When calls the heart (Especial de Navidad, 2016)

23/07/2017


                       Estreno: 2016                                                   Género: Vida rural, romance
                       Cadena: Hallmark                                          Duración: 84' aprox.
                                                      Especial de Navidad (4x01)


¿De qué va?:

    Tras el desastre que afectó a varias familias en los alrededores de Hope Valley, los habitantes del pueblo continúan ayudando a los damnificados. Con la Navidad presente, Elizabeth, Jack y los demás, tratan de esforzarse para hacerles la fiesta lo más agradable posible. En medio de los preparativos, un extraño mercader llega de forma inesperada.

  
¿Qué opino yo? (Con destripes de las temporadas anteriores):

    Siento haber tardado tanto en traer esta reseña, pero la falta de tiempo, de motivación para escribir en el blog y la larga duración del capítulo, que ha hecho que tardara en verlo, han sido las causas.

    Realmente cualquier momento es bueno para ver una serie que reconforta, devuelve las ganas de creer en la especie humana y reaviva la fuerza para buscar salidas frente a las adversidades. When calls the heart conmueve, llega a lo más profundo de nosotros y saca a la luz muchos buenos sentimientos que no siempre dejamos ver, y todo eso se potencia en los especiales de Navidad. 

    Es esta una producción que no olvida nunca los vaivenes de la vida, aunque prefiera destacar todo aquello que hace que merezca la pena vivirla. En este capítulo especial se añade un toque mágico, como corresponde a esta época del año, pero no fantasioso. Simplemente se pone de relieve la magia que puede haber en las acciones cotidianas, esas que están al alcance de todos y que a veces no hacemos por desconocimiento de lo necesarias que son o por dejadez. 

    En Hope Valley la gente siempre está dispuesta a echarse una mano, pero a veces no sabe bien cómo hacerlo o no es consciente de la ayuda que puede prestar a otros. El señor Bailey es el personaje que marca la diferencia en este especial. Es una suerte de Papá Noel sin poderes sobrenaturales. Su don es saber qué necesitan los demás y tener siempre la palabra justa para que conecten unos con otros o, simplemente, consigo mismos. Deja un conjunto de sabias frases que, en última instancia, están dirigidas al espectador, no sólo para que se imbuya del espíritu de la serie y de la Navidad, sino para que le sirvan como apoyo en su día a día. 

    Es muy fácil pensar que esta es una serie edulcorada, muy blanca y poco realista. No voy a negar que es muy dulce, pero jamás se aleja de ninguna de las caras de la realidad. Hay muchos ejemplos en este especial. Para empezar está esa mujer que ha perdido a su marido en un desastre natural y huye del pueblo con su hijo porque todo le recuerda a él. Es una tragedia, como ocurren muchas cada día, pero este capítulo nos muestra que ante cada suceso, bueno o malo, siempre hay distintas opciones. ¿Por qué elegir la peor? En esta trama tiene mucha participación el pastor Hogan. Me encanta verlo tan integrado en el pueblo y que se presente como una auténtica muestra de que todo el mundo puede llegar a perderse y olvidar la esperanza, pero también de que es posible recuperarla. Quizá, como sucede aquí, un gesto amigo o un recuerdo olvidado nos lleve hasta ella. 

    Ahí está también Abigail, luchando como siempre desde que la conocimos, afrontando su nuevo cargo como alcaldesa mientras trata de sacar adelante su querido café. Ella también necesita ayuda y la recibe, al mismo tiempo que se la ofrece a quien menos esperamos y quien, hablando con dureza, probablemente sea quien menos la merezca. 

    En todo ello y otras historias por el estilo está la magia de la que hablo. Como veis, nada descabellado ni fuera de la lógica. 


    La nota cómica la ponen, como desde hace tiempo, Rosemary y Lee, pero, igual que sucede al final de la tercera temporada, nos dejan una valiosa enseñanza: que el matrimonio es un trabajo de dos y el egoísmo no tiene cabida ni razón de ser en él. Pensándolo detenidamente, quizá sea Rosemary el personaje que más ha evolucionado. Los demás tienen una personalidad muy definida y suelen permanecer fijos en ella, pero esta excéntrica e «insoportable» actriz ha aprendido muchas lecciones desde su llegada al pueblo e, incluso, es capaz de llegar a olvidarse de sí misma para hacer cosas por él. Poco a poco, ella y su recién estrenado (y paciente) marido se están convirtiendo en mis personajes favoritos, ya que aunque Elizabeth y Jack me gustan muchísimo, son más clásicos, calmados y, por qué no decirlo, insípidos. A ver si en la cuarta temporada les dan un poco de vidilla, porque me da la impresión de que se han quedado algo estancados. De hecho, ya hace bastante que dejaron de ser los protagonistas absolutos y, a veces, en este especial hay historias a su alrededor más interesantes. Con todo, siguen siendo los que nos regalan los momentos más románticos y tiernos. 


    La mayoría de los personajes nuevos, salvo Clara (que sobra bastante), se han adaptado muy bien. Igual que en el capítulo navideño anterior, Cody vuelve a protagonizar escenas muy emotivas y, en esta ocasión, sus actos dejan al descubierto un verdadero espíritu navideño. No sabía cómo iba a encajar en la vida de Abigail, pero finalmente su presencia ha sido un acierto. 

    Sé que me voy a repetir, pero echo tanto de menos el estilismo de la primera temporada. No me acabo de acostumbrar a estos peinados, vestidos y abrigos que me alejan de la época. ¿No os pasa también?

    Bueno, como ya sabréis, cada especial de Navidad es el episodio inicial de cada temporada, así que, por mi parte, ahora toca disfrutar de la cuarta completa. ¿La habéis visto ya? 

Puntuación: 5 (sobre 5)

Buscando a Eva

16/07/2017

                 
                  Título original: Blast from the past               Año de estreno: 1999
                  Duración: 99' aprox.                                        Género: Comedia romántica
                  Productora: New Line Cinema                       País: EE. UU.



¿De qué va?:

    Corren los años 60 y Estados Unidos se encuentra inmerso en la Guerra Fría con Rusia. Calvin, un excéntrico científico americano, ve por televisión un discurso de su presidente en el que anuncia que en Cuba hay misiles que apuntan directamente a su país. Ante el riesgo de un ataque atómico, Calvin lleva a su esposa embarazada a un búnker diseñado por él, pero tiene tan mala suerte que, al momento de entrar, un avión se estrella contra su casa. El búnker, captando la explosión cercana, activa un mecanismo que los deja encerrados durante treinta y cinco años. 

    En ese tiempo nace su hijo Adam, que crece y se educa bajo tierra únicamente con los conocimientos que le ofrecen sus padres. Cuando es ya adulto, en los 90, las compuertas se abren por fin y puede salir a la superficie sin saber lo que va a encontrar.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Vi esta película hace años y no recordaba nada de nada, tan sólo me parecía que no me había gustado. Debo de haber cambiado bastante con el tiempo, puesto que en esta segunda oportunidad me ha parecido un filme excelente e infravalorado

    Es probable que sólo por la parte romántica ya me hubiese gustado, pero no sería justo simplificar el contenido de la película. El planteamiento tan original que tiene le permite lanzar importantes mensajes de contenido trascendental. El hecho de que estemos ante una comedia romántica ha llevado a muchos a pasar esto por alto.

    ¿Recordáis la historia de Momo? La gente estaba siempre ocupada, no tenía tiempo para nada, no disfrutaba. En parte, Buscando a Eva tiene cierta relación. Los seres humanos estamos tan acostumbrados a lo que nos rodea que hemos perdido la capacidad de sorprendernos por ello. No tenemos tiempo ni entusiasmo para, simplemente, mirar el cielo durante minutos o meternos en el mar con el único propósito de sentir el contacto de las olas con nuestro cuerpo. Tenemos que invertir nuestro tiempo en trabajo, estudio o un ocio más superficial y artificial. 

    Adam simboliza la ilusión por lo más sencillo, que, a la vez, es lo más grande. Él nace y crece bajo tierra, nunca ha sentido la lluvia ni pisado la arena de una playa; jamás ha visto la sonrisa de un niño ni se ha enamorado. ¿Os imagináis cómo sería si viéramos el mundo cada día como él? ¿Cómo sería descubrirlo todo por primera vez? 


    Hay una escena magnífica que no puede dejar indiferente a nadie: cuando Adam sale al exterior por primera vez, la gente se asombra al verlo mirar hacia arriba con tanta felicidad. Él insiste en que nunca ha contemplado algo tan extraordinario como el cielo, pero los demás continúan sorprendidos, mirando en la misma dirección, pero sin ver nada especial. Palabras y miradas vacías que ya no tienen capacidad para captar milagros evidentes. ¿No da que pensar? 


    «¿Sabes? Mi padre es un científico y dice que todo es un milagro».


    Estamos muchas veces tan absortos en lo más insustancial que no somos conscientes del valor de lo que ha estado siempre ahí. Estamos distraídos de lo importante. 


    Por otro lado, ¿creéis que el hombre es bueno o malo por naturaleza? Ya nos dejó caer Rousseau que es la sociedad la que nos corrompe. No sé cuál será la verdad, pero si veo niños de nueve o diez años con una picardía que no hemos tenido en mi época, es que la sociedad tiene algo que ver. Este es un tema que, lejos de sesudas doctrinas filosóficas, también queda plasmado a lo largo del metraje.

    Adam es completamente puro e inocente en todos los sentidos. No conoce la maldad, la mentira, el timo, la pornografía… Cuando queda expuesto ante una sociedad corrompida, está fuera de lugar, parece incluso un loco y por tal lo toman, pero ¿realmente es él el loco?

    Él representa el fondo más amable del ser humano, pero también me gusta el contraste que supone Eva. Ella es quien da la imagen más fidedigna de lo que podemos ser, un conjunto de aspectos buenos y malos con toda una gama de grises. Es chabacana, superficial, parece estar aburrida de la vida y tiene muy mal gusto a la hora de elegir relaciones, pero tiene conciencia y voluntad para mejorar.


    «La definición de lo que es una dama o un caballero es la de alguien que siempre intenta que quienes le rodean se sientan lo más a gusto posible».


    La trama romántica puede ser previsible (así que esto no lo considero destripe), pero creo que incluso esta está tratada de forma especial. Una vez más, lo que Eva conoce es lo negativo; todos sus parientes están divorciados. Sin embargo, Adam, que tiene como referente a sus padres (que se han aguantado durante treinta y cinco años encerrados en el búnker) cree en el amor, en el amor verdadero, puesto que para él, la base es la amistad. ¿Qué voy a decir? Me ha emocionado ver a Brendan Fraser dándole un abrazo a Alicia Silverstone bajo la lluvia mientras le dice que es su mejor amiga cuando ya está enamorado de ella.

    Alicia siempre me ha parecido una actriz limitada, pero tampoco necesitaba mucho más para este papel. Está correcta y creíble. Brendan, por su parte, lo da todo por la causa y se mete de lleno en la piel de un Adam entusiasta, alegre e ilusionado, aunque a veces creo que se excede y resulta histriónico. 

    Christopher Walker y Sissy Spacek están perfectos como Calvin y Helen, los padres de Adam. Sin duda, son los actores de más talento de la película. Me encantan sus escenas juntos y por separado, sobre todo las de ella. La pobre mujer se desespera bastante por las excentricidades de su marido y resulta hilarante, al mismo tiempo que da pena, cuando tiene que desfogarse a solas o cuando se le ocurre subir a la superficie. 

    El contraste entre la vida de los 60 y la de los 90 también impresiona. Evolucionan las costumbres, la mentalidad, la música, la arquitectura, los valores…, y todo eso queda reflejado. 


    «Los buenos modales son la forma de demostrar a otras personas nuestro respeto por ellas».


    La película no deja espacio para el aburrimiento, puesto que el ritmo nunca decae y siempre están sucediendo cosas, aunque reconozco que yo, con mi impaciencia, estaba deseando que pasaran los minutos iniciales y que Adam saliera por fin del búnker. 

    Los gags humorísticos no son muchos, pero funcionan muy bien. 

    En resumen, no es una comedia romántica vacía. Es simpática y divertida al mismo tiempo que invita a reflexionar. 

 
Puntuación: 4 (sobre 5)

Los ladrones somos gente honrada

21/05/2017

   Esta obra de teatro de Enrique Jardiel Poncela se estrenó por primera vez en el escenario del Teatro de la Comedia de Madrid en 1941.

   Hoy por hoy podemos encontrar en España varias ediciones. La de Austral Básicos es la más económica, puesto que cuesta 2'95 €. Contiene 128 páginas. Austral también tiene una edición que recoge, además, otro título del mismo autor, Cuatro corazones con freno y marcha atrás. Con 352 páginas, este libro vale 9`95 €.

   La obra fue llevada al cine en 1941 y 1956. También ha sido adaptada varias veces para televisión, concretamente en 1965, 1979 y 2006.

¿De qué va?

   Daniel y su pandilla de ladrones están a punto de dar un golpe con el que llenarse los bolsillos y no tener más preocupaciones.  Mientras los ricos anfitriones de una fiesta están distraídos, ellos ultiman los detalles, pero, de repente, hace su aparición Herminia. En un intento desesperado de alejarla para que no estropee sus planes, Daniel entabla conversación con la muchacha, quien, a pesar de su apariencia juvenil, afirma tener más de treinta años y haber vivido las experiencias más extraordinarias que la vida puede permitirle a alguien. Todo esto provoca un giro en los acontecimientos que los ladrones no van a perdonar tan fácilmente, aunque no pueden ni imaginarse lo que les espera con la familia de Herminia.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

   El teatro es un género de escaso consumo si lo comparamos con la novela, y es una pena, porque algunas de las obras que más huella me han dejado son teatrales, y eso que yo tampoco me doy a estas lecturas con asiduidad. No obstante, me declaro fan de Antonio Buero Vallejo, aunque siempre me deja hecha polvo. Sin embargo, en el lado contrario de la balanza está Enrique Jardiel Poncela para que florezca nuestra sonrisa.

    Cuando empecé acudir a sus textos, lo hice creyendo que serían hilarantes. No lo han sido para mí, pero sí que me han resultado bastante amenos, un soplo de aire fresco. De los tres títulos suyos que he leído hasta ahora, este es el que más me ha gustado. Sin ser desternillante, me ha hecho reír varias veces y sonreír muchas más, así que si me preguntáis que si lo recomiendo, la respuesta es sí. La mente no puede alimentarse sólo de drama para resistir los envites del día a día.

    No sé si lo habréis comprobado, pero es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, así que bravo por Poncela, que, sin que sea esta una obra de las que calan, consigue que nos evadamos de los problemas. 

    La historia empieza con una premisa muy sencilla. Como es obligatorio en teatro, se nos describe la escena y, acto seguido, algunos personajes inician la función. En este caso, unos cacos quieren dar el golpe de su vida. Ahí conocemos al protagonista y sus secuaces: Daniel el Melancólico, Pedro/Peter el Pelirrojo, el Tío del Gabán y el Castelar, quien, cuando se pone nervioso, habla con una especie de lenguaje inventado que, extrañamente, logra traducir a veces el Tío. 

    Todo esto es lo que vemos en el prólogo, donde se nos cuentan sucesos que ocurrieron unos meses antes de los que tienen lugar en los dos actos que le siguen y que cierran esta comedia. 

    No os dejéis engañar por esa aparente simplicidad del prólogo, que luego la cosa se complica y la obra se convierte en un verdadero caos. Empiezan a entrar y salir personajes, no todos son quienes dicen ser y hay secretos a tutiplén. A veces la escena llega a estar poblada con multitud de ellos y los diálogos paracen ir a toda velocidad. 


    «El silencio es lo más elocuente que existe. Sólo cuando callamos, lo decimos todo».


    Hay espacio incluso para la tensión y la intriga, sobre todo hacia el final. Las descripciones de los escenarios las realiza Poncela con mucha meticulosidad y precisión. 

    Cuando los acontecimientos van pasando con rapidez y los personajes tienen los nervios casi desquiciados, debemos estar muy pendientes de las acotaciones, ya que cada uno de ellos se dirige a unos y otros indistintamente y se produce entonces un pequeño lío. Llega un momento en el que ya formamos parte indisoluble de ese simpático enredo. Estamos igual que ellos y no sabemos quién logra abrir la caja fuerte, quién se ha cargado a un personaje y quién es el chalado que se pone a disparar desde el jardín. Os podéis hacer una idea de lo que encontraréis en este librito, y todo ello, no olvidemos, siempre en clave de humor. 


    Al final, el más sosainas es el que podríamos llamar protagonista, Daniel, y los más divertidos, para mí, el Tío y el Castelar, catetos y ladrones de tomo y lomo, pero casi, casi los más honrados, oigan.

    No hay que esperar en esta comedia críticas de ningún tipo, sesudos pensamientos filosóficos ni análisis de sociedad. Está escrita sin otras pretensiones que las de divertir y entretener al público o al lector. Para ello se sirve Poncela de situaciones casi esperpénticas que se desarrollan mayormente en un único escenario plagado de puertas que permiten jugar al equívoco. 

   Junto con los cuatro personajes antes mencionados hay muchos otros, como la misteriosa Herminia, que desencadena el principal cambio que experimenta nuestro protagonista, sus padres, el comisario Menéndez, el doctor Laredo, etcétera. Todos ellos tienen su función, y es que este título es un cóctel en el que hay un poquito de todo: romance, crimen, misterio, traición… 

   Es un libro muy corto y con un lenguaje muy simple, aunque pueden observarse diferentes registros según el personaje que hable. Se puede leer del tirón o alternándolo con algún otro más sesudo. La única complejidad se da en las partes en las que en la escena se junta un amplio número de personajes. 

   La historia viene precedida de una introducción en la que el autor nos revela cómo se
gestó, pero mi consejo es dejarla para el final y llegar al texto sin saber nada de nada, que es como más se puede disfrutar. 

    Poncela vivió en una época convulsa en la que a la censura franquista le gustaba hacer de las suyas. Él, como tantos otros, la sufrió. No tuvo una existencia fácil por diversos motivos, pero siempre encontró hueco para el humor, porque este es imprescindible. Decidme, ¿habéis comprobado la calidad del suyo en alguna de sus obras? 

Puntuación: 3 (sobre 5)

Middlemarch

14/05/2017
     Middlemarch es la séptima novela de George Eliot, quien comenzó a escribirla en 1869. Durante 1871 y 1872 se publicó por fascículos. La primera edición completa en un único tomo salió a la venta en 1874 y supuso todo un éxito.

     En España hay actualmente dos ediciones en nuestra lengua, una de la editorial Cátedra y otra de Alba Editorial. La primera, publicada en edición de bolsillo, es comentada, consta de 960 páginas y cuesta 30'10 €. La segunda, en tapa dura, tiene 896 páginas y está a la venta por 33'50 €.

¿De qué va?: 

     En Middlemarch, una localidad inglesa, varias personas entrecruzan sus vidas sin sospechar cómo va a jugar con ellos el destino. 
    Dorothea Brooke es una joven que aspira a realizar elevados proyectos que hagan felices a otros. En su camino aparecen dos pretendientes, sir James Chettam y Edward Casaubon, quien parece poseer una profunda sabiduría que la deslumbra. No obstante, Edward tiene lo que él considera una mancha en su familia, su primo Will Ladislaw.
    Por otro lado, la llegada de un médico con nuevos métodos, Tertius Lydgate, supone toda una revolución en Middlemarch. Sin buscarlo, Tertius se ve relacionado de distintas formas con Dorothea, Will, Edward y la hermosa y frívola Rosamond Vincy. 
    Al mismo tiempo, el hermano de Rosamond, Fred, vive pendiente de una herencia para poder casarse con la mujer que ha amado siempre, una muchacha trabajadora y responsable a la que la familia de él considera muy inferior y que quizá no le corresponda.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Si no habéis leído este libro, lo mejor que puedo deciros es que dejéis ahora mismo esta reseña y corráis a buscarlo. Esta novela de George Eliot ocupa un lugar preeminente en el Olimpo de las obras literarias y también se ha situado en lo más alto de mi escala personal. Es de esos textos que dejan una fuerte resaca y cuyos personajes acompañarán al lector ya mientras viva. Es el arte manifestándose en forma de libro

    Parece que Middlemarch es una de esas novelas a las que se les tiene mucho respeto por su extensión y por los prejuicios, pero, en serio, sacudíos todo eso de encima y cogedla sin miedo. Os sumergiréis en el mundo inglés más tradicional y provinciano de los años 30 del siglo XIX, con sus terratenientes, sus caserones, las convenciones sociales y rebeldías frente a las mismas, los avances médicos y técnicos, las reformas políticas, etcétera.


    Son muchos los temas que se desarrollan a lo largo de las páginas, pertenecientes al mundo exterior y, también, interior del hombre. Entre esas tramas, pese a no ser esta una novela romántica, ocupan un papel importante el amor y el matrimonio, que no tienen por qué ser exactamente lo mismo. De hecho, hay mucha crítica al modo en el que algunas uniones se consolidaban y al papel que se veían forzados a desempeñar la esposa o el marido. No es eso lo único que Eliot pone en tela de juicio, sino que quedan expuestas diversas cuestiones sobre las desigualdades sociales, la falsa moral, el juego, las funciones eclesiásticas, el rechazo a los cambios, etcétera. 


    «Es una mente muy estrecha la que no alcanza a ver un tema desde distintos puntos de vista».


    Como todas las personas son diferentes, también en esta obra existen distintos personajes que reflejan las más variadas actitudes y vivencias, resultando gran parte de ellos igual de importantes y complejos. Esta es, por tanto, una historia coral en la que la mayoría de sus protagonistas evolucionan psicológicamente y son vapuleados en una u otra dirección por la suerte que les toca y las decisiones que toman, como sucede en la vida misma. 

    Las primeras páginas nos exigen tener paciencia. Hay una barrera, quizás de unas cien o ciento cincuenta páginas más o menos, que hay que pasar para empezar a sentir con los personajes. Os digo esto porque aunque la calidad es palpable desde el principio, tal vez os pueda pasar como a mí, que me precipité a la hora de juzgar a algunos personajes y me daban ganas de abandonar la lectura, y os aseguro que evolucionan muchísimo hasta el final. 

     Uno de los principales nombres es el de Dorothea Brooke, a la que califiqué de prepotente y orgullosa para luego tener que tragarme mis palabras. El alma de Dorothea tiene tal sensibilidad que es imposible captarla bien desde el principio. Poco a poco uno empieza a entender por qué hay que querer a Dorothea y por qué hay un joven por ahí que siente lo que siente. 

    Con Will Ladislaw también me equivoqué mucho. Es un hombre sin profesión que no se asienta en ninguna parte, pero al final me será imposible olvidarme de él por su pasión y la integridad que demuestra. Tanto en el caso de Will como en el de Dorothea es necesario que sufran para que los conozcamos plenamente y para que cada vez nos sintamos más unidos a ellos. 
   

    «Cuando uno ve a una mujer perfecta, no se piensa en sus atributos..., sólo se es consciente de su presencia».


    Junto a Will y Dorothea, que menciono en primer lugar por ser los que más me han gustado, está Edward Casaubon, un hombre clave para que empecemos a vislumbrar el espíritu de ella. La misma relevancia tienen Fred y Rosamond Vincy, Tertius Lydgate y Mary Garth. Todos ellos son reflejo de una era y poseen unas aspiraciones y unas esperanzas (alcanzadas o frustradas según los casos y el momento). 

   Rosamond, caprichosa y egoísta, representa a un tipo de mujer distinta de Dorothea y Mary. Su forma de ser trae consecuencias que George Eliot plasma juiciosamente sin abandonar el espíritu analítico aplicado a los comportamientos humanos. Lentamente ella y sus circunstancias van encajando con las de los que la rodean, dando lugar a cuestiones cada vez más enmarañadas e insospechadas

    Fred, por su lado, a pesar de sus rasgos negativos, simboliza el amor más calmado y puro, el que se inicia en la infancia y crece junto con el cuerpo y la mente, sin interrupciones ni dudas. Es curioso que un personaje tan inestable en varios aspectos y tan indolente muestre tal constancia cuando se trata del corazón. 

    Del resto de personajes prefiero no comentar nada, pues corro el riesgo de desvelar demasiado si se unen todas las piezas. No obstante, me quito el sombrero ante los secundarios, que dan tanto juego como los principales y hacen que la obra resulte aun más redonda. 

    ¿Sois de los que teníais las emociones a flor de piel con las historias de Jane Austen? En serio, leed Middlemarch. Y eso que, como os he dicho antes, no es una novela romántica.

    El estilo de George Eliot es impecable. No es precisamente fácil y no me importa reconocer que he tenido que leer algunos párrafos dos o tres veces para captar las sutilezas, pero tranquilos, que esa no es la tónica general. Aunque las frases tiendan a ser largas y el vocabulario de un nivel erudito, lo que se narra y los personajes tienen tanto atractivo que, después de todo, las páginas se pasan volando. No muchos autores demuestran esta maestría, ni siquiera entre los clásicos

   El texto se divide en ocho libros que responden a la publicación original en fascículos. Estos están precedidos por un prólogo que al principio me resultó un poco raro, ya que nos habla de santa Teresa, y seguidos de un epílogo.

    Tengo la sensación de que esta reseña se queda corta, no le hace justicia al libro y no os he dicho nada relevante, pero creo que no hay palabras para expresar el cúmulo de sensaciones que me ha dejado. Contadme, ¿lo habéis leído o tenéis pendiente hacerlo?

Puntuación: 5 (sobre 5)

Ana, la de Ingleside

19/03/2017

    Ana, la de Ingleside se publicó por primera vez en 1939, dieciocho años después de que saliera el que, en orden cronológico, sería el último libro de la saga, Rilla, la de Ingleside.
    En España, Toromítico la editó en nuestro idioma en 2015. Esta edición consta de 344 páginas y cuesta 15 euros. Igual que los títulos anteriores, este también está ilustrado.

¿De qué va?:
 
   Tras realizar una visita a Avonlea, Ana vuelve a Ingleside, la que es ahora su casa. Han pasado seis años desde que ella y su marido dejaran atrás la Casa de sus Sueños y el joven matrimonio se ha transformado en toda una familia. 

   Los seis hijos de la pareja protagonizan ahora divertidas, escalofriantes y entrañables aventuras, siempre bajo la mirada atenta de una Ana más madura. 

   En este tomo, la edad de Ana va de los 34 a los 40 años.


¿Qué opino yo? (Con destripes de los libros anteriores):

    Cuando una saga literaria abarca tantos volúmenes como esta es normal que no mantenga el mismo nivel en todos ellos, y esta vez ha sido la primera que he notado el cansancio de Maud a la hora de alargar la historia de Anne. Dicho esto, aclaro que me ha gustado, pero menos que los anteriores. Tampoco le ha hecho ningún favor a este título que su predecesor fuera uno de los mejores, si no el mejor, de todos. Seguramente influye que fuera el último que Maud publicó sobre Anne, aunque sea el sexto, en orden cronológico, según el tiempo interno del relato. 

    Las tramas de Anne parecen casi agotadas, de manera que el protagonismo pasa a sus hijos, nada menos que media docena, aunque los más pequeños aún no pueden lucirse como deben. El papel de nuestra querida pelirroja en este libro es el de madre y esposa, quedando relegada a un segundo plano, aunque también hay capítulos donde vuelve a a ser ella quien más importa. Curiosamente, en uno o dos de esos capítulos es donde más he sentido el relleno innecesario, además de en otro protagonizado por Rebecca Dew y Susan Baker que no aporta nada. Sin embargo, la mayoría me han atrapado como lo hicieron las historias añejas de Avonlea. La faceta más terrenal de Anne se pone al descubierto, y eso resulta una novedad, ya que junto a la soñadora idealista que lleva dentro se muestra más que nunca una mujer con los miedos mundanos más lógicos. 


«Todo está en los ojos del que mira, o en su conciencia».


    En ese sentido, una de las tramas que más me han atrapado es la de cómo afecta el paso de los años a un matrimonio. Gilbert no es aquel jovencito que la llamaba zanahoria ni ella es la niña que le rompió la pizarra en la cabeza. Llevan muchísimo tiempo juntos, están envejeciendo y Anne empieza a sentir un distanciamiento incómodo. El dolor de Anne ante esos pensamientos, el de Gilbert en cierta ocasión en que está a punto de perderla, la duda que se aloja tenaz en nuestro corazoncito por determinadas actitudes de él, hacen esta lectura más enriquecedora. Todo esto aporta algo más al mundo de Anne que antes desconocíamos, y tenemos que seguir leyendo, porque ninguno de nosotros desea un final triste para personajes a los que ya queremos tanto.

     En las páginas de Ana, la de Ingleside hay mucha melancolía. Lo notamos nada más empezar, cuando Anne se reencuentra con Diana y ambas recorren aquellos paisajes de Avonlea en los que tanto soñaron y jugaron. Las dos contraponen su vida actual con la pasada y, aunque se deja notar la añoranza, los logros conseguidos las llevan a considerarse dichosas. Ellas no han optado por una profesión, pero han construido dos familias llenas de ternura, pequeñas alegrías y grandes valores.


«No existen los días normales. Todos los días tienen algo que los demás no tienen».


    Me ha llamado la atención que por primera vez en estos libros vemos a una persona realmente tóxica. Antes había personajes que se oponían a la protagonista, pero este, la tía de Gilbert, es diferente. Es una de esas falsas víctimas que roban la energía a los que la rodean con las críticas, las quejas y la negatividad continuas. Ya veis que esto no es nuevo, ha existido siempre, y ni siquiera la vivaracha Anne Shirley Blythe puede escapar de ello. La descripción que hace Maud de cómo esta mujer va afectando el ánimo de toda la familia es impecable. Creo que tuvo que conocer muy bien a gente así para dar en el clavo de esta manera. 

    Los hijos de Anne me han suscitado mucha ternura, salvo Rilla, que me cae un poco mal. Lo cierto es que apenas aparece, pero cuando empieza a cobrar más importancia, es la que menos me gusta de todos. Espero que eso cambie, ya que el último libro de la saga está dedicado a ella. 

    Anne y Gilbert tienen tres niños (Jem, Walter y Shirley) y tres niñas (las mellizas Nan y Di y Rilla). Walter y Nan son mis favoritos. 


«A mí siempre me dan pena los niños que no pasan algunos años en el país de las hadas».


    No tenemos que cometer el error de comparar sus hijos con la Anne que conocimos en Ana, la de Tejas Verdes, ya que, aunque tengan algunos rasgos en común, son distintos y a ella es muy difícil igualarla. No obstante, merecen la pena por sí mismos, pese a que, en ocasiones, sus caracteres se parezcan demasiado entre sí. 

    Walter y Nan son los que más me han tocado la fibra sensible. Ambos son ingenuos e inocentes y anteponen el bienestar de otros al suyo propio. A Walter lo envuelve el halo de una sensibilidad especial, mientras que Nan se cree todo lo que le dicen y eso le ocasiona más de un disgusto. 

    Nan y Di, a pesar de ser mellizas, no se parecen en nada, ni físicamente ni en cuanto a comportamiento. La primera es castaña con ojos marrones y la segunda, pelirroja con ojos verdes. Di protagoniza algunas vivencias inquietantes que nos hacen pasarlo realmente mal. También, si no recuerdo mal, podemos ver por primera vez cómo funciona la maldad en los niños. Di toma una mala decisión y tiene la mala suerte de caer en la guarida del lobo. Se junta con los Penny y la actitud de estos me dejó bastante atónita. Cada vez estoy más convencida de que Maud conocía muy bien el mal que anida en el alma humana y las desdichas de la vida y por eso eligió mostrar en sus protagonistas el lado más amable, enfrentándolos al lado más crudo. 


    Jem es el rebelde inconformista, pero no está exento de dulzura. Más bien resulta encantador ver cómo se ablanda y se refugia en su querida madre después de sus arrebatos. 

    Shirley y Rilla aún son muy pequeños para decir mucho de ellos. Lo que he visto en Rilla es una tendencia a la vanidad y miedo al qué dirán, pero son defectos que se pueden pulir y estoy deseando comprobar en qué tipo de mujer se convierte. 

    Sé que los primeros libros de la saga son los favoritos de muchos, pero cuanto más avanzo, más realistas me resultan las historias. Anne sufrió mucho en su infancia, pero una vez que llega a Tejas Verdes no suele vivir grandes dramas, salvo la muerte de dos seres queridos. Por lo demás, tiene más alegrías que tristezas. Ahora me da la impresión de que ambas caras de la realidad están más igualadas, y no sólo para los adultos, sino también para los niños. No quiero decir que esto sea mejor, pero sí que resulta más humano. De todas formas, como dije antes, la saga ha dado un pequeño bajón. Tengo la esperanza de que el próximo libro, escrito muchos años antes, sea igual de bueno que los anteriores. Con todo, los libros de Maud tienen mucha más calidad que buena parte de la literatura actual, así que os animo a no abandonar. 


Puntuación: 3'5 (sobre 5)
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