Kilmeny la del huerto

09/11/2018


     1910 fue el año en que se publicó por primera vez esta novela autoconclusiva de Lucy Maud Montgomery en su país de origen. Las ediciones en inglés no llegan a 200 páginas, pero en español continúa inédita hoy por hoy.

¿De qué va?:

     Eric Marshall, un joven que acaba de terminar sus estudios, está decidido a continuar el negocio paterno cuando un profesor amigo le pide un favor. Este no es otro que el de trasladarse a la Isla del Príncipe Eduardo para sustituirlo temporalmente en una pequeña escuela. La vida en la zona se le hace rutinaria a Eric hasta que entra en un apartado huerto en el que ve a una hermosa muchacha tocando el violín. Queda entonces fascinado y decide acercarse poco a poco a ella, pero son muchas las sorpresas que guarda Kilmeny. La primera de ellas, que no puede hablar.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

     Kilmeny la del huerto es la manzana de caramelo de las fiestas, la nube del cielo con forma de cachorrillo, la flor bañada en el rocío de la mañana… En definitiva, es la novela más idílica de cuantas he leído de Lucy Maud Montgomery, el romance hecho prosa y la prosa hecha poesía.

     La sencillez es otra nota característica de esta obra. La trama va transcurriendo como corren las aguas mansas de un límpido arroyo, sin grandes sobresaltos. Todo es esperable, los sucesos son claros desde el principio, pero no por ello se deja de disfrutar su lectura. Al contrario, me he recreado en cada frase de la autora, en cada encuentro de los protagonistas, en el nerviosismo de Eric y en la historia que oculta Kilmeny.

     Siempre me ha parecido que, con la sola excepción de Barney Snaith (Valancy Stirling), Maud no confiere en sus libros una atención especial a los coprotagonistas masculinos y que estos son más bien un esbozo que personajes redondos y complejos. Kilmeny la del huerto es una novela especial en este sentido, puesto que a pesar del título, el protagonista es un hombre, Eric. Con él, la autora construye casi a un héroe de novela caballeresca, un joven sin aristas, con claros talentos, que cae rendido a los pies de una dama de belleza deslumbrante y aura mística. Kilmeny es esa muchacha inocente y angelical, alguien a quien todo el mundo querría proteger, pero quien, sin embargo, guarda un doloroso recuerdo de algo que proporciona más emoción al libro, un error ajeno de origen más psicológico que moral que le impide hablar y que constituye por sí mismo, con sus consecuencias y desenlace, una historia que podría encajar en una novela de realismo mágico.

     Ni Eric tiene llamativos matices ni Kilmeny deja de ser un personaje estereotipado, pero la atmósfera que los envuelve, los sentimientos tan puros, el poder de la bondad frente a la maldad, nos sumergen de lleno en un maravilloso cuento de corte clásico.

     Los espacios de esta novela son pocos y reducidos. Destaca el huerto en el que Eric encuentra a Kilmeny por primera vez, un lugar que presencia numerosas conversaciones y confidencias, algunas de las cuales son hechas en el silencio más elocuente. Los otros dos escenarios principales son la casa de Kilmeny y la casa en la que se hospeda Eric.

     Las descripciones de ambientes y paisajes son más escasas y breves que en otros libros de Maud, pero se respira la misma serenidad a la que nos tiene acostumbrados si hemos leído más textos suyos, y es que una de las grandes habilidades de esta escritora es expresar muchísimo con muy poco




«Tan pronto como lo vio, levantó el violín y comenzó a tocar una melodía airosa y delicada que hacía pensar en la risa de las margaritas».


     En todas las novelas de esta autora, cuya prosa me enamora, existe algún lugar que, de ser real, lograría que cualquier alma sensible se sintiese en comunión con el mundo y consigo misma. En un mundo en el que muchas ciudades aspiran a convertirse en junglas de hormigón y cemento, los pueblos le han comido terreno al campo y a la sierra para ser miniciudades y la tecnología se ha convertido en el centro de nuestras vidas, trasladarse, aunque sea mentalmente, a la naturaleza de la que procedemos y gracias a la cual vivimos supone un respiro aliviador. En esta novela es el pequeño huerto de Kilmeny el que cumple esa función con los personajes y con nosotros mismos. Si a ello le sumamos la melodía del violín de la muchacha, podemos entender la fascinación que Eric siente al poner un pie allí y verla por primera vez, además de la magia de ese primer encuentro y el amor a primera vista. Tal vez si se hubiese encontrado a Kilmeny cruzando la calle hoy en día mientras ella estuviera enfrascada en un conversación de Whatsapp en el móvil y los automóviles pitando, ni se habrían mirado, pero ese es nuestro mundo, no el de Maud.

     En otro orden de cosas, si hemos seguido la trayectoria literaria de Maud, veremos que la autora es irregular en la construcción de personajes secundarios. Algunos permanecen en nuestra memoria ocupando el digno lugar que les corresponde junto a los protagonistas, como es el caso de Matthew y Marilla de Anne la de Tejas verdes. Sin embargo, en otras ocasiones crea meras comparsas que bailan al son de quienes verdaderamente llevan la historia y que pasan sin pena ni gloria. Lamentablemente, este es uno de los puntos débiles de esta novela, pero como estamos ante un libro corto en el que la pasión y la ternura lo envuelven todo, no pesa demasiado. 


     Como conclusión, es una obra que muchos podrían calificar de cursi o ñoña, adjetivos demasiado pobres para lo que Maud merece, pero que están de moda en una sociedad que considera el amor un sentimiento aburrido, perjudicial e inconveniente para la realización del individuo. No es un libro para todo el mundo, sólo para aquellos que aún se mantienen al margen de la crispación generalizada y del denuesto de las convenciones tradicionales. Como veis, corren malos tiempos para una obra de este tipo.


Puntuación: 4 (sobre 5)

La señorita Mackenzie

14/07/2018

     Anthony Trollope escribió esta novela cuando corría el año de 1864. Un año después se publicó por primera vez. En España, por ahora, Trollope no es un autor tan traducido ni leído como otros y debemos agradecer a dÉpoca editorial que en 2014 nos diera su excelente edición por 24,90€, aunque en estos momentos es difícil de encontrar. No obstante, estoy convencida, y así lo deseo, de que en cuanto sea posible, habrá reedición.


¿De qué va? (Sinopsis de la editorial):

      Encontramos a nuestra heroína en plena Inglaterra victoriana. Margaret Mackenzie, una «solterona» de mediana edad que ha dedicado toda su vida al cuidado de los demás, recibe una inesperada y considerable herencia tras la muerte de su hermano y, por primera vez en su monótona existencia, se siente libre para buscar cierto grado de felicidad. Margaret decide mudarse entonces de su sombría casa de Londres a un alegre apartamento en la próspera y refinada comunidad de Littlebath donde, tal vez con un ojo puesto en su fortuna, los pretendientes se le van presentando uno tras otro...


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

     Mi estreno con Trollope no ha sido con uno de sus títulos más reconocidos, pero La señorita Mackenzie me ha aportado ratos deliciosos. Pese a que el autor desarrolla una trama muy simple, carente de variedad temática y de artificiosidad, ha logrado con esta sencillez que me resulte ágil y amena. Mi curiosidad se ha conservado intacta hasta el final, puesto que ante la protagonista se abren diversos caminos y, aunque podamos pretender adivinar cuál seguirá, la solución no la tenemos hasta el último instante. Así, Trollope, magistralmente, me ha mantenido atrapada.

     No obstante, la linealidad temática con su inexistencia de tramas secundarias puede no ser del gusto de todo el mundo. En esta novela todo gira en torno a los dilemas y conflictos que la obtención de la herencia trae para Margaret. Los asuntos monetarios son los protagonistas y, si bien se entrecruzan con alguna trama amorosa, esta está tratada con mucha tibieza. No hay que esperar el desarrollo de grandes pasiones. Tengamos en cuenta que estos personajes son ya adultos con mucho recorrido y que pertenecen a una sociedad inquisitorial que no ve con buenos ojos lo que podría considerar inapropiado según la edad y la posición. Además, las cuestiones financieras son una aspecto trascendental en la vida de quienes conforman esta historia, por lo que muchas decisiones están marcadas por ello. Claro que esto no impide que nuestros personajes tengan sentimientos, y estos oscilan entre la codicia, la compasión, la admiración, la amistad y el amor.


     «Algunos hombres que no consiguen engañar a nadie terminan a veces por tener éxito en engañarse a sí mismos».


     En lo que respecta a la protagonista, Margaret captó toda mi atención en el momento en que Trollope afirma que no es especialmente guapa, brillante ni graciosa. Toda protagonista debe tener algo que atrape al lector y haga que este desee acompañarla en su periplo vital, así que me quedé pegada al libro para tratar de averiguar cuáles eran esas cualidades y, efectivamente, están ahí. Margaret es una mujer que se hace a sí misma, que oscila entre  un cierto conformismo que nunca la deja satisfecha y la esperanza de alcanzar algo más, muy valiente en algunas de sus decisiones a pesar de una existencia anodina que desea romper. A veces, un rasgo concreto de su personalidad conseguía ponerme nerviosa, pero luego lograba sorprenderme del modo contrario. Creo que es una protagonista que hace reaccionar al lector; podemos disgustarnos con ella o aplaudir algunas de sus reacciones. Sea como sea, es inevitable querer que le salgan las cosas bien.

     Otro aspecto llamativo es el que tiene que ver con los pretendientes. Aquí no puedo decir mucho más, pero no esperéis un Fitzwilliam Darcy o un John Thornton. Con todo, conforme avanza la historia van suscitando mayor interés, pues se descubren las cartas que juega cada uno y, finalmente, sorprende saber cómo evolucionan, en especial dos de ellos.


     Los secundarios son pocos y su función es simplemente influir en la vida de Margaret de un modo u otro. Por sí mismos no tienen el mayor interés, pero son necesarios para la evolución de nuestra protagonista.

     Trollope escribe con muchísima sencillez; va al grano, pero sin perder el buen sentido estético de la mayor parte de los autores clásicos. En ese aspecto me ha parecido una obra muy asequible para quien quiera iniciarse en la lectura de la novela inglesa decimonónica, si bien se debe tener en consideración lo que ya dije antes: la trama principal es la unica y la protagonista lo es en exclusiva. Es destacable, asimismo, encontrar a veces que el propio autor deja caer una opinión personal, pero tal es su gracejo al hacerlo que esta práctica no molesta en absoluto; más bien al contrario.

     Además de lo ya comentado, es un libro que se adapta muy bien a cualquier época del año. Parece que el invierno es el período que más invita a leer clásicos, mientras que el verano hace lo propio con la literatura "de piscina", pero os garantizo que La señorita Mackenzie es también una buena compañera estival. 


Puntuación: 3 (sobre 5)

Cambios debidos al RGPD

19/05/2018
 
    Muchos de vosotros ya os habéis enterado de los cambios a los que nos obliga el nuevo Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, pero considero oportuno dar algunas explicaciones acerca de las modificaciones que he tenido que realizar en mi blog a tenor de la dichosa normativa.

    Cualquier contenido que se almacene en una web o en un blog sobre los visitantes que accedan podrá conllevar una sanción por considerarse una infracción, ya que a partir de ahora hay que informar de ello a los usuarios y solicitar su aprobación para recabar datos.

    Los blogs pequeños también se ven afectados, puesto que aunque no queramos ni necesitemos para nada ningún dato de las personas que nos visitan, las suscripciones, las encuestas, las listas de seguidores y los comentarios son una forma de almacenamiento. 

    Por ese motivo, todo ello ha desaparecido de mi blog. A partir de ahora no existe la posibilidad de ponerse en contacto conmigo de ninguna manera a través de esta página. Como es lógico, seguiré interactuando en Twitter, donde podréis decirme lo que queráis. Espero que todo esto sea suficiente y no me sienta empujada a eliminar el blog.

    El último día para adaptarse al reglamento es el 25 de mayo de 2018. Quienes quieran seguir conservando seguidores y comentarios deben adaptarse a él de otra manera, por lo que os insto a que busquéis información para poder elegir como os resulte más conveniente.

    Como ahora mismo existe un desconocimiento general sobre el asunto, yo he optado por lo que he comentado más arriba. Veremos qué sucede cuando pase el tiempo.


Pollyanna / Pollyanna crece

17/12/2017

    Pollyanna se publicó por primera vez en 1913 y ese mismo año ocupó el octavo lugar entre las novelas más vendidas en los Estados Unidos. Fue escalando posiciones hasta que el año siguiente llegó al segundo puesto. En muy poco tiempo conoció numerosas ediciones y su éxito hizo que Eleanor H. Porter lanzara la secuela Pollyanna crece en 1915.

    Existen, al menos, cinco adaptaciones cinematográficas y televisivas, incluyendo una serie de animación.

    En España, los dos libros están publicados por Toromítico. El primero, con 204 páginas, cuesta 15 euros, mientras que el segundo, con 246, está a la venta por 17 euros.

¿De qué va?:

     Pollyanna: Polly Harrington vive una vida tranquila y ordenada con una situación económica envidiable. Sin embargo, se la considera una solterona con un carácter agrio y estricto. Lo último que esperaba era tener que hacerse cargo de un niño, lo que sucede cuando su sobrina Pollyanna se queda huérfana. La chiquilla es distinta de como todos habían imaginado, puesto que, a pesar de las penalidades de su vida, trae consigo el juego de la alegría y con él logra darle la vuelta a la vida de todos cuantos la conocen. No obstante, Pollyanna no siempre va a tenerlo tan fácil para mantener su filosofía.

    Pollyanna crece: en Boston, Ruth Carew vive completamente sumida en la tristeza desde que su sobrino desapareció cuando era aún un niño. Su hermana Della, que conoció a Pollyanna, la invita a pasar una temporada con Ruth para tratar de animarla. Allí, la chiquilla se adentra en un mundo de injusticias y se encariña con personas de muy distinta condición. Eso va a poner a prueba su corazón, especialmente cuando vaya creciendo y el amor entre en juego.


¿Qué opino yo? (Sin destripes):

    Pollyanna es un libro muy especial: no deja de ser una novela infantil, pero se puede sacar más provecho de ella cuando quien la lee es adulto. El motivo es muy simple, y es que, salvo excepciones, los niños no han tenido tiempo para experimentar los amargos sinsabores que la vida trae consigo y no han perdido su capacidad innata para dejar de lado los aspectos negativos de su día a día y centrarse en los positivos, sin mirar más lejos, sólo viviendo el presente. 

    Este delicioso libro es una inyección de filosofía positiva. Puede que, sin pretenderlo, a alguien le sirva como manual de autoayuda. Todo su mensaje es muy sencillo: vivir puede doler, pero a veces nos encerramos en ese dolor y perdemos de vista lo que tiene la capacidad de sanar nuestro corazón. Todo es dualidad, cuando hay algo malo, también hay algo bueno. Cambiemos nuestro foco. 


    «Por lo general siempre hay algo por lo que alegrarse si se sigue buscando el tiempo suficiente como para encontrarlo».


    Eso es lo que hace Pollyanna y lo hace de una forma muy sencilla, como un juego, sin ser pedante ni marisabidilla. Para ella es algo muy natural y lo va transmitiendo a las personas que la rodean. 

    Lo mejor de Pollyanna no es sólo que tenga ese truco para sí misma, sino que lo comparta con los demás y que desee verlos tan felices como lo es ella misma. Su gran corazón le va granjeando la amistad de muchas personas que acaban siendo un parte importante de la trama en los dos libros que conforman esta historia. 


«Respirar solamente no es vivir»


    En el primer libro he echado de menos la aparición de más niños. Con la sola excepción de Jimmy, el mundo de Pollyanna está lleno de adultos. En ese sentido me ha parecido superior Pollyanna crece, puesto que en Boston la protagonista conoce a Jamie y a Jerry. También hay otra jovencita de cuya vida me hubiera gustado saber más: Sadie Dean. Para ninguno de ellos las cosas han sido fáciles y eso le da otorga más carácter y profundidad a lo que se nos cuenta. De hecho, creo que si la autora hubiese dicho algo más de algunos de ellos, podrían ser más interesantes que la propia Pollyanna, ya que se adivina en estos chicos una complejidad de la que la ella carece. Pollyanna es encantadora, pero apenas tiene matices, especialmente en su etapa adulta. 

    La autora intenta dar un trasfondo a todos los personajes, pero lo hace con muchísima sencillez, de manera que, sea quien sea el que se acerque a estas novelas, no tenga ningún problema en captar las inquietudes que los dominan y han marcado su existencia. 

    Eleanor H. Porter recoge en los dos títulos distintas injusticias sociales, enfermedades, asuntos espinosos del corazón… En el segundo incluso se alude sutilmente a la caída en desgracia de las mujeres por falta de liquidez económica y de medios para buscarse la vida de forma honrada. Como veis, son asuntos bastante serios, pero el tono que recorre todo el texto es siempre de optimismo. A todo el mundo se le da una oportunidad, y me encanta eso, me encanta pensar que podría ser así, que pase lo que pase, todas las personas tienen su oportunidad de salir adelante y de experimentar más momentos felices que de amargura.


    «Tienes que vivir minuto a minuto, Ruth, ¡y es que todo el mundo puede soportar cualquier cosa durante un minuto, por mala que sea!»


    En la primera novela, la protagonista es una niña hasta el final y su historia se desarrolla en un pequeño pueblo en el que los vecinos se conocen entre sí y los cotilleos son habituales, como también, las visitas a los demás. En la segunda, Pollyanna sigue siendo muy jovencita al principio, pero hacia la mitad hay un salto temporal y la vemos hecha ya toda una señorita. Ahí es cuando comienzan los problemas amorosos para ella, pero ni ocupan gran parte de la trama ni son empalagosos en exceso. 

    Pollyanna, aunque no está exento de duras pruebas para los personajes, no es tan rico y variado como Pollyanna crece, donde los conflictos se complican más y los secundarios son más heterogéneos, además de ser menos mucho infantil. El hecho de que una parte del libro transcurra en una gran ciudad da la oportunidad de observar una forma de vida distinta, más individualista, donde las diferencias entre unos y otros se acentúan y donde es más difícil encontrar una mano amiga. 

    En cuanto a la forma de narrar de Eleanor H. Porter, me ha faltado algo más de madurez en su prosa. Su pluma está muy desnuda: cuenta lo que quiere contar de la forma más llana posible, desprovista de cualquier adorno. Va al grano, con frases cortas y un vocabulario casi elemental. 

    La edición de Toromítico trae unas ilustraciones preciosas y un mapa de Littleton, el pueblecito de Nueva Hamphire donde nació la autora. Lamentablemente, la cantidad de errores ortotipográficos es muy elevada, como ocurre también en la saga de Ana, la de Tejas Verdes. Si la editorial cuidara más esta cuestión, sus ediciones serían perfectas. 

    En resumen, estas dos encantadoras novelas suponen una lectura deleitosa y se pueden sumar a esos privilegiados títulos que resultan ser un bálsamo para el alma. Pocas medicinas hay mejores que una buena lectura. 

Puntuación: 3'5 (sobre 5)

El gran día de la señorita Pettigrew

17/09/2017

     El gran día de la señorita Pettigrew fue la tercera novela de Winifred Watson. Aunque en un primer momento fue rechazada, finalmente se publicó por primera vez en 1937 y tuvo un gran éxito en Gran Bretaña, Australia y Estados Unidos. El inicio de la Segunda Guerra Mundial impidió que siguiera adelante el proyecto de hacer una película musical.

     Con el transcurso de los años, en 2001, la novela se adaptó para la BBC 4. En 2008 fue llevada, por fin, al cine.

     En España está publicada por Espasa, que decidió cambiar la portada cuando se estrenó el filme para poner una imagen del mismo. Actualmente es difícil de encontrar en librerías, pero no está descatalogada, puesto que aparece en la página de la editorial por 5'95 euros. Consta  de 276 páginas.

¿De qué va?: 

     Guinevere Pettigrew no tiene suerte en la vida. Es una mujer de mediana edad que vive sola en la Inglaterra de los años 30 y se busca la vida como institutriz, aunque no se le dé muy bien. Por error, en la agencia de contratación la envían a casa de una estrella floreciente, Delysia Lafosse, que no tiene hijos y lleva una vida muy diferente de aquella a la que está acostumbrada Guinevere. No obstante, Delysia sí necesita ayuda, pues sus costumbres la han metido en un caos del que no sabe cómo salir y, por ello, Guinevere se ve envuelta en algo que jamás hubiera esperado.


¿Qué opino yo? (Sin destripes): 

    No sé por qué este libro no es más famoso. Reconozco que yo misma llegué a él a través de la película. Si no se hubiera llevado la historia al cine, a lo mejor ni me habría enterado de su existencia, y es una pena, porque es una novelita que consigue que el lector se lo pase muy bien.

    Para empezar, no sólo tiene una trama entretenida, sino que cuenta con la gran baza de que sus personajes son muy carismáticos. De hecho, en realidad es más una novela de personajes que otra cosa, ya que sus reacciones, pensamientos y los diálogos chispeantes están por encima del camino que toma el propio argumento. La verdad es que es una novela un poco alocada en la que, como le pasa a la misma señorita Pettigrew, uno nunca sabe qué es lo siguiente que puede pasar, y eso que no hay muchos cambios de escenario. La mitad del libro transcurre en el apartamento de una de las dos protagonistas, la imprevisible Delysia Lafosse. Sin embargo, hay una vorágine de acontecimientos, de entrar y salir de personajes muy variopintos que obligan a la señorita Pettigrew a echar mano de recursos insospechados hasta para ella, algunos con consecuencias muy divertidas. Al final, uno se acaba encariñando con Guinevere. 


    «Hay algo que me parece fatal: compadecerme de mí misma. Sólo sirve para empeorar las cosas».


    Pese a que no se alude de forma explícita a los estragos de la guerra, se reflejan con claridad las características del período de entreguerras. Por un lado, el derroche de lujos, fiestas y pasiones de parte de la sociedad y, por otro, la escasez y dificultades de los que, con menos suerte, continuaron con casi nada entre sus manos. Delysia y Guinevere representan los dos mundos y ver cómo se adapta esta última a ese ambiente de excesos conduce a momentos risibles, a otros llenos de sarcasmo y, a veces, con su actitud, al patetismo. Hay toda una paleta de sentimientos, pero predomina el optimismo

    Diría que este título se puede encuadrar dentro de esa corriente que ahora se llama feel good, aunque el romance no es importante. De hecho, la relación de Delysia con los hombres pretende estar enfocada en clave de humor y es, precisamente, el desencadenante de la mayoría de los líos. 


    «¡No lleva maquillaje! ¿Por qué? Es indecente andar por ahí desnuda».


    La señorita Pettigrew procede de un ambiente de estrecheces y férreas restricciones morales. Sus principios, o más bien los que le han inculcado por fuerza, chocan de lleno con la vida bohemia de Delysia, sus amantes y sus amigos. No obstante, cuando Guinevere se ve obligada a salir de su zona de confort, descubre rasgos de sí misma bastante sorprendentes. Los mejores diálogos los tiene con los hombres y cuando se ha tomado una copita de más, no sabéis lo que puede salir de ahí. 



    Si veis la película, os daréis cuenta de que el principio del libro es prácticamente calcado, pero hacia la mitad de la novela, la trama empieza a diferir bastante. Digamos que en este caso me quedo con la Guinevere del libro y algunos rasgos de la Delysia de la película, básicamente porque en ella le dan más profundidad y sí que, en su caso, se desarrolla un romance de los que a mí me gustan. Ya os digo que en el texto de Winifred Watson es todo más cómico y disparatado

    Sabéis que hay libros que apetecen más en una época concreta del año. Por ejemplo, a mí en invierno me gustan los clásicos de estilo dickensiano. Sin embargo, hay otros que parecen hechos para cualquier momento. Ese es el caso de El gran día de la señorita Pettigrew. Es muy corto, con un estilo ágil, sin tregua en los acontecimientos, y con un lenguaje que se acerca al registro coloquial, lo que lo hace muy apto para esos días de calor en los que no apetece nada denso. Por otra parte, su atmósfera british lo hace perfecto para cuando empieza a refrescar y nos apetece la ya típica opción de quedarnos en el sofá con una taza de chocolate caliente o un té. 

    En resumen, estamos principalmente ante una comedia de enredo. A veces me ha recordado incluso al teatro del absurdo español, con un no parar, pasando siempre de un acontecimiento a otro, sin descripciones que ralenticen, y con infinidad de personajes circulando por la escena, pero todo con el toque inglés. 

    Me gustaría alargarme un poco más, pero no es un libro profundo del que pueda sacar mensajes trascendentes. Es, simplemente, para reír y desconectar, y si digo algo más, corro el riesgo de contar demasiado, así que dejo la reseña aquí y prefiero que seáis vosotros quienes me digáis si lo habéis leído o si pensáis hacerlo. 

Puntuación: 3'5 (sobre 5)
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