la homosexualidad o la violencia familiar. Nos introdujeron en las consecuencias psicológicas que las personas que lo viven pueden llegar a tener, nos hicieron padecer con ellos, pero esta vez el dolor y la impotencia se diluyen en un desarrollo mucho más vulgar y con falta de tacto.

    Todo lo demás sigue estando muy cuidado: vestuario, ambientación, peluquería, fotografía…, aunque a veces se noten mucho los cromas.



    No hay que olvidar que cuando la nueva cadena se hizo cargo de la continuación, decidió volver a rodar el último capítulo de la segunda temporada para cambiar algunas tramas y seguir a partir de ahí. Al final, creo que habría sido mejor dejarlo todo como estaba en lugar de empeorar un producto que se encontraba al nivel de las mejores series británicas.

    Mi recomendación es quedarse con las dos primeras temporadas y el final original, que, pese a no ser perfecto, es mejor que lo que están haciendo. Por mi parte, no veré la cuarta temporada y la serie pasa directamente al apartado de abandonadas.


Puntuación: 1'5 (sobre 5)

When calls the heart (temporada 3)

14/08/2016


 Estreno: 2016              Género: Vida rural, romance
 Cadena: Hallmark      Episodios: Especial Navidad+8  
 País: Canadá                Duración por episodio: 42' aprox.         

 ¿De qué va?:

    Tras la inesperada proposición que recibe Elizabeth, más que nunca se ve obligada a aclarar sus emociones. Las experiencias vividas en su hogar y en Hope Valley ponen en peligro su relación con Jack. Al mismo tiempo que ambos se sinceran, se reincorpora a su puesto en la escuela local y vuelve a colaborar con los distintos vecinos de la zona.


¿Qué opino yo? (Con destripes de las temporadas anteriores):

      De las pocas series que sigo viendo en la actualidad, When calls the heart es la única que no me está decepcionando. Aunque la segunda temporada no alcanzó el nivel de la primera, la tercera ha vuelto a remontar, algo que ya auguraba el precioso especial de Navidad. Todas las tramas secundarias que giraban en torno a la familia de Elizabeth y la indecisión de esta en cuanto a su futuro han quedado atrás. Por fortuna, la acción vuelve a situarse por entero en Hope Valley, donde nuestros conocidos y otros personajes nuevos continúan con sus vidas.


    De nuevo, la ternura de la serie, la bondad de los personajes y la belleza del paisaje me han hecho desear una casita en el pueblo e integrarme en la comunidad. Es imposible ver esta producción y no anhelar un desayuno en el café de Abigail, una maestra como Elizabeth para nuestros hijos, sentirse seguro con Jack en las calles o asistir con todos los demás a un sermón del pastor Hogan.

   Igual que sucedía en la primera temporada, Elizabeth ejerce como maestra, pero también como amiga. Una de las cosas que más me gustan es su relación con los niños. Su preocupación por los pequeños y, por extensión, por sus familias, es sincera. Siempre encuentra las palabras adecuadas para ellos, y si alguna vez estas no funcionan, no ceja en su empeño por procurarles un mayor bienestar. Esta vez hay espacio también para que desarrolle sus aspiraciones como escritora. Aunque no es de los temas principales, he disfrutado con ese proceso en el que trata de buscar la inspiración en los sucesos locales y con el apoyo fundamental que encuentra en el chico que finalmente ha elegido.


    Con él protagoniza las escenas románticas que contribuyen al encanto de la serie, pero ahora, además, hay un juego de diálogos algo picarones. Seguramente en la época era impensable que una señorita de alta posición dijese ciertas cosas a un hombre o que recibiera determinadas palabras de él, pero en pantalla, en este caso, no queda mal. Son momentos divertidos que muestran el afianzamiento de la relación entre estos dos protagonistas y dan más vida a los episodios.

    Aparte de las vivencias de Elizabeth, la acción se centra en otros habitantes de Hope Valle y sus alrededores, logrando así algo que ya habíamos tenido en la segunda temporada: mucha más pluralidad que en la primera. En este aspecto creo que la serie continúa ganando calidad, ya que al final terminamos intrigados por los conflictos de todos. De este modo, he vivido con especial interés el secreto que rodea al pastor Hogan. Me ha gustado mucho que los guionistas apuesten por el dilema en torno a la redención, el merecimiento del perdón y las segundas oportunidades.

   Frank Hogan es un personaje complejo que aporta mucho a estos nuevos episodios. Su presencia también logra aumentar el interés por la vida amorosa de Abigail, otro personaje principal al que cualquier seguidor de la serie querría ver feliz.

   El otro componente de este triángulo amoroso es Bill Avery, con el que por fin me he reconciliado. Nunca me gustó, pero ahora puedo entenderlo mejor. Observamos sus métodos y descubrimos a un hombre para el que el fin justifica los medios. Es completamente diferente de Jack, ya que tiene su propia ley, pero mientras que antes me resultaba alguien prescindible, ahora lo considero necesario.

   Otra nueva incorporación es la de la enfermera Faith. Es de los personajes más hueros y de escasa relevancia, pero gracias a ella se aborda un importante tema desde dos perspectivas, el de la libertad de elección femenina. Por un lado se nos presenta la mujer que antepone su trabajo y, por otro, la que opta por el amor. Ambas decisiones son igual de respetables y lógicas. 


    Quien sigue ganando puntos es Rosemary. De ser alguien que caía mal en la primera temporada ha pasado a convertirse en una de las imprescindibles. Es una mujer agotadora, con una visión muy particular de las cosas y que siempre lo pone todo patas arriba, pero esa actitud, unida a su tenacidad y a la ilusión que pone en todo lo que hace, consigue sacarnos algunas sonrisas y situarla en el pódium de los personajes más inolvidables. Ha ayudado mucho su relación con Lee, ya que, debido a algunos acontecimientos, saca su lado más sensible. Sabiendo que es una persona muy pagada de sí misma, algunas de las decisiones que toma al final la honran.


    Estos capítulos recuperan algo que se había diluido en la temporada anterior: la unión del pueblo ante las adversidades. El sentimiento de comunidad y la empatía con el otro son aspectos que me atraparon desde el primer episodio y me alegra ver que no se han perdido. Por supuesto, las rivalidades también están presentes. En este sentido, Lee y Gowen tienen mucho que decir.

   Pese a que hasta ahora todo lo que he comentado es positivo, hay que atender el otro lado, no tan bueno. El estilismo sigue la estética de la segunda temporada, con todos esos rasgos modernos en peinados y vestuario que ya conocemos. Asimismo, es costumbre que los niños aparezcan y desaparezcan como el Guadiana. Si no fuera por estos dos motivos, la serie sería perfecta. Con todo, es una de las más bonitas que se han rodado en muchos años y, por supuesto, como he comentado otras veces, un descanso para el espíritu entre tanta violencia y sexo desmedido que tan de moda están en televisión.

 
Puntuación: 4'5 (sobre 5)

Veinte años después

07/08/2016

    El ciclo que Alexandre Dumas y Auguste Maquet dedicaron a los mosqueteros se compone de tres novelas: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne. La segunda de ellas, que es la que nos ocupa, fue publicada por primera vez en Francia en forma de libro en 1845. La editorial responsable fue Baudry.

   En España encontramos hoy la edición de Edhasa y la de Cátedra. La primera se puede adquirir como parte de un estuche en el que se incluye la saga completa, que cuesta 39'90 euros y consta de 3200 páginas. Si se prefiere, se puede comprar por separado el primer tomo, con los dos primeros títulos, por un precio de 14 euros. La versión de Cátedra también incluye los dos primeros títulos, pero en este caso el precio es de 30'60 euros.

¿De qué va?:

     Durante la minoría de edad de Luis XIV, su madre, Ana de Austria, ejerce la Regencia. Sin embargo, la influencia de Mazarino sobre ella disgusta a gran parte de los súbditos. Las voces contra el cardenal extranjero son cada vez más fuertes, por lo que este recurre al hombre más sobresaliente del cuerpo de mosqueteros, D'Artagnan, para frenar a sus oponentes. D'Artagnan, para obtener una victoria plena sobre el bando contrario, le promete reunir a sus antiguos compañeros, ahora dispersos y dedicados a otras tareas tras veinte años sin verse. Sin embargo, cuando acude en su busca, se topa con reacciones inesperadas. Además, una peligrosa sombra surgida del pasado los acecha para acabar con ellos.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Los tres mosqueteros es un libro que me conquistó y cuyos protagonistas llevo en el corazón. Por eso estaba deseosa de leer el resto de títulos de la saga, los cuales, incomprensiblemente, son muy desconocidos.

    Ya comenté en la reseña de Los tres mosqueteros que, aunque su calidad es excelente de principio a fin, es una novela que va de más a menos. Sin embargo, en Veinte años después sucede justo al revés. Aunque capta el interés desde el principio, es a partir de la mitad cuando la intriga y el drama alcanzan su máximo apogeo.

    Cuando afronté la lectura de Los tres mosqueteros, ya conocía la mayor parte de los hechos que se relataban, por lo que las sorpresas no fueron tantas. En cambio, en esta ocasión no sabía nada de lo que iba a pasar. Esa ha sido una de las razones de que este libro me haya gustado todavía más. Tan sólo acababa de empezar a leer cuando ya me descubrí a mí misma totalmente absorbida por la trama, y no siempre me sucede eso. A veces tengo que leer páginas y páginas hasta que algo capte mi atención. 


     En la calle Tiquetonne se sitúa la fonda de Chevrette, residencia de D'Artagnan

    Lo que digo es incluso más curioso si tenemos en cuenta un aspecto llamativo: lo poquísimo que aparecen los mosqueteros durante buena parte de la novela, cuestión esta que no ha restado ni un ápice de interés. Los sucesos son tan variados; las tramas, tan diversas y los personajes, tan complejos que, aunque parezca increíble, no se echa de menos a los cuatro compañeros.

    El eje que vertebra la obra es principalmente político. Una de las figuras más destacadas
en todo este entramado es la de Mazarino, continuamente comparado con su predecesor, Richelieu. La diferencia entre ambos caracteres es tan abismal que el antiguo cardenal hasta llega a ser añorado por nuestros cuatro mosqueteros, al considerarlo estos un rival digno de ellos.

    Mazarino cuenta con pocos apoyos y, para sorpresa nuestra, el de D’Artagnan es uno de ellos, aunque sólo por conveniencia. El cuerpo de mosqueteros, como sabemos, está al servicio de la corona, bajo cuya protección se encuentra Mazarino. Al gascón, el único de los cuatro amigos que continúa siendo mosquetero, no le queda otra opción que ponerse a su servicio si desea alcanzar sus aspiraciones personales. De este modo, desde el principio se establecen dos bandos: el de la corte, con D’Artagnan,
y el de los frondistas, que cuentan entre sus filas con varios antiguos conocidos.

    Dumas ha sabido plasmar el paso del tiempo a la perfección. Lo notamos ya en el ansiado reencuentro entre D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis. Se palpa la tirantez y la incomodidad propias de personas que significaron mucho las unas para las otras pero que dejaron transcurrir los años sin volver a verse. Si queréis saber si vuelven a hacer honor al lema “uno para todos y todos para uno”, tendréis que animaros a leer el libro.



    "No era hechicero, sino sabio, lo cual es muy diferente. No profetizaba el porvenir, pero recordaba lo pasado, lo que es mucho peor a veces".

   
   Lo que sí puedo decir es que ni la edad ni el alejamiento del campo de batalla han hecho menoscabo en su valor, destreza y temeridad. No obstante, sí se aprecian cambios en ellos. Si del primer libro me declaré incapaz de elegir a un favorito, ahora confieso que el mejor es D’Artagnan, el más inteligente y astuto. De todas formas, todos siguen siendo unos canallas, bravucones y pendencieros, a los que habría mucho que reprocharles, pero en el fondo los tenemos que querer y, de alguna forma, tienen su propio código de honor.

    En Athos notaremos una gran metamorfosis. Está en un terreno espiritual muy distinto del de sus compañeros, lo que provoca más de una situación peligrosa y pone a prueba la paciencia de los otros. Gracias a él conocemos quién ese vizconde de Bragelonne del que recibe su título el último libro de la trilogía.

    Con Porthos creo que Dumas se ha pasado un poco. Es bobo en extremo, pura fuerza bruta, impulsivo e impaciente.

    Aramis es un hipócrita, intrigante y petulante, pero me hace gracia, qué le vamos a hacer. 



   Volver a ver a los cuatro juntos es muy emocionante, sobre todo porque sus aventuras no giran en torno a un único frente, sino que deben hacerse cargo de distintas misiones relacionadas con hechos históricos reales, al mismo tiempo que están amenazados de muerte por el único antagonista capaz de hacerles temblar.

    La acción no decae en ningún momento, ni siquiera cuando ellos no están presentes y
tenemos que acompañar, por ejemplo, a los líderes frondistas, al vizconde de Bragelonne, a la reina Ana de Austria o al duque de Beaufort, que protagoniza algunos de los momentos más hilarantes. Me he reído con él como hacía tiempo que no me reía con una novela.

   Los diálogos son buenísimos, especialmente los que salen de boca de los cuatro protagonistas. Están cargados, en ocasiones, de sarcasmo, ironía, mala leche y dobles sentidos, sobre todo de la mitad del libro en adelante.

    De nuevo hacemos un recorrido geográfico amplio. De París y otras zonas francesas viajamos a la Inglaterra de Carlos I. Aunque Dumas se permite muchísimas licencias, son muchos los lugares, acontecimientos y personajes históricos reales que nos muestra, confiriéndoles un interés que, junto con una trama excelentemente trazada, impele a seguir leyendo.


                                  El Palacio Real 

    El estilo es el que ya conocemos de Los tres mosqueteros. Además de lo que he comentado de los diálogos, la prosa es muy ágil. Léxico y expresión sencillos y descripciones breves y precisas se ajustan a esa técnica del folletín que Dumas manejaba tan bien.

    Aunque El conde de Montecristo es una novela de mayor profundidad psicológica y formalmente más compleja, lo bien que me lo estoy pasando con los mosqueteros puede hacer que acabe considerando las dos composiciones al mismo nivel. Me falta por descubrir qué tiene que ofrecer El vizconde de Bragelonne.


Puntuación: 5 (sobre 5)

Las sombras de Longbourn

31/07/2016

    La primera y única edición que se publicó en España de esta novela es de 2013. Fue la editorial Lumen quien la lanzó al mercado por un precio de 19'90 euros. En 2015 se vendió de oferta por 5'95 euros. Hoy por hoy está descatalogada. Se trata de una obra en tapa dura con 476 páginas.

¿De qué va?: 

     Son las cuatro de la mañana en Longbourn, la casa de los Bennet en Hertfordshire. Mientras las cinco hermanas y sus padres, los protagonistas de Orgullo y prejuicio, duermen plácidamente, Sarah y Polly, dos jóvenes criadas, empiezan a trabajar a las órdenes de la anciana señora Hill. Todos llevan años repitiendo la misma rutina, pero saben que la vida es algo más que un simple ir y venir de trapos, cacerolas y escobas.

    Sarah es quien más desea arriesgar y su pequeño y rutinario mundo cambia el día en que James Smith, un nuevo sirviente, llega a Longbourn arrastrando con él un pasado lleno de secretos y un futuro donde cabe la libertad. De repente, los sótanos y las buhardillas de la mansión cobran vida, y detrás de los delantales y los uniformes descubrimos criaturas que tienen mucho que contar. (Sinopsis de la editorial).


¿Qué opino yo? (Con destripe de Orgullo y prejuicio):

    Decepción es la palabra que define lo que siento. Por lo que he visto, es una novela bien valorada en Goodreads y con algunas buenas críticas entre los blogueros de habla hispana, así que me temo que, una vez más, voy a ser la nota discordante.

    La historia empieza bien. Me gustó el inicio y lo que parecía que iba a ser la tónica general del libro, además de que la protagonista no me caía mal, pero, en algún momento, eso se tuerce.

    Sarah es una joven trabajadora, tenaz e inconformista. Sin embargo, cuando empieza a aparecer el lado negativo de su personalidad, dejé de tolerarla, incluso de entenderla, porque a esta mujer le dan impulsos totalmente incoherentes. En algunos momentos se muestra demasiado suspicaz, con una imaginación exacerbada y delirante, y extremadamente rencorosa. No puedo decir que sea egocéntrica ni engreída, pero su exagerado deseo de atención se convierte en algo molesto, ya que si alguien no le habla tanto como ella considera conveniente o no la mira tanto como desea, se convierte en su enemiga. 


   "El mundo podía transformarse de arriba abajo sólo porque alguien había decidido ser bondadoso".


    Puede que todo esto parezca un poco exagerado, pero el atisbo de ese espíritu de diva, entre otras cuestiones, ha hecho que Sarah me resulte insoportable. A esto añado que la chica es bastante inestable. Hoy puede odiar a alguien y mañana cambiar de actitud de manera radical sin ninguna evolución, maduración psicológica ni nada que lo justifique. Es que no hay nada, ni siquiera un sentimiento, que explique determinados comportamientos.

    Quizás lo más interesante sea lo que transcurre de fondo, esto es, la historia de Orgullo y prejuicio, pero para eso ya tenemos la novela de Jane Austen.


   Jo Baker intenta desmitificar a los Bennet de Austen humanizándolos desde perspectivas poco agradables. Los criados tienen que eliminar determinados fluidos en sus ropas y las manchas que descuidadamente se hacen en sus telas, soportar su indolencia, la falta de consideración y los caprichos banales. Algún miembro de la familia oculta un importante secreto que no desvelaré.

    A través de los ojos de la servidumbre vemos, por tanto, que los Bennet (incluida Elizabeth) dejan mucho que desear y que el señor Collins es alguien más digno de piedad, por la falta de comprensión hacia él, que de burla. 


    "Uno de los curiosos males que aquejaban a las personas de buena posición era que no podían abrir una puerta".


    En principio se podría pensar en un Orgullo y prejuicio entre bambalinas, pero conforme vamos leyendo comprendemos que no es exactamente así, aunque Baker se aproveche de la historia de Austen para construir una mucho más plana. Gran parte del libro se centra en las tareas de los criados. Los hallamos continuamente lavando, tendiendo, recogiendo orines y otras sustancias de deshecho, sirviendo la mesa, recibiendo invitados, etcétera, lo que da lugar a un desarrollo lento de unos acontecimientos de por sí poco relevantes.

    En cuanto al romance que se adivina del argumento que figura en la contraportada, si alguien acude a esta obra buscando un paralelismo con la relación entre Elizabeth y Darcy, que se olvide de ello. Aquí, más que una historia de amor, lo que se da es un despertar sexual que genera cierta afinidad y complicidad. Incluso en el camino hacia ese despertar no he encontrado nada que lo respalde. No hay una unión, una cercanía, ni siquiera una atracción que explique por qué la chica implicada elige a esa persona.

    Por otro lado, el personaje más redondo es James, el único del que puedo decir que me ha gustado. El sí tiene unos miedos lógicos y un pasado que sustenta su ser presente. Su historia es la que, para mí, más merece la pena, aunque parte de ella sea muy previsible. El gran misterio que lo rodea desde el principio no es tal para el lector, que puede adivinarlo demasiado pronto, pero es el recorrido que lleva al muchacho hasta ahí y el destino que le espera lo realmente importante.


    Los restantes personajes son muy planos: el señor y la señora Hill, Polly, Ptolemy Bingley… Exceptuando a la señora Hill por una cuestión de su pasado, todos están de relleno.    
 
    Durante la primera mitad los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo, mientras que en la segunda, la escritora se sirve de la analepsis en algunos capítulos, alejándose por completo de la trama de Orgullo y prejuicio. En ellos es donde se encuentra la mayor carga dramática, lo que a mi entender les confiere más calidad que al resto. Tras esos capítulos se retoma la narración cronológica.

    El estilo de Jo Baker ni se acerca al de Jane Austen, como era de suponer. Antes de que alguien me diga que no hay que establecer comparaciones, aclararé que si un escritor se aprovecha de la obra de otro, especialmente si es un clásico, lo menos que puede hacer es respetarlo en todos los sentidos y tratar de mantener cierta fidelidad, y Baker no sólo no tiene la elegancia, la ironía y el ingenio de Austen, sino que está en las antípodas y en ocasiones resulta incluso burda. A veces me da la impresión de que, al querer establecer una comparación, no sabe qué expresión elegir y termina poniendo dos innecesariamente.

    En fin, como curiosidad el libro puede pasar, pero, desde luego, no aprovecha una premisa que prometía mucho más.


Puntuación: 2 (sobre 5)

Antes de ti

17/07/2016


  Título original: Me before you        Año de estreno: 2016
  Duración: 110' aprox.                        Género: Drama
  Productora: MGM/New Line Cinema   País: EE.UU.


¿De qué va?:

    Louisa Clark es una joven de veintiséis años que sigue viviendo con sus padres en un pequeño pueblo inglés. Al perder su empleo en una cafetería, debe buscar un nuevo trabajo, lo que la lleva hasta el hogar de los Traynor. Allí es contratada como cuidadora de Will Traynor, un hombre de treinta y cinco años que quedó tetrapléjico a causa de un accidente. Louisa y Will no empiezan con buen pie y todo se complica cuando la muchacha descubre que Will no quiere seguir viviendo. Es entonces cuando Lou toma la firme decisión de hacer todo lo que esté en su mano para que él vuelva a amar la vida.

¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

    Después de reseñar el libro he decidido dedicar una entrada para la película, ya que aunque existe mucha fidelidad en los diálogos, el tono es muy diferente. Esta es una de las poquísimas ocasiones en las que prefiero la versión cinematográfica, donde, curiosamente, se ha omitido el primer pronombre del título.

   Esta vez sí estamos ante una historia básicamente romántica. Mientras que el libro se vuelca muchísimo en el día a día de un tetrapléjico y en la lucha para devolverle las ganas de vivir, la cinta se centra más en los sentimientos que Will y Lou van desarrollando el uno por el otro. No deja de lado la difícil situación de Will y su aflicción se transmite bien, pero la base es la atracción entre ellos dos. Sin embargo, no hay que preocuparse por un exceso de azúcar, porque de eso no hay nada de nada. Es una relación muy bien trabajada, construida a través de duras pruebas, diálogos chispeantes, paciencia, comprensión y tolerancia. 


"Sólo se puede ayudar a alguien que quiere que lo ayuden".

   
   Una de las cuestiones que más me han impresionado es cómo puede cambiar el sentido de una conversación o un simple comentario cuando son trasladados a la pantalla. Nunca, con ninguna adaptación, he notado un cambio tan brusco. Los mismos diálogos que en la novela resultan serios, quizá hasta un poco sosos a veces, en boca de los actores adquieren fuerza, carácter, son mucho más potentes. Tanto Sam Claflin como Emilia Clarke dotan a sus personajes de una vitalidad y un dinamismo mucho menores en el libro, especialmente ella.

    El personaje de Lou es otro cambio favorable. Mucho más sonriente, simpática, dulce y encantadora en la película, conquista fácilmente el corazón del espectador. A Emilia le gusta gesticular muchísimo, pero, para mí, eso consigue dotar a Lou de una enorme expresividad y que nos creamos la afirmación de Will cuando le dice que es incapaz de ocultar ni una sola de sus emociones. Es uno de los personajes más entrañables que he conocido en el cine.

    Sam Claflin también está maravilloso como Will. En esta ocasión no cambia tanto con respecto al texto original de Jojo Moyes y en ambas creaciones enamora igualmente. Sam no ha debido de tenerlo fácil para interpretar a alguien sin movilidad de cuello para abajo. De hecho, a mi madre y a mí nos recordó en un par de escenas a Christopher Reeve. Transmite muchísimo con sus miradas y sus sonrisas, pero también con una personalidad decidida, burlona y más sensible de lo que puede parecer al principio. 


    Por cierto, haciendo un paréntesis, a todos aquellos que dicen que ahora a todas nos gusta Sam Claflin les diré en defensa propia que yo le tengo el ojo echado desde Los pilares de la tierra, eh. Fue lo primero que hizo y desde entonces ha mejorado muchísimo su capacidad interpretativa.

    En la cinta se han eliminado personajes secundarios prescindibles, un aspecto crucial sobre la familia de Will y una vivencia traumática de Lou en su juventud. Lo prefiero todo así. Me gustan más los padres de Will aquí, más unidos y enfrentándose juntos a algo que destrozaría a cualquiera. También prefiero que esa escena que comento sobre Lou no se haya incluido. Es la única forma de que la protagonista tenga esa luz que irradia, ya que en el libro hay mucha más amargura en ella y creo que ya es suficiente con la que se deriva del accidente de Will.
 

    Fantásticos son, asimismo, los escenarios elegidos. Para buena parte del metraje se optó por Pembrokeshire, al sudoeste de Gales. Algunas escenas se rodaron en Chenies Manor House, en Buckinghamshire. El equipo también se desplazó hasta Mallorca, de la que los actores han hablado maravillas. Para completar el cuadro está la belleza de París.

    La banda sonora es perfecta. Cada canción está elegida impecablemente para los momentos en los que suenan. Podemos escuchar piezas de Ed Sheeran, X Ambassadors, Imagine Dragons, Cloves, etcétera.

    En cuanto al vestuario, lo más destacable es que se ha respetado el estilo tan peculiar de Lou, tan especial en el filme como en la novela. Se refleja a una chica que lleva siempre una explosión de color y que combina a la perfección con su personalidad.


    Aunque suelo ser defensora del excelente trabajo de doblaje que se hace en España, esta vez no hay ni punto de comparación con las voces originales, especialmente en el caso de Sam Claflin, ya que él realiza unas inflexiones y posee una variedad de matices que no se aprecian en la versión española.

    Como ocurre en el libro, se sigue jugando con el humor y el drama, y el tema que ha causado controversia se trata con respeto, independientemente de que estemos o no conformes con el desenlace. Se trata, por tanto, de una película que enamora y hace sufrir a partes iguales, al mismo tiempo que conduce a la reflexión.  

 
Puntuación: 4'5 (sobre 5)